MADRID 28 Ago. (EUROPA PRESS) – Un equipo de investigadores británicos, canadienses y estadounidenses, dirigidos por la Universidad de Queen (Canadá), ha establecido una conexión significativa entre los pensamientos intrusivos y niveles elevados de ansiedad, así como un apoyo social reducido. Este patrón se observa con mayor frecuencia en situaciones de soledad, mientras que la interacción social, ya sea presencial o virtual, tiende a disminuir estos pensamientos.
El estudio, publicado en la revista PLOS Mental Health, señala que los pensamientos intrusivos desagradables pueden ser más comunes en contextos de soledad y aislamiento social, generando preocupaciones cotidianas. Por ello, los autores sugieren que promover oportunidades de socialización podría ser un enfoque crucial para ayudar a quienes sufren de ansiedad.
Evidencias del impacto del contexto social
Uno de los hallazgos más relevantes es que los pensamientos intrusivos son «relativamente» frecuentes durante el ejercicio, sin embargo, su incidencia disminuye notablemente durante las actividades deportivas. Esto proporciona evidencia de que el contexto social puede tener un efecto reductor sobre estos pensamientos.
Metodología de la investigación
La investigación se basa en encuestas realizadas a 261 estudiantes (227 mujeres, 29 hombres y 4 de género no binario) de la Universidad de Queen. Estas encuestas, que utilizaron un muestreo de experiencias multidimensionales, fueron completadas ocho veces al día durante cinco días. Este enfoque permitió a los investigadores obtener datos detallados sobre cómo el pensamiento continuo en la vida diaria impacta la salud mental y el bienestar.
Importancia de la conexión social
Los científicos concluyeron que el muestreo de experiencias multidimensionales es una herramienta eficaz para entender la influencia de los pensamientos intrusivos en la salud mental, además de resaltar el papel importante de la conexión social en la etiología de estos pensamientos.
El equipo de investigación incluye académicos del Departamento de Psicología de la Universidad de Queen, del Instituto Nacional de Enseñanza de Londres, del Instituto de Mental Infantil en Estados Unidos, del Instituto Nathan S. Kline de Investigación Psiquiátrica, del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres, del Departamento de Psicología de la Universidad de York y de la Facultad de Psicología de la Universidad de Sussex.
