
MADRID, 17 Dic. (EUROPA PRESS) – A nivel mundial, unos 57 millones de personas viven con demencia, una cifra que se espera que se triplique para 2050, según señalan los investigadores. Las investigaciones han centrado principalmente en las asociaciones individuales entre la fragilidad física o la depresión y el riesgo de demencia, a pesar de que ambos comparten factores fisiológicos y patológicos.
La demencia no aparece de un día para otro
En muchos casos, la demencia se va gestando de forma lenta y casi imperceptible, mientras pequeños cambios físicos y emocionales se acumulan con el paso de los años. Lo preocupante es que algunos de estos cambios suelen normalizarse como parte inevitable del envejecimiento, cuando en realidad podrían estar enviando señales importantes.
Una enfermedad en expansión que preocupa a los expertos
La fragilidad física y la depresión concomitantes probablemente aumentan el riesgo de demencia en las personas mayores, según una investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, China. Además, se estima que la interacción de estos factores contribuye con alrededor del 17% del riesgo general de demencia, como sugieren los hallazgos de este estudio internacional publicado en la revista de acceso abierto ‘General Psychiatry’.
Para explorar la posible interacción entre estos factores respecto al riesgo de demencia en adultos mayores, los investigadores rastrearon el diagnóstico de cualquier tipo de demencia en 220.947 participantes (edad promedio: 64 años; 53% mujeres) de tres grandes grupos de estudio, incluyendo el Biobanco del Reino Unido, el Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento (ELSA) y el Estudio de Salud y Jubilación.
Evaluación de la fragilidad física y la depresión
La fragilidad física se evaluó utilizando versiones modificadas de los criterios de fragilidad de Fried, donde una persona se considera frágil si presenta tres o más de los siguientes indicadores: pérdida de peso involuntaria, agotamiento autoinformado, baja actividad física, velocidad de marcha lenta y fuerza de agarre débil. Por otro lado, la depresión se evaluó a través de respuestas a cuestionarios de salud mental o en combinación con registros de ingresos hospitalarios.
En comparación con aquellos con buena salud física, los participantes frágiles eran mayores, tenían más probabilidades de ser mujeres, pesar más, presentar más enfermedades crónicas y contar con un nivel educativo más bajo.
Durante un periodo de seguimiento promedio de casi 13 años, 9.088 personas (7.605 en el Biobanco del Reino Unido, 1.207 en el Estudio de Jubilación Saludable y 276 en el ELSA) fueron diagnosticadas con demencia de cualquier tipo.
Riesgo asociado a la fragilidad y depresión
El análisis de datos reveló que, en comparación con aquellos con buena salud física, los participantes frágiles tenían más de 2,5 veces más probabilidades de ser diagnosticados con demencia, mientras que la depresión estaba asociada con un riesgo 59% mayor.
Análisis de la relación entre cuerpo, mente y memoria
Los participantes que eran físicamente frágiles y deprimidos tenían más de tres veces más probabilidades de ser diagnosticados con demencia que aquellos con buena salud física y mental. Además, se observó una interacción significativa entre la fragilidad física y la depresión, con alrededor del 17% del riesgo general de demencia atribuible a estos dos factores combinados. “Estos resultados subrayan la compleja relación entre la fragilidad, la depresión y la función cognitiva”, escriben los investigadores.
Los investigadores sugieren que “niveles más bajos de fragilidad pueden permitir que el sistema de salud compense parcialmente la carga cognitiva de la depresión y, de manera similar, niveles más bajos de depresión pueden permitir que el sistema mitigue la carga de la fragilidad”.
Sin embargo, una vez que ambos factores superan un cierto umbral, esta capacidad compensatoria puede verse comprometida, lo que lleva a un fuerte aumento del riesgo de demencia.
Implicaciones para la prevención de la demencia
Este es un estudio observacional y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto. Los investigadores recomiendan cautela en la interpretación de los hallazgos, principalmente porque las definiciones de fragilidad física, depresión y demencia variaron entre las tres cohortes.
No obstante, concluyen: “Dado que la fragilidad física y la depresión son modificables, las intervenciones simultáneas dirigidas a estas afecciones podrían reducir significativamente el riesgo de demencia”.
