
«Vivir con máscaras nos desconecta de lo que necesitamos y nos agota por dentro», explica la psicóloga Ana León.
MADRID, 26 Feb. (EDIZIONES) – Desde muy temprana edad aprendemos que mostrarnos de forma genuina no siempre es seguro. La autenticidad a menudo se sacrifica como una estrategia de supervivencia para evitar el rechazo. Desde pequeños, aprendemos qué partes de nosotros son aceptadas y cuáles pueden generar rechazo o abandono.
«Sin darnos cuenta, empezamos a exagerar o incluso a ocultar aspectos de nuestra personalidad para encajar en la sociedad. Nos moldeamos en función de las respuestas que encontramos en nuestro entorno; esto, en muchos casos, nos impide vivir en armonía y tranquilidad», sostiene la psicóloga general sanitaria Ana León (@analeonpsicologa), autora del libro ‘Habita tu piel’.
Durante una entrevista con Salud Infosalus, León argumenta que las máscaras en las que se mueve nuestra sociedad no son realmente patológicas, sino respuestas aprendidas o «defensas» que nos protegen. «El problema aparece cuando estas máscaras dejan de ser flexibles y se convierten en el personaje que usamos para interactuar en el mundo, actuando desde el miedo o según lo que otros esperan de nosotros. Además, vivimos en una sociedad que nos pide ser auténticos, pero que penaliza esa autenticidad», advierte.
¿Por qué necesitamos la aprobación de los demás?
En este contexto, se le preguntó a la experta por qué funcionamos así y por qué necesitamos la aprobación de los demás. León explica que el sistema nervioso está diseñado para buscar vínculo y pertenencia desde nuestros orígenes. «El que no era aceptado podía morir por no ser protegido, y hoy nos relacionamos de esa misma manera, desde un miedo primitivo al rechazo», remarca.
Advierte que crecemos con la idea de que debemos agradar y rendir para ser queridos y aprobados, «lo que se traduce en una constante búsqueda de aprobación en la edad adulta».
Ser auténticos es nuestro refugio
León insiste en que vivir sin autenticidad «es como vivir en incoherencia con nuestros valores, pensamientos y deseos». Habla de «incoherencia» en nuestro día a día cuando no somos realmente quienes queremos ser, lo cual a largo plazo «genera una fractura» al no estar alineados, lo que provoca que nuestro cuerpo entre en tensión y lo sienta como una amenaza. «No debemos buscar ser nuestra mejor versión; lo que realmente importa es estar en paz en nuestra propia piel», afirma.
Cuando estamos en estado de alerta, estamos constantemente midiéndonos. Después de una profunda sensación de no estar en el lugar correcto o de agotamiento emocional, es crucial evaluar nuestras prioridades para vivir en armonía. «Esto regulará nuestro sistema nervioso y nos permitirá estar más tranquilos», asegura.
La hora de ser ‘más auténticos’ también se ve influenciada por un modelo ecosistémico que resulta «fundamental», ya que nuestras decisiones no son solo individuales. Influye en ellas nuestra historia de apego, los mensajes que recibimos en la infancia, el contexto cultural, las normas sociales, y el estado de nuestro sistema nervioso; además, existe el riesgo de decepcionar, lo que alimenta el miedo a actuar, a dejar de encajar o a perder vínculos. «Al final, convivimos con la incertidumbre en nosotros mismos, y lo que parece ser miedo a que algo falle, en realidad, es algo que nos pide generar un cambio», resalta.
Consejos para ser más auténticos
Finalmente, León destaca que lo más importante es no exigirnos ser auténticos todo el tiempo, «porque eso genera mucha presión»; además, no hay que olvidar que estamos influidos por nuestro entorno.
La autenticidad, afirma León, «se entrena con pequeñas acciones cotidianas», tales como escuchar al cuerpo y tomar conciencia. Es clave detenerse cuando se siente que se pierde energía o se está traicionando valores personales para agradar a otros.
También propone cuestionar el deber y las normas autoimpuestas desde el exterior, y resalta la importancia de reconectar con el deseo: ‘¿por qué lo hago?’, ‘¿por qué quiero hacerlo?’ A menudo, según la psicóloga, no nos planteamos estas preguntas.
Asimismo, señala la necesidad de replantearnos las responsabilidades que asumimos, evitando cargar con muchas que no son nuestras, y tratarnos con compasión: «No puedo llegar a la autenticidad desde una autoexigencia permanente», advierte.
Con todo, León subraya que la autenticidad implica vivir una regulación más flexible, lo que también permitirá regular nuestro sistema nervioso y disipar la sensación de actuar constantemente para complacer a los demás, mejorando así las relaciones.
«Si comienzas a mostrarte tal como eres en realidad, tendrás relaciones más honestas y se reducirán esos sentimientos de soledad que a veces se experimentan a pesar de no estar solos. Además, trabajarás en tu autenticidad. Todo esto es una prevención de problemas de salud mental, ya que vivir en incoherencia interna genera un importante malestar psicológico. No se trata de abandonarse a uno mismo. Al igual que cuidamos a los demás, es vital poner el foco en nosotros mismos y en nuestro autocuidado«, concluye.
