
MADRID, 6 de mayo. Un equipo internacional, liderado por científicos de la Universidad de York y del Instituto Wellcome Sanger de Estados Unidos, ha demostrado que la evolución ha estado utilizando la misma «guía» genética durante más de 120 millones de años, lo que sugiere que la vida en la Tierra puede ser más predecible de lo que se pensaba inicialmente.
El estudio, publicado en la revista PLoS Biology, se centró en varias especies de mariposas y polillas de la selva tropical sudamericana, que, aunque están lejanamente emparentadas, presentan patrones de color en las alas similares que les ayudan a ahuyentar a los depredadores, fenómeno conocido como mimetismo. El objetivo del estudio era descubrir los genes que controlan estos patrones de coloración por mimetismo.
¿Por qué mariposas y polillas se parecen sin ser familia cercana?
Los investigadores, que incluyen a expertos de varios países sudamericanos, hallaron que, a pesar de su lejanía en la evolución, las distintas especies de mariposas y polillas reutilizaron los mismos dos genes (ivory y optix) para desarrollar patrones de color casi idénticos. Los cambios genéticos en estas especies no se dieron en los genes en sí, sino en «interruptores» que activan o desactivan los genes. De manera sorprendente, se descubrió que una especie de polilla utilizó un mecanismo de inversión, que es un gran fragmento de ADN invertido, un truco genético casi idéntico al utilizado por una de las mariposas.
El profesor Kanchon Dasmahapatra, del Departamento de Biología de la Universidad de York, explica: «La evolución convergente, en la que muchas especies no emparentadas desarrollan de forma independiente el mismo rasgo, es común en todo el árbol de la vida. Pero rara vez tenemos la oportunidad de investigar la base genética de este fenómeno».
Además, el profesor Dasmahapatra declara: «Al investigar siete linajes de mariposas y una polilla diurna, demostramos que la evolución puede ser sorprendentemente predecible, y que las mariposas y las polillas han estado utilizando exactamente los mismos trucos genéticos repetidamente para lograr patrones de color similares desde la era de los dinosaurios».
De este modo, la investigación evidencia que la evolución no siempre es cuestión de azar, sino que puede ser más predecible de lo que se pensaba. La profesora Joana Meier, del Instituto Wellcome Sanger, comenta: «Estas mariposas, lejanamente emparentadas, y la polilla son tóxicas y de sabor desagradable para las aves que intentan comérselas. Se parecen mucho porque, si las aves ya han aprendido que un patrón de color específico significa ‘no comer, somos tóxicos’, es beneficioso para otras especies mostrar los mismos colores de advertencia».
La profesora Meier concluye afirmando: «Aquí demostramos que estos colores de advertencia son particularmente ideales, ya que parece bastante fácil que evolucionen estos mismos patrones de color debido a la base genética altamente conservada durante más de 120 millones de años». Este hallazgo permite a los científicos predecir cómo otras especies podrían adaptarse a sus entornos o al cambio climático, subrayando una visión de la naturaleza menos aleatoria y más estructurada de lo que se había supuesto anteriormente.
