MADRID, 20 Nov. (EDIZIONES) – El cáncer de páncreas ha duplicado su incidencia en 25 años y se prevé que en 2030 sea la segunda causa de muerte por cáncer. Su detección precoz es complicada: la mayor parte de los casos aparecen sin síntomas claros, y los diagnósticos suelen hacerse en fases avanzadas. Dolor abdominal que irradia a la espalda, ictericia, pérdida de peso inexplicable o una diabetes reciente pueden ser señales clave que no deben ignorarse.
Un análisis desde el MD Anderson Cancer Center Madrid
José Ignacio Martín Valadés, jefe de Sección de Tumores digestivos del MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten, explica en una entrevista con Infosalus por qué este tumor es tan agresivo, cómo han evolucionado los tratamientos, y qué avances se investigan para mejorar la supervivencia de los pacientes.
“En los últimos 25 años se ha duplicado la incidencia del cáncer de páncreas y se estima que en 2030 constituya la segunda causa de muerte por cáncer. El aumento de esta incidencia es un fenómeno multifactorial, atribuido a la combinación de factores de riesgo tanto modificables como no modificables, así como a una mejor detección y a los avances diagnósticos”, describe el especialista.
Factores que favorecen el cáncer de páncreas
En cuanto a los factores no modificables, Martín Valadés menciona que esta observación probablemente esté relacionada con el envejecimiento de la población, ya que es un tumor que frecuentemente se diagnostica en personas mayores de 60 años. Sin embargo, también se ha observado un aumento en la incidencia entre pacientes jóvenes, atribuida a componentes del estilo de vida y a una predisposición genética.
Respecto a los factores de riesgo modificables, el especialista subraya que el tabaco es el principal responsable, siendo culpable de un 25-30% de los casos de cáncer de páncreas. A este se suman otros factores que, según el doctor, también podrían influir en el desarrollo de esta enfermedad:
- Obesidad y sedentarismo: El sobrepeso y la falta de actividad física aumentan el riesgo de manera significativa, incrementándolo entre un 20 y un 60% en comparación con la población general.
- Diabetes tipo 2: Especialmente la de larga evolución y mal controlada, se asocia a un mayor riesgo. La obesidad fomenta estados inflamatorios y resistencia a la insulina, factores vinculados a la carcinogénesis.
- Pancreatitis crónica: Incrementa considerablemente el riesgo de cáncer, especialmente si se asocia al consumo de alcohol o tabaco.
- Factores genéticos y antecedentes familiares: Aunque la mayoría de casos son esporádicos, cerca del 10% tiene una base hereditaria; de hecho, tener familiares de primer grado con cáncer de páncreas aumenta el riesgo.
- Dieta poco saludable: Una alimentación rica en grasas, azúcares y carnes procesadas, y baja en frutas y verduras, contribuye al aumento del riesgo.
- Consumo excesivo de alcohol: El consumo elevado y crónico de alcohol, en combinación con otros factores como el tabaquismo, también incrementa el riesgo.
Es difícil su detección precoz
En este contexto, el doctor Martín Valadés explica que la ausencia de síntomas específicos y la falta de pruebas de cribado en la población general complican la detección temprana del cáncer de páncreas. “Aproximadamente, la mitad de los pacientes presentan ya metástasis en el momento del diagnóstico, un 30% tiene una enfermedad avanzada localmente, y sólo alrededor de un 20% de los pacientes se diagnostican como enfermedad localizada susceptible de tratamiento quirúrgico”, detalla.
Los síntomas relacionados con el cáncer de páncreas son, en general, vagos e inespecíficos y a menudo pueden confundirse con otras enfermedades. Cuando el tumor se localiza en la cabeza del páncreas, puede condicionar una obstrucción de la vía biliar, provocando ictericia (color amarillento de la piel), orina de color oscuro y heces blanquecinas.
Otros síntomas que pueden aparecer en los pacientes son: dolor abdominal que se irradia hacia la espalda o en cinturón; pérdida de apetito y peso sin causa aparente; saciedad precoz; digestiones pesadas; diarrea. “En ocasiones, este cáncer puede diagnosticarse por complicaciones asociadas, como pancreatitis aguda, trombosis o diabetes de reciente diagnóstico”, añade el experto de MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten.
Tratamientos actuales, ¿dónde estamos hoy?
Finalmente, el especialista señala que el tratamiento del cáncer de páncreas debe ser «multidisciplinar», con la participación de expertos en diversas áreas como aparato digestivo, radiología, anatomía patológica, cirugía, oncología médica, oncología radioterápica y nutrición.
El tratamiento varía según la fase del tumor:
- Tumores localizados susceptibles de ser extirpados quirúrgicamente: La cirugías se complementan con quimioterapia para disminuir el riesgo de recaída; si el tumor está localizado pero la invasión de estructuras y órganos cercanos impide la cirugía, se administrará primero quimioterapia (neoadyuvante) para reducir el tamaño tumoral antes de operar.
- Tumores localmente avanzados en los que no es posible la cirugía: Se tratan con quimioterapia, a veces complementada con radioterapia para lograr un control local del tumor.
- Tumores con metástasis en otros órganos: El tratamiento base es la quimioterapia sistémica, y puede incluir tratamientos dirigidos para aproximadamente un 5% de los pacientes con mutaciones germinales en BRCA; se están desarrollando fármacos para ciertas mutaciones de KRAS presentes en más del 90% de los cánceres de páncreas.
“En los pacientes con cáncer de páncreas, tan importante como el tratamiento oncológico es el tratamiento de soporte para mejorar su calidad de vida; esto incluye el manejo del dolor, soporte nutricional y la atención de complicaciones frecuentes como la trombosis”, concluye Martín Valadés.
La resistencia del cáncer de páncreas a la inmunoterapia
Al abordar la resistencia del adenocarcinoma pancreático a la inmunoterapia, Martín Valadés subraya que se debe a la compleja interacción del microambiente tumoral, relacionado con la inmunosupresión, así como a mecanismos de escape antigénico y alteraciones de la función de las células T.
“Esto dificulta la eficacia de los tratamientos de inmunoterapia actuales y exige el desarrollo de nuevas estrategias dirigidas o combinadas. Estas se encuentran en desarrollo y están disponibles en ensayos clínicos, y se basan en el uso de vacunas y terapia celular, así como en terapias dirigidas frente al microambiente estromal tumoral y la combinación de inhibidores de puntos de control inmunológico con agentes que modulan el entorno inmunológico tumoral”, concluye.
