Estefanía Medina Manzano |
Madrid (EFE) -. La tecnología ha transformado la manera en que interactuamos, y ahora permite que grupos de jóvenes compartan permanentemente su ubicación y movimientos en tiempo real con amigos y parejas, gracias a redes sociales como Instagram y aplicaciones como «Buscar» en iPhone o Google Maps.
“Saber en todo momento dónde están mis amigos reduce la incertidumbre y aporta tranquilidad. Influye ese miedo a quedarse fuera. No compartir podría interpretarse como que no estás dentro del grupo, que tienes más desconfianza o incluso que tienes algo que ocultar”, destaca en una entrevista la psicóloga Silvia Álava.
¿Cómo funciona? Las aplicaciones lo hacen muy sencillo. Basta con habilitar esta función en Instagram, en Google Maps o configurar el apartado «Buscar» de los iPhone con un grupo de amigos seleccionado.
Instagram permite, además de etiquetar la ubicación de las publicaciones, compartir en una nueva burbuja llamada ‘mapas’ tu última ubicación, ya sea con todos los seguidores o solo con el grupo de “mejores amigos”. La app avisa que “se comparte tu ubicación exacta y se actualizará cada vez que abras Instagram, pero desaparecerá si no abres la aplicación durante 24 horas”.
“Puede tener un beneficio, porque facilita la organización o la seguridad con amigos y amigas que saben por dónde voy y que, si me pasa algo, podrán ayudarme. Nos sentimos más cuidados y apoyados. Sin embargo, también tiene riesgos si se convierte en algo impuesto, generando dependencia emocional, confundiendo confianza con vigilancia”, apunta Álava.
Geolocalizados: seguridad y pertenencia
Este modelo tecnológico permite a un grupo de personas conocer en todo momento lo que está haciendo el resto, dónde se encuentran y hacia dónde van.
Sandra Lázaro, de 29 años, es una de esas personas que tiene a sus mejores amigos en un grupo geolocalizado. No se siente vigilada porque lo hace con personas de su total confianza: “Es una forma de sentir seguridad. Vivo sola y cuando vuelvo a casa ya saben por dónde estoy regresando”.
Además, en su caso, le ayuda a saber dónde está su móvil cuando no lo encuentra o si se lo roban. Aunque bromea señalando que también puede servir para que la pillen en un renuncio: “Siempre llego tarde y muchas veces les digo ‘ya voy’ y aún estoy saliendo de la ducha”.
Paula Santiago, de 30 años, comparte ubicación permanente no solo con sus amigas, sino también con su novio: “Mi pareja no quiere compartir la ubicación conmigo, pero yo, al ser mujer, me siento más segura. Es bueno que la gente cercana a mí tenga mi ubicación y, si ocurre cualquier cosa, sepan dónde estoy. No me siento vigilada. No tengo nada que esconder”.
La psicóloga Silvia Álava insiste en que “estamos difundiendo datos muy íntimos, lo que nos hace ser más vulnerables a otros problemas que generan las redes”. Agrega que puede haber beneficios si es con personas cercanas y siempre “siendo consciente de que se utiliza desde el conocimiento, con una utilidad clara y nunca por sentirse fuera de un grupo”.
El miedo a agresiones y la pertenencia a un grupo son dos de los principales motivos por los que se lleva a cabo esta práctica, que generalmente excluye a los padres.
“Hay muchos padres y madres que quieren tener a sus hijos geolocalizados. La mayor parte suele ser más para calmar su ansiedad por no saber dónde están”, subraya la psicóloga.
En este sentido, antes de activar esta herramienta, recomienda a los padres trabajar la confianza y el respeto “para que cuenten qué están haciendo y sepan que, si hay algún problema, entiendan que la primera persona a la que se lo pueden decir son ellos”.
