El viernes 19 de diciembre llega a los cines ‘Avatar: Fuego y ceniza’, tercera entrega de la taquillera saga creada por James Cameron. Esta nueva entrega retoma la historia de Pandora y sus habitantes tras la muerte de Neteyam, el primogénito de la familia Sully. A partir de esta pérdida, el largometraje plantea un relato atravesado por diferentes formas de duelo que, según sus protagonistas, reivindica la necesidad de que «bajemos las armas» y advierte que «la muerte solo trae más muerte» y que la guerra causa «terribles traumas».
En una reciente entrevista, Bailey Bass, que en el filme interpreta a Tsireya, la hija de los líderes del clan Metkayina, señala: «Cuando ves ‘Avatar: Fuego y ceniza’ te das cuenta de que la única manera en la que de verdad estaremos todos bien es si bajamos las armas y dialogamos». La actriz espera que «esta película anime a la gente a tener esas conversaciones difíciles», insistiendo en que, de lo contrario, como sucede en Pandora, «la destrucción sacude todo el mundo y la vida se pone patas arriba».
Trinity Bliss, quien encarna a Tuk, la hija menor de Jake y Neytiri, resume el mensaje de su compañera advirtiendo que «la muerte solo trae más muerte». La intérprete explica que ‘Fuego y ceniza’ «trabaja mucho con los temas del duelo y muestra a personajes de distintas edades y culturas enfrentándose de diversas formas a él». Bliss considera que «mucha gente se va a sentir identificada» en cómo los protagonistas intentan mantener unida a la familia y superar el conflicto.
Stephen Lang, que regresa como Quaritch, el antagonista de la saga desde 2009, incide que el deceso de Neteyam convierte a Jake Sully en «un hombre completamente traumatizado». El actor concreta que es un «gran y terrible trauma provocado por la guerra y la muerte». Por su parte, Sam Worthington asegura que, como consecuencia, Jake confunde «la responsabilidad que tiene hacia sus hijos» con la obligación de tratarlos con severidad, pues «ve en Lo’ak un reflejo suyo y quiere protegerlo de una matanza»: «Perdió a un hijo por la guerra y no quiere que el otro recorra ese mismo camino».
Lang considera que Quaritch también arrastra un profundo dolor, pero, a diferencia de Jake, que convierte Pandora en «una terapia sanadora», el villano es «un cabronazo completamente trastornado que vive del trauma», alimentándose de su propia negatividad y celebrando sus heridas. Para Worthington, el contraste entre ambos personajes es una muestra de que «estos dos tipos se vuelven más humanos cuanto más tiempo viven en un cuerpo Na’vi».
Rebeldeía Juvenil
«A veces, para hacer justicia tienes que provocar un cambio. Y eso no va a parecerse a lo que hicieron nuestros padres o la gente mayor que nosotros. Ahí es donde nace el conflicto», asegura Bass. Agrega que ‘Avatar: Fuego y ceniza’ desplaza buena parte de la tensión dramática a la brecha generacional entre padres e hijos. Bliss desvela que la cinta representa este choque con adultos que «dejan atrás y a salvo» a jóvenes que «quieren estar en el frente luchando por la gente que aman».
Bass añade que este conflicto generacional no se reduce únicamente a decidir si se actúa o no, sino a la capacidad de perdonar y aceptar nuevas realidades frente a las establecidas en la sociedad. La intérprete sostiene que, igual que sus personajes cuestionan el destierro del tulkun Payakan, «la generación joven puede ser mucho más abierta que la anterior»: «Para mí, la cuestión es cómo creamos inclusión, pero cuando la generación adulta no quiere colaborar se genera la fricción».
No obstante, Jack Champion, que da vida a Spider, el joven humano que vive con los Na’vi, considera que desafiar las normas puede atender a cuestiones de privilegio y recuerda que su personaje «no siente que tenga autoridad para ello» porque ciertos Na’vi tienen prejuicios con su especie. «Solo quiere formar parte de la familia y que no le echen», apunta.
Champion opina que «la guerra derriba muchas barreras antiguas» y puede ocasionar el cambio, idea que ejemplifica con dos especies de ‘Avatar’ que tienen tradiciones muy arraigadas: «Los Metkayina no tenían demasiada esperanza en convencer a los tulkun para luchar, pero la guerra acaba causándolo». Sin embargo, el intérprete también advierte que las situaciones extremas no solo provocan la bondad en las personas y que «el conflicto puede empujar a una nueva generación hacia lo mejor o hacia lo peor».
