MADRID, 15 de mayo de 2023 – El ejercicio puede ser un aliado efectivo para aquellas personas que buscan dejar de fumar. Un estudio reciente sugiere que incluso una sola sesión de actividad física puede reducir rápidamente las ganas de fumar y favorecer las tasas de abandono del hábito tabáquico. Este trabajo es el más extenso realizado hasta la fecha sobre la relación entre el ejercicio y el tabaquismo, revelando que el ejercicio no solo disminuye el consumo de cigarrillos, sino que también atenúa drásticamente los antojos a corto plazo.
Según una revisión sistemática dirigida por investigadores de la Alianza para la Investigación en Ejercicio, Nutrición y Actividad (ARENA) de la Universidad de Adelaida en Australia, se ha demostrado que los programas de ejercicio estructurados son una herramienta adicional, sencilla pero eficaz, para quienes intentan dejar de fumar, aumentando nuestras probabilidades de éxito en este difícil proceso.
El tabaquismo continúa siendo una de las principales causas de muerte prevenibles a nivel mundial, dificultando que muchas personas logren abandonar el hábito con éxito. Si bien existen métodos como la terapia psicológica, la terapia de reemplazo de nicotina y los medicamentos que pueden ser útiles, las tasas de éxito a largo plazo siguen siendo bajas y muchos fumadores recaen.
Los investigadores indicaron que el ejercicio puede cubrir una necesidad importante debido a su accesibilidad y coste, y que además aporta beneficios complementarios para la salud física y mental. La revisión, publicada en la revista Journal of Sport and Health Science, es considerada una de las más exhaustivas hasta la fecha sobre esta temática. Durante la investigación, se consultaron 11 bases de datos hasta marzo de 2025, incluyendo un total de 59 ensayos controlados aleatorios con 9.083 participantes. De estos, 43 ensayos se centraron en programas de entrenamiento físico a largo plazo, mientras que 16 evaluaron los efectos inmediatos de una única sesión de ejercicio. Este estudio se diferencia de revisiones anteriores al incluir enfoques más amplios, como el ejercicio aeróbico, el entrenamiento de resistencia, el yoga, el entrenamiento interválico de alta intensidad y actividades físicas basadas en el estilo de vida.
Mejoras en la abstinencia tabáquica
Los resultados del estudio revelaron que el entrenamiento físico mejoró notablemente los resultados en la abstinencia tabáquica. En 23 ensayos que incluyeron a 6.643 participantes, aquellos que formaron parte de los grupos de ejercicio mostraron un 15 % más de probabilidades de lograr una abstinencia continua en comparación con los grupos de control. Además, en 18 ensayos con 4.455 participantes, se observó que el ejercicio incrementó en un 21 % la abstinencia puntual de siete días. La revisión también mostró que las personas en programas de ejercicio fumaban aproximadamente 2,12 cigarrillos menos al día que aquellos en el grupo de control.
Adiós a los antojos
Los beneficios más inmediatos del ejercicio se manifestaron en la reducción de los antojos. En estudios que analizaron una única sesión de ejercicio, se encontraron reducciones de moderadas a significativas en los antojos de nicotina inmediatamente después de la actividad física. Estas mejoras se mantuvieron evidentes hasta 30 minutos después de haber realizado ejercicio. Las sesiones más intensas resultaron particularmente efectivas en la disminución de los deseos de fumar, lo que podría ser primordial en momentos de intenso deseo, cuando el riesgo de recaída se incrementa.
Asimismo, la revisión subrayó que el tipo de ejercicio desempeña un papel fundamental. El ejercicio aeróbico mostró beneficios significativos para la abstinencia continua en planes de entrenamiento a largo plazo, mientras que el ejercicio de alta intensidad produjo las máximas reducciones agudas del deseo de fumar durante estudios de una sola sesión. Estos hallazgos sugieren que tanto el tipo como la intensidad del ejercicio son factores a considerar en el diseño de programas para dejar de fumar.
No obstante, el estudio también tuvo sus limitaciones. Aunque el ejercicio no redujo de manera significativa los antojos a largo plazo en los programas de entrenamiento físico, la certeza de la evidencia sobre los resultados de abstinencia se consideró baja, debido a problemas como la heterogeneidad, el riesgo de sesgo, la imprecisión y el posible sesgo de publicación.
La certeza de la evidencia fue mayor (considerada moderada) en relación con la reducción del consumo diario de cigarrillos y los antojos a corto plazo. Los investigadores concluyen que el ejercicio no debe ser visto como un sustituto independiente de los tratamientos convencionales para dejar de fumar, sino como una estrategia complementaria prometedora.
¿Y qué pasa con el vapeo?
Una de las importantes deficiencias del estudio fue la total falta de ensayos específicamente dedicados al vapeo. A medida que el uso de cigarrillos electrónicos se vuelve más común, es urgente que futuras investigaciones evalúen los efectos del ejercicio sobre la cesación del vapeo, así como determinar el tipo, la intensidad y el formato óptimos de las actividades físicas.
En líneas generales, este estudio sugiere que el ejercicio podría ser un valioso recurso para los servicios que apoyan la cesación del tabaco. Dado que el ejercicio puede realizarse de manera autodirigida, comunitaria, con apoyo digital o integrado en programas de salud existentes, representa una opción práctica para quienes buscan alternativas no farmacológicas o desean complementar tratamientos más convencionales. Aunque los efectos sobre la abstinencia a largo plazo fueron modestos, la constante reducción en el consumo de cigarrillos y la disminución de los antojos intensos resalta el potencial del ejercicio para ayudar a más personas a dejar de fumar y afrontar con éxito esta difícil tarea.
