
MADRID, 26 Abr. – El estrés no siempre se manifiesta de forma evidente, pero el cuerpo suele enviar señales claras cuando la tensión se prolonga en el tiempo. Desde problemas de sueño o irritabilidad hasta síntomas físicos como caída del cabello, tensión muscular o alteraciones digestivas. Identificar estos signos es clave para evitar que el estrés se convierta en un factor de riesgo para la salud.
A sí, y ante una misma situación de estrés, unas personas se estresan y otras no. El problema es que no siempre sabemos identificar las señales a tiempo de que nos estamos pasando, lo cual constituye el primer paso para frenar este problema cada vez más presente en nuestra sociedad.
Begoña G. Larrauri, doctora en Psicología y profesora en la Universidad de Valladolid, intenta explicar esta situación a partir de la manera en que cada persona interpreta los hechos. “Esto nos hace tener más o menos estrés”, indica, y si se visualiza como una amenaza para nuestro bienestar o como una oportunidad que puede estimularnos.
Señala que otro de los factores estudiados es la creencia en la propia capacidad para resolver problemas: “Esto te lo da la experiencia, y quien ha superado retos o situaciones difíciles desarrolla un sentido de autoeficacia que le proporciona energía para enfrentar cualquier situación que se presente.”
Otro factor mencionado durante una entrevista con Salud Infosalus, con motivo de la publicación de su libro ‘Jaque al estrés’ (Desclée De Brouwer), es el esfuerzo con que resolvemos una determinada situación.
“Todo esto varía entre las personas. Además, si ves que la situación va mejorando poco a poco, eso te anima a seguir adelante. Pero hay otros factores que no se deben descuidar, como la salud de la persona, que puede ser un foco de estrés, ya que no se aborda una situación de igual manera”, resalta.
Igualmente apunta a las habilidades sociales y considera que no se debe menospreciar la cuestión de los recursos disponibles, tanto materiales como sociales, y la idea de que estos son efectivos para el afrontamiento.
El Estrés: Un Factor de Riesgo de Enfermedades
En esta ocasión, preguntamos a la psicóloga experta en bienestar psicológico, educación positiva y sentido del humor, por qué el estrés puede volverse en nuestra contra y convertirse en un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades.
Nos explica primero que el estrés es una reacción normal del organismo ante una alerta o desafío. “Entonces, tiene una función normal que nos ayuda a reaccionar. El estrés es similar a una corriente eléctrica, genera energía, mejora nuestro rendimiento y es algo necesario”, subraya.
Sin embargo, el problema surge cuando los cambios son excesivos, no revierten y se prolongan en el tiempo, haciendo que el estrés nos perjudique. “Llega un momento en el que hay sufrimiento, es decir, la persona lo vive con sufrimiento y eso es perjudicial”, señala.
Por eso, esta doctora en Psicología insiste en que existe un “estrés bueno y óptimo” que nos estimula para hacer las cosas, pero que el estrés se vuelve negativo cuando se prolonga en el tiempo, algo frecuente en nuestra sociedad actual. Esto mantiene a las personas en un estado elevado de alerta que puede inducir a una serie de problemas de salud.
¿Cuáles son las Señales de Estrés en Nuestro Cuerpo?
Con todo esto, la doctora Larrauri, con más de 30 años de experiencia docente e investigadora, indica que cuando hay demasiada tensión tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente, aparecen ciertas señales de alerta. “Es crucial escucharnos, y hacerlo desde tres perspectivas: la sintomatología a nivel físico, de conducta y psicológico”, precisa.
A nivel físico, las señales pueden incluir caída del cabello, piel reseca, picazón, contracciones, tensión muscular, cambios gastrointestinales, temblor en los ojos, sudoración excesiva y debilitamiento del sistema inmunológico, lo que nos hace más propensos a desarrollar enfermedades.
A nivel de conducta, destaca el insomnio, cambios en los patrones de sueño “muy relacionados con el estrés”; conductas adictivas, que no sólo incluyen el consumo de drogas, sino también de medicamentos; conductas compulsivas como comer en exceso o dejar de comer; aislamiento social y evitación del ejercicio, entre otros.
En el ámbito psicológico, la doctora menciona problemas de memoria, de concentración, falta de energía, dificultad para tomar decisiones, un estado de ánimo negativo que afecta todas nuestras acciones, irritabilidad y excesiva preocupación, entre otros aspectos.
“El problema es que algunos de estos síntomas generan un círculo vicioso de preocupación excesiva por lo que está ocurriendo”, advierte esta especialista en bienestar.
Por todo ello, defiende que tenemos que tomar conciencia de la necesidad de desacelerar en los momentos apropiados, aunque siempre haya cosas que debamos hacer con prisa. “Desacelerar implica trabajar mejor, alimentarnos mejor y relacionarnos mejor. Así viviremos mejor y disfrutaremos más de las cosas. Desacelerar es hacer las cosas al ritmo adecuado. Aprende a vivir mejor en un mundo que no va a ir más despacio por ti”, concluye.
