
MADRID, 13 Feb. (EUROPA PRESS) –
En una tarea matemática sencilla como indicar cuál de dos cantidades es mayor, los niños con dificultades de aprendizaje aciertan con la misma frecuencia que sus compañeros con buenas habilidades matemáticas. Sin embargo, un nuevo estudio de Stanford Medicine (Estados Unidos) revela que sus cerebros funcionan de manera diferente, lo que arroja luz sobre las causas de sus problemas con las matemáticas.
Los hallazgos, publicados en la revista Journal of Neuroscience, indican que los niños con dificultades de aprendizaje matemático tienen menos probabilidades de resolver problemas a la velocidad adecuada o de disminuir la velocidad tras cometer errores, especialmente al trabajar con símbolos numéricos. Sus escáneres cerebrales muestran diferentes niveles de actividad en los centros implicados en la función ejecutiva, similar al control del tráfico aéreo, que permite la atención concentrada, y la detección de errores.
Nuevas Perspectivas para la Intervención Educativa
Los investigadores sugieren que estos descubrimientos apuntan a nuevas formas de ayudar a los niños con discapacidades de aprendizaje de matemáticas. «Nuestros hallazgos sugieren que las intervenciones deben centrarse no solo en el sentido numérico básico, sino también en procesos metacognitivos, como la monitorización del rendimiento», expone el doctor Vinod Menon, profesor de la Facultad de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento. «Necesitamos brindarles a estos niños retroalimentación y capacitación para desarrollar esas habilidades cognitivas», añade.
Metodología del Estudio
Durante el estudio, los niños fueron escaneados mediante imágenes por resonancia magnética funcional mientras respondían a problemas planteados de dos maneras: comparando grupos de puntos de distintos tamaños y comparando números arábigos. «Lo que descubrimos fue que los niños con discapacidad de aprendizaje matemático presentan dificultades específicas con los números simbólicos, particularmente con la actualización de su estrategia al trabajar con símbolos numéricos», agrega la coautora principal, la doctora Hyesang Chang, excientífica investigadora de Stanford Medicine. En otras palabras, tienen menos probabilidades de adaptarse después de cometer errores.
Resultados del Análisis
El estudio se centró en niños de segundo y tercer grado. De los 87 niños cuyos datos se analizaron, 34 presentaron dificultades de aprendizaje en matemáticas, lo que significa que obtuvieron una puntuación igual o inferior al percentil 25 en una prueba estándar de fluidez matemática; los otros 53 obtuvieron puntuaciones más altas, indicando una capacidad típica de aprendizaje matemático.
Definir la discapacidad de aprendizaje de matemáticas puede ser complejo. El criterio utilizado en este estudio -obtener una puntuación inferior en una prueba estándar- es bastante amplio, intencionalmente, según Menon. Esto ayuda a que los hallazgos sean aplicables a muchos niños con dificultades en matemáticas. Entre el 3% y el 7% de la población presenta una forma más severa de discapacidad de aprendizaje en matemáticas, llamada discalculia, que incluye problemas para comprender y comparar cantidades, aprender a contar, gestionar símbolos numéricos y aprender habilidades matemáticas como decir la hora.
Importancia de la Detección Temprana
Identificar tempranamente a los estudiantes con discapacidades de aprendizaje en matemáticas y proporcionar ayuda rápida y efectiva es crucial para mantener su educación en el camino correcto. «Si no te va bien, pierdes el interés y la motivación, y puedes sentirte más ansioso al resolver problemas porque sientes que no se te da bien», comentan los investigadores. «Es un ciclo de problemas que se acumulan; se convierte en un obstáculo para seguir aprendiendo».
Evaluación de Estrategias
Para el estudio, los investigadores eligieron comparar dos cantidades para evaluar las diferencias en los procesos cerebrales de los niños al trabajar con números, sin considerar sus rendimientos matemáticos. Mientras estaban en el escáner de resonancia magnética, los niños veían pares de cantidades y pulsaban un botón para indicar cuál de cada par era mayor, utilizando tanto puntos como números arábigos. Los problemas se clasificaron en fáciles (con una gran diferencia entre los números, como 7 frente a 2) o difíciles (separados por un solo número, como 6 frente a 7).
Aunque los niños con y sin dificultades de aprendizaje en matemáticas tuvieron tasas similares de respuestas correctas, los datos de sus respuestas y escáneres cerebrales revelaron diferencias significativas entre los dos grupos. Los investigadores desarrollaron un modelo computacional para evaluar factores como la cautela de los participantes al decidir qué número era mayor, tanto en problemas fáciles como difíciles, y la facilidad con la que detectaron sus propios errores.
Conclusiones del Estudio
En problemas con símbolos numéricos, los niños con habilidades matemáticas típicas disminuyeron la velocidad en las comparaciones más difíciles, mientras que los niños con dificultades de aprendizaje no ajustaron tanto su estrategia. Curiosamente, los niños con discapacidad de aprendizaje en matemáticas eran más cautelosos tras cometer un error en problemas presentados como grupos de puntos.
Los investigadores señalaron que muchos de estos niños, a menos que su discapacidad sea severa, tienen una representación normal de cantidades no simbólicas. Pueden distinguir, por ejemplo, cinco de diez puntos con bastante facilidad, pero se enfrentan a dificultades cuando se les solicita razonar y manipular símbolos numéricos.
Las exploraciones cerebrales revelaron patrones que coincidían con estos comportamientos. Al resolver problemas con símbolos numéricos, los niños con discapacidad de aprendizaje matemático mostraban menor actividad neuronal en la circunvolución frontal media, que desempeña un papel crucial en la función ejecutiva, y en la corteza cingulada anterior, responsable de la detección de errores y contribución a la toma de decisiones.
Apoyo Financiero
Los hallazgos podrían ayudar a los educadores a diseñar formas de apoyar a los estudiantes con dificultades y mejorar su desempeño en matemáticas y otros tipos de resolución de problemas. La investigación fue apoyada por subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud, la Fundación Nacional de Ciencias y las Becas de Apoyo Postdoctoral del Instituto de Investigación de Salud Materna e Infantil de Stanford.
