
Archivo – Hombre con espasmos, dormir, insomnio – ISTOCK – Archivo
MADRID, 15 Jun. (EDIZIONES) – Dormimos menos, nos acostamos más tarde, y cada vez son más las personas que se levantan con la sensación de no haber descansado lo suficiente. La evidencia científica apunta a que no se trata de una simple percepción: en poco más de un siglo hemos perdido más de una hora de sueño por noche y millones de personas viven con una privación crónica de descanso.
La luz artificial, las pantallas, la hiperconectividad, el estrés permanente, y unos horarios sociales cada vez más tardíos están alterando nuestros ritmos biológicos. Pero las consecuencias van mucho más allá del cansancio: la falta de sueño se relaciona con problemas cardiovasculares, metabólicos, cognitivos e incluso con un envejecimiento acelerado del organismo.
¿Por qué no dormimos lo que necesitamos?
Durante una entrevista con Salud Infosalus, el presidente de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (FESMES), el doctor Carlos Egea, analiza las causas de este fenómeno y ofrece las claves para combatirlo. Indica que, si se revisan los documentos científicos actuales sobre la privación de sueño, se observa que hasta 1900 se dormía en torno a más de 8 horas diarias, y a pesar de que el entorno y el estrés de la época eran superiores al actual, ahora dormimos menos de 7 horas.
«Esto está constatado por documentación reciente. No solo hemos cambiado la forma de dormir, que anteriormente era un sueño bifásico, 4 horas en 4 horas; sino que además cerca del 60% de la población española duerme menos de 7 horas», resalta este especialista.
Este fenómeno se atribuye, según el doctor Egea, a que antes no existía la luz eléctrica, lo que ha modificado la forma en que dormimos; a la industrialización que ha cambiado cómo dedicamos nuestro tiempo a dormir y a trabajar; y a la cultura de la inmediatez actual. «Estos tres factores hacen que durmamos cada vez menos, llegando a unos extremos que como raza no nos podemos permitir», advierte.
Según la Academia Americana del Sueño (AASM), la cantidad de sueño que necesita una persona varía, aunque los adultos necesitan de media entre 7 y 8 horas cada noche, los adolescentes en torno a 9 horas, y los niños pequeños 9 horas o más, dependiendo de su edad.
Un problema especial que tiene España
A esto se le suma un problema particular en España: nuestro horario es diferente del que correspondería según las horas de luz solar, lo que limita nuestras oportunidades para dormir o hacer actividades relajantes previamente. «En España, el tiempo de luz se extiende demasiado por la tarde y no nos permite dormir lo que deberíamos. Si viviéramos en el GMT adecuado, el sol se escondería a las 20:30 h, lo que nos daría una ventana de 4,5 horas para favorecer el descanso nocturno», argumenta el doctor Egea.
Además, las redes sociales han contribuido a que los adolescentes también sufran privación de sueño, una situación que afecta a los adultos hasta los 65 años. El doctor Egea subraya que no solo es la luz de las pantallas la que favorece esta privación, sino también las emociones que generan, como estar pendientes de si alguien responde a un mensaje o le da «me gusta» a una publicación.
El ritmo de vida actual y el estrés mantenido llevan a muchas personas a necesitar sustancias para mantenerse despiertas. «Cada vez son más quienes requieren estimulantes como la cafeína, y otros medicamentos para poder iniciar el sueño en condiciones, como hipnóticos y ansiolíticos», señala el doctor.
La dificultad para dormir
El doctor Egea también destaca un punto cada vez más importante: el impacto en el inicio del sueño, o la latencia no REM. «Desde que apagamos las luces y cerramos los ojos, se está incrementando el tiempo que tardamos en dormir. No es solo la hora en que comenzamos a dormir, sino el tiempo que tardamos en dormirnos, a veces conocido como ‘insomnio de inicio’, lo que provoca que haya un gran grupo con problemas de insomnio crónico», señala este especialista en Medicina del Sueño.
Se considera que el tiempo de sueño debe ser el 80% del tiempo que pasamos en la cama para que sea eficiente. «Sin embargo, el estrés y las pantallas generan una menor calidad de nuestro sueño debido al ruido ambiental y a todo lo que rodea al dormir, que ha pasado a ser considerado como tiempo perdido, por lo que no hacemos nada por recuperarlo», lamenta el doctor.
