El 93,9% de los médicos jóvenes en España afirma sufrir síntomas relacionados con el ‘burnout’, el síndrome del trabajador quemado, en al menos una de las tres dimensiones que contempla (agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal), según revela el estudio ‘Ikerburn: de la vocación al agotamiento’, elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC).
Este informe fue presentado en el Senado, donde Domingo A. Sánchez, representante nacional de médicos jóvenes y promoción de empleo de la OMC, subrayó la gravedad de la situación, indicando que «es una generación que debería tener energía, ilusión, vocación, y sin embargo, encontramos desafección, sufrimiento y, en muchos casos, desesperanza.»
Entre los 1.419 profesionales que participaron en el estudio, realizado a través de una encuesta online a médicos residentes y jóvenes que habían iniciado su Formación Sanitaria Especializada (FSE) entre 2015 y 2024, un 81,4% cumple criterios en dos de las tres dimensiones mencionadas, mientras que un 50,9% presenta ‘burnout’ completo, un estado que puede derivar en una enfermedad mental.
Niveles críticos del ‘burnout’
El estudio alerta de que el fenómeno del ‘burnout’ se encuentra «en niveles críticos» entre los médicos jóvenes. Desglosando las respuestas por cada una de las esferas medidas, el 79,4% de los encuestados presenta agotamiento emocional; el 83,7%, despersonalización; y el 63,1%, baja realización personal.
Este problema afecta a todas las especialidades y comunidades autónomas prácticamente con la misma intensidad, aunque se acentúa en las áreas quirúrgicas, donde roza el 55%. Las clínicas asistenciales y de apoyo diagnóstico y terapéutico siguen de cerca, con porcentajes que superan el 50% y 48%, respectivamente. Además, se observa que los primeros años de residencia son los más vulnerables.
Condiciones laborales desafiantes
El estudio expone las difíciles condiciones laborales a las que se enfrentan los médicos jóvenes, con un 84,7% de los encuestados asegurando que realizan guardias de 24 horas, en las que no siempre se garantiza el descanso, ya que el 43,6% indica no librar tras guardias en sábado. Aquellos que enfrentan más de cinco guardias al mes sin el descanso adecuado muestran más síntomas de ‘burnout’.
Además, las mujeres, que comprenden el 72% de los participantes en el estudio, son las más afectadas por el ‘burnout’. Las médicas presentan un 24% más de riesgo que los hombres de padecer síntomas relacionados, especialmente en el agotamiento emocional.
Impacto en la salud
En cuanto al impacto en su salud, dos de cada tres médicos jóvenes refieren tener insomnio o alteraciones del descanso; tres de cada cuatro perciben un deterioro en sus vínculos familiares, de pareja o sociales; y un 85% apunta a una afectación en su vida sexual, con menor libido.
Para afrontar estos síntomas, el 38% de los facultativos admite haber recurrido a ansiolíticos, alcohol u otras sustancias. A su vez, uno de cada cuatro ha tenido que solicitar la baja por incapacidad temporal debido al agotamiento o causas vinculadas al ‘burnout’.
Propuestas de cambio
La OMC ha impulsado desde hace varios años el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME), que busca atender a los médicos con problemas de salud mental o adicciones. Sin embargo, solo un 40% conoce esta iniciativa y apenas un 4% la ha utilizado.
El estudio no solo realiza un diagnóstico de la situación, sino que también busca alumbrar posibles soluciones, enfocadas en cambios estructurales que repercutan en la organización del trabajo en el sistema sanitario y, en particular, en la formación sanitaria especializada.
«Tenemos que repensar el sistema. Debemos garantizar descansos reales y activar la tutoría, valorando lo que nos están ofreciendo, que es el conocimiento en el ejercicio de la profesión», afirma Domingo A. Sánchez. El estudio también insta a garantizar el cumplimiento de la normativa laboral respecto a jornadas máximas, guardias y descansos.
Además, se propone potenciar el acceso a apoyo psicológico y programas de bienestar, sugiriendo la creación de un Observatorio del ‘burnout’ que permita detectar este problema de forma temprana para evitar el desarrollo de enfermedades mentales. También se insta a reforzar la tutoría y la formación para mejorar la supervisión en los primeros años de residencia.
