
MADRID, 6 de mayo – ¿Es siempre mejor tener menos de 50 pulsaciones por minuto? Un macroestudio del Imperial College de Londres, presentado en la Conferencia de la Organización Europea de Ictus 2026, ha puesto en tela de juicio este mito. Tras analizar a 460.000 personas, los científicos han detectado que tanto el ritmo cardíaco muy lento como el muy acelerado disparan hasta un 45% el riesgo de sufrir un ictus.
La «curva en U»: el rango de pulsaciones que protege tu cerebro
Un nuevo estudio del Imperial College de Londres, presentado en la misma conferencia (ESOC 2026 en Maastricht, Países Bajos), sugiere que tanto las frecuencias cardíacas en reposo muy bajas como las muy altas están asociadas a un mayor riesgo de ictus.
Este estudio, el más grande del que se tiene constancia en relación a esta temática, cuestiona la idea de que un ritmo cardíaco más bajo siempre es un signo de buena salud cardiovascular sin riesgos asociados.
En un análisis del Biobanco del Reino Unido, los investigadores hicieron un seguimiento a 460.000 participantes durante un promedio de 14 años, donde se documentaron 12.290 accidentes cerebrovasculares. Los análisis se ajustaron según factores como la edad, el sexo y otros riesgos cardiovasculares, incluida la fibrilación auricular, que produce latidos cardíacos desiguales y es una de las principales causantes de ictus.
Los resultados indican que el riesgo de ictus es menor para quienes tienen una frecuencia cardíaca en reposo de entre 60 y 69 latidos por minuto (lpm). Sin embargo, este riesgo aumenta en ambos extremos: por debajo de 50 lpm y por encima de 90 lpm, formando un claro patrón en forma de U. En los extremos, el riesgo se incrementó un 25% en quienes exhiben frecuencias cardíacas muy bajas y un 45% en quienes tienen frecuencias muy altas.
Una señal de alerta sencilla que puedes medir en casa
Es importante destacar que, en la población general, esta relación se mantuvo incluso tras ajustar por factores de riesgo establecidos como la hipertensión, la diabetes y la fibrilación auricular, sugiriendo así que podría reflejar una señal biológica genuina.
Sin embargo, al analizar a los participantes de manera individual, este patrón solo se detectó en individuos sin fibrilación auricular, mientras que en aquellos que la padecían la relación no era tan clara.
El Dr. Dexter Penn, autor principal del estudio y miembro del Departamento de Ciencias del Cerebro en el Imperial College de Londres, explicó: «Esto se debe probablemente a que la fibrilación auricular es un factor de riesgo tan significativo para el ictus que aumenta su probabilidad casi cinco veces, limitando nuestra capacidad para detectar el efecto de la frecuencia cardíaca». Estas observaciones hacen que la frecuencia cardíaca sea más informativa en personas sin esa afección, donde puede constituir una herramienta valiosa para identificar y estratificar el riesgo de ictus.
Los investigadores también estudiaron los mecanismos subyacentes a la relación entre la frecuencia cardíaca y el ictus. Encontraron que las frecuencias cardíacas muy bajas se asociaron principalmente con el ictus isquémico, lo que sugiere que podrían estar ligadas a un menor flujo sanguíneo al cerebro como resultado de una fase de relajación prolongada entre latidos.
Por el contrario, las frecuencias cardíacas altas se correlacionaron tanto con ictus isquémicos como hemorrágicos, lo que podría indicar un mayor estrés en las paredes de los vasos sanguíneos, contribuyendo tanto a la lesión isquémica como a una mayor predisposición a hemorragias.
En relación con las implicaciones clínicas de estos hallazgos, el profesor Alastair Webb, coautor del estudio, señaló: «La frecuencia cardíaca en reposo es una medida simple y accesible que merece más atención en la evaluación del riesgo cardiovascular, especialmente en personas sin fibrilación auricular. Se requiere más investigación para comprender por qué tanto las frecuencias cardíacas bajas como las altas podrían estar asociadas con un incremento en el riesgo de ictus».
Los autores enfatizan la necesidad de realizar más estudios para determinar si la frecuencia cardíaca en reposo influye de manera causal en el ictus o si, por el contrario, refleja el estado de salud subyacente. Esto incluirá exploraciones de factores genéticos relacionados con la frecuencia cardíaca y trabajos que utilicen monitoreo continuo para captar mejor cómo varía la frecuencia con el tiempo, así como la confirmación de estos hallazgos en poblaciones más diversas.
