MADRID, 30 de octubre de 2023
Rosalía ha divinizado al público en el primero de sus conciertos en el Movistar Arena de Madrid, donde ha fusionado tecno, ballet y un éxtasis compartido. Aunque las más de 15.600 personas presentes ya habían sido testigos de algunos fragmentos del espectáculo a través de las redes desde que comenzó su gira en Lyon (Francia), la artista española ofreció una experiencia única a cada asistente, acercándose a ellos y mostrando una actitud natural y cercana.
La cantante ha desplegado un mix de ballet, misticismo e incluso ‘rave’ en un escenario dividido en dos, con la Heritage Orchestra, compuesta por unos veinte músicos, ubicada en un foso central. Mientras tanto, Rosalía se posicionó en la parte superior del cambiante escenario. Las tablas que la acogieron durante dos horas de espectáculo se fueron transformando acorde a los cuatro actos que estructuraron la noche, comenzando desde una caja de muñecas hasta llegar a una recreación del Museo del Louvre y la sala de la Gioconda de Da Vinci.
Antes de que iniciase el concierto, la escenografía fue completamente oculta. Posteriormente, unas pantallas blancas que simulaban el reverso de un cuadro con la firma de la artista y la palabra ‘Lux’ dieron paso a un ejército de bailarines que la liberaron de una caja, colocándola en el centro como si fuese una bailarina de juguete.
Vestida con un tutú y zapatillas de punta rosas, Rosalía dio inicio a su actuación con ‘Sexo, violencia y llantas’ y ‘Reliquia’ – tal y como comienza su disco ‘Lux’ – luego que sus bailarines le diesen cuerda, haciendo vibrar al recinto. La artista flotó sobre el escenario entre pliés, relevés, ‘sauter’, ‘glisser’ y ‘tourner’, estableciendo un hilo conductor teatral con canciones delicadas como ‘Divinize’.
El público, sobrecogido, mantenía el silencio en muchos momentos, donde se requiredió que lo acompañasen con sus voces, pero con ‘La perla’, no hubo necesidad de que ella los animase. Entre los asistentes se encontraban figuras como el director de cine Pedro Almodóvar, el director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Segade, y la actriz Jedet.
UN CONFESIONARIO EN EL ESCENARIO
Rosalía rompió la distancia con su público en varios momentos, pero especialmente cuando se rodeó de admiradores – que hacían de visitantes del Louvre – para interpretar ‘Can’t take my eyes off you’, caracterizada como la Mona Lisa. En otra ocasión, el escenario se convirtió en un confesionario donde la youtuber Soyunapringada admitió sus pecados a la escucha atenta de Rosalía, quien le respondió: «Y ojalá no te cruces con una perla nunca más» antes de dar paso a la canción homónima.
Esta temática religiosa se evidenció a lo largo de la puesta en escena, desde el velo de ‘Mio Cristo piange diamanti’ hasta el foso de la orquesta en forma de cruz latina y un botafumeiro de luz y humo que reinó sobre el corazón de la orquesta mientras Rosalía interpretaba algunos temas.
La artista fusionó estos símbolos con una estética más sensual durante el baile de ‘Saoko’. Hacia la mitad del espectáculo, su vestuario dejó atrás el ballet clásico y evolucionó hacia un look que imitaba la famosa peluca de María Antonieta, mientras hacía ‘twerk’ con un culotte rosa fucsia. La energía inicial del concierto cambió con una versión tecno de ‘Berghain’, que entonó y bailó vestida de negro, con botas de cordones y un corsé abierto. Con ‘La fama’, se dirigió a “los chulapos y chulapas”, y con ‘La combi Versace’, obtuvo una larga ovación, como si terminara un aria.
La cantante llegó a Madrid tras suspender un concierto el pasado 26 de marzo en Milán (Italia) debido a una intoxicación alimentaria. Después de una hora de recital, confesó que había estado vomitando en el camerino y que, aunque quería ofrecer «el mejor espectáculo posible», era imposible. Este lunes, expresó que se sentía «mucho mejor» y agradeció a los presentes por su asistencia.
Confirmando que el malestar de Milán quedaba lejos, la artista mostró una energía y emoción contagiosas en un concierto donde se mostró cercana. Antes de empezar a cantar ‘Mio Cristo Piange Diamanti’, se le llenaron los ojos de lágrimas al recordar su amor por Madrid, y se secó con un pañuelo que había en el escenario.
Tras la ‘rave’ y la parte electrónica, llegó el tercer acto con ‘El redentor’, rodeada de las palmas y cajones de Macarines, quienes la han acompañado desde ‘Los Angeles’. Rosalía, con un vestido blanco semitransparente y guantes negros, se presentó como una pseudoestrella del rock. Después de este interludio, regresó a ‘Lux’.
En ‘Sauvignon blanc’, la artista brindó con una copa de vino blanco sentada sobre un piano, intuitivamente reconociendo que no tenía muchos vicios. Antes de comenzar la interpretación, se dirigió a una fan que le sugirió que si no tenía muchos vicios, era porque ella misma era uno.
SEGUIDORES DE BLANCO
Los seguidores de Rosalía asistieron a la celebración principalmente vestidos de blanco, con vestidos y faldas de telas vaporosas y encajes. Algunos optaron por pañuelos en la cabeza, haciendo alusión a la portada del último y cuarto disco de la artista, mientras que otros llevaban halos teñidos en la coronilla.
Todos rodearon a la artista, quien descendió de los cielos para cantar ‘Dios es un stalker’, caminando entre ellos con enaguas y tocado. Desde el corazón de la orquesta y disfrutando del momento, también hizo ‘La rumba del perdón’, pero el Movistar Arena estalló de emoción con la locura electrónica de ‘CUUUUuuuuuute’.
El final se acercaba con ‘Bizcochito’ y ‘Despechá’, mientras sus bailarines la rodeaban como ángeles. «Me lo estoy gozando mucho», aseveró antes de pasar a ‘Novia robot’, momento en el que el Movistar Arena coreó “me pongo guapa para Dios”.
A medida que se descalzaba, la artista alcanzó el éxtasis en el escenario con ‘Focu ‘ranni’, canción con la que pareció evaporarse tras unas escaleras, llegando al clímax final con ‘Magnolias’. Antes de abandonar el escenario, pidió a los asistentes que protegieran su nombre en su ausencia, prometiendo que, como la estrella que es, se convertiría en polvo para volver a ascender.
