La llamada Pre-COP30 se llevará a cabo a menos de un mes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP30), que tendrá como sede la ciudad de Belém, en la Amazonía brasileña, a partir del próximo 10 de noviembre. Según la Presidencia brasileña de la COP30, en Brasilia estarán presentes delegaciones de unos 50 de los 162 países que ya se han acreditado para la cumbre de Belém. La intención de la Pre-COP30, que concluirá el martes, es desatar los nudos que persisten en las negociaciones, que son los mismos que traban las discusiones desde hace décadas.
Uno de los principales desafíos a abordar es cómo financiar el combate al cambio climático y la transición energética en los países más pobres, que atesoran enormes reservas naturales pero no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar el calentamiento global. A diez años del Acuerdo de París, los compromisos de financiación asumidos por los países más desarrollados aún no han sido totalmente cumplidos y la actual crisis del sistema multilateral surge como un nuevo obstáculo.
La ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, una ecologista respetada globalmente, ha afirmado que la COP30 llega en un momento «geopolítico complejo», donde la cooperación climática y la gobernanza global están en riesgo. «Todavía no logramos los resultados que se buscan» ni que «lo decidido en las cumbres climáticas se cumpla», declaró en una velada crítica a los países más desarrollados.
En la COP29, celebrada en 2024 en Bakú, se acordó que los países más ricos aportarían 300.000 millones de dólares anuales, tres veces más de lo aprobado hasta entonces, pero un año después, ese compromiso no se ha cumplido, según admite la propia ONU.
Brasil coge el testigo, pero con pasos todavía insuficientes
Brasil, como organizador de la COP30, ha mostrado su disposición a colaborar y este mismo mes anunció, en el marco de la Asamblea General de la ONU, la creación del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF). Según el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, la intención es captar unos 125.000 millones de dólares entre gobiernos e inversores privados, que serán reinvertidos en bonos soberanos o títulos de grandes empresas.
El fondo generaría un retorno de 4.000 millones de dólares anuales, que se distribuirían entre los países tropicales que mantengan en pie sus selvas. El Gobierno brasileño se ha anticipado con una primera contribución de 1.000 millones de dólares para constituir el fondo.
“Es una iniciativa muy concreta y esperamos que haya compromisos políticos igual de concretos en la COP30”, manifestó el secretario de Medio Ambiente de la cancillería brasileña, Mauricio Lyrio. Aun así, reconoció que con ese fondo no basta y que “es crucial honrar los compromisos de Bakú”. En la misma línea se pronunció el presidente de la COP30, el diplomático brasileño André Corrêa do Lago, quien señaló que “hay una frustración considerable de los países en desarrollo” y que es vital “restituir la confianza”.
LA COP “de la verdad” para conocer el compromiso real de los países
Lula ha afirmado en múltiples ocasiones que la cumbre de Belém será “la COP de la verdad”, donde el mundo tendrá que demostrar “si realmente está comprometido” con la reducción de las emisiones contaminantes. Sin embargo, aunque existía un plazo inicial hasta febrero pasado, hasta hoy solo 62 países han presentado sus metas medioambientales, conocidas por las siglas NDC, que sirven como un termómetro para medir el grado de compromiso en la lucha contra el cambio climático.
A pesar de ello, la Presidencia brasileña de la COP30 mantiene cierto optimismo y sostiene que, según la ONU, otros sesenta países entregarán sus objetivos antes de la cumbre de Belém. Estas demoras se agravan con los efectos del negacionismo del actual Gobierno de Estados Unidos, presidido por Donald Trump, quien se ha retirado del Acuerdo de París y considera las advertencias sobre el calentamiento global como una «estafa climática».
Si la COP30 de Belém quiere dejar huella, tendrá que traducir los compromisos financieros en desembolsos concretos, transparentes y accesibles, especialmente para los países más vulnerables. Es fundamental no solo fijar cifras, sino garantizar que esos recursos lleguen, que las políticas locales se alineen y que exista una voluntad política firme para implementarlas.
