MADRID, 24 Nov. (EUROPA PRESS) – El Museo del Prado reivindica en la exposición ‘Antonio Raphael Mengs (1728-1779)’ a un artista «tan influyente como olvidado», que llegó a ser pintor de la corte del rey Carlos III, según indicaron los comisarios de la muestra, Andrés Úbeda y Javier Jordán de Urríes, en la presentación a los medios.
El comisario Úbeda –jefe de Colección de Pintura del siglo XVIII y Goya en el museo– ha resaltado que «habitualmente las exposiciones monográficas se realizan de artistas que ya son suficientemente conocidos, pero Mengs ha caído, para muchos, en el olvido», a pesar de haber sido una de las figuras más influyentes del siglo XVIII y de los más celebrados durante su vida.
Mengs fue clave en el nacimiento del Neoclasicismo y la muestra ofrece una revisión profunda de su obra, pensamiento y legado, en diálogo con los grandes maestros del pasado. Según Úbeda, el olvido de Mengs podría atribuirse a su «personalidad tormentosa, que no permitía una relación fácil» o al hecho de que «causó heridas muy profundas entre los críticos» al criticar a artistas como Velázquez por su mal entendimiento del «concepto universal de la belleza».
Detalles de la Exposición
La exposición, en colaboración con la Fundación BBVA, podrá visitarse hasta el 1 de marzo de 2026. Reúne 159 obras, de las cuales 64 son pinturas, 40 libros, 14 artes decorativas y 81 dibujos, grabados y estudios sobre papel. Esto permite explorar tanto su faceta como pintor de cámara y muralista, como su dimensión intelectual y teórica. Las piezas proceden de 25 instituciones internacionales, 9 españolas y 10 colecciones particulares.
Asimismo, la exposición ha dado lugar a la publicación de un catálogo en el que, junto a Patrimonio Nacional, se ha descifrado la técnica del artista, que logró que el fresco tuviera la opacidad de un óleo, una pintura «revolucionaria» que recuperó un marco pictórico y el paradigma de la belleza clásica, explorado en sus viajes a Grecia.
Repaso a su Trayectoria desde sus Inicios
Jordán de Urríes y de la Colina, conservador de pintura del siglo XVIII de Patrimonio Nacional, ha explicado que el recorrido se subdivide en diez bloques, desde los inicios de Mengs bajo la enseñanza de su estricto padre, pintor de las cortes de Dresde, hasta su legado en artistas como Andrés Caloba. En este camino se recuperan obras que, a pesar de ir juntas, no habían sido emparejadas desde su creación, como los dibujos y los retratos de los infantes de Toscana.
La exposición también pretende reivindicar la habilidad del dibujo de Mengs, ya sean sus bosquejos, ensayos de composición o estudios de luz y de ropaje, como reflejo de su obsesión por la perfección. Según Úbeda, «él decía que una obra nunca se termina, por lo que contaba y repasaba sus obras hasta la desesperación».
Entre las secciones se encuentra ‘El permanente reto a Rafael’, donde se analiza la emulación consciente del maestro de Urbino, presente en obras como ‘La Lamentación sobre Cristo muerto’, en diálogo con ‘El Pasmo de Sicilia de Rafael’. Las secciones dedicadas a Roma muestran el impacto de la ciudad en su obra, tanto como capital espiritual como depósito de la civilización clásica.
La exposición también aborda su relación con el arqueólogo Johann Joachim Winckelmann en la sección ‘El final de su relación con Winckelmann’, que narra la historia de una amistad traicionada a raíz de la falsificación del fresco Júpiter y Ganimedes. En ‘Mengs, pintor filósofo’, se explora su faceta teórica y se analiza la recepción crítica de su obra tras su muerte.
El mecenazgo de Carlos III ocupa un lugar central en la muestra, con secciones como ‘Pintor de Su Majestad Católica y de la corte de Madrid’, que reúne retratos de la familia real y figuras de la España ilustrada, y ‘Las grandes obras: la pintura mural’, donde se destaca su maestría en la decoración de grandes superficies. La sección ‘Mengs, intérprete de la nueva devoción ilustrada’ resalta su contribución a la pintura religiosa, influenciada por Rafael, Correggio, Guido Reni y Velázquez.
Finalmente, ‘El legado de Mengs’ examina cómo su figura se proyectó en generaciones posteriores, influyendo en artistas como Antonio Canova y Francisco de Goya.
