MADRID, 27 Abr. – El Museo Nacional del Prado ha inaugurado su nuevo formato expositivo que resalta una única obra en cada exposición. La primera de este ciclo es ‘El año del hambre en Madrid’, pintada en 1818 por José Aparicio.
El objetivo del programa, según el director del museo, Miguel Falomir, es «invitar al espectador a contemplar una obra que, más allá de sus méritos estéticos, permita reflexionar sobre aspectos de la historia del arte que a menudo pasan inadvertidos«.
Este cuadro, hoy en día casi desconocido para el público, fue uno de los más aclamados en el Prado, llegando a «eclipsar» a artistas como Francisco de Goya y José de Madrazo durante el reinado de Fernando VII, tal como ha explicado Falomir durante la presentación. «Ilustra la fama y vaivenes de la fortuna, pasando de la cúspide del Prado al ostracismo, siendo expulsada literalmente del museo», afirmó el director.
El lienzo, de grandes dimensiones (315 por 437 centímetros), representa a un grupo de figuras famélicas rechazando el pan ofrecido por soldados franceses durante la hambruna que asoló Madrid en 1811 y 1812. Esta obra fue presentada en la apertura del Museo Real de Pintura y Escultura en 1819 como una alegoría de la «constancia española» y la fidelidad al absolutismo de Fernando VII, según Carlos G. Navarro, comisario de la muestra.
La reconstrucción de su ubicación original en el museo, realizada en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, ha permitido profundizar en el episodio fundacional de la institución y desvelar el peaje ideológico que impuso el absolutismo de Fernando VII, que era el propietario del espacio en aquella época, según ha destacado la pinacoteca.
Pasó por el Ministerio de Fomento y el Senado
A partir de 1872, la anexión del Museo de la Trinidad al recientemente nacionalizado Museo de Pintura y Escultura obligó a reorganizar las colecciones y decidir qué obras permanecían en el edificio Villanueva. La obra de Aparicio fue considerada incompatible con el discurso liberal tras la Revolución de 1868, siendo una de las que tuvo que pasar por tal proceso.
La pintura se colgó en el Ministerio de Fomento en 1874 y, tras ese momento, las obras de Goya llegaron a componer hasta trece piezas en el museo del Prado. La comisaria de la muestra, Celia Guilarte, explicó que en ese entonces, la prensa defendía el ‘cuadro del hambre’, argumentando que su salida solo se comprendía por motivos políticos. «Esto no era así. En aquel tiempo, Goya representaba la tradición y Aparicio, la modernidad«, matizó Guilarte.
En 1881, la obra pasó a los pasillos del Senado y en 1888 al Museo Nacional de Arte Moderno, donde quedó prácticamente olvidada. La muestra resalta la inversión de roles entre Aparicio y Goya: mientras el primero optó por una retórica académica y un heroísmo estático, Goya capturó la violencia «descarnada y universal», apuntó el Prado. Esta genealogía política, según el Prado, tiene continuidad en obras como el ‘Fusilamiento de Torrijos’ de Antonio Gisbert y culmina un siglo después en el ‘Guernica’ de Picasso.
Después de su paso por el Senado y el Museo de Arte Moderno, la obra llegó al Museo de Historia de Madrid en 1927, donde permanece en depósito del Prado hasta hoy. Su regreso temporal al edificio Villanueva ha sido acompañado de una restauración que ha mejorado la estabilidad y legibilidad del lienzo.
La muestra puede visitarse desde este lunes hasta el 13 de septiembre en la sala 66 del edificio Villanueva. Además, se acompañará de un ciclo de conferencias los días 13, 16, 20 y 23 de mayo, así como de un coloquio sobre crítica de arte y medios de comunicación el próximo 7 de mayo, moderado por el periodista Rubén Amón con la participación de Inés Martín Rodrigo, Daniel Gascón y Jesús García Calero.
