La gestión de los montes y su aprovechamiento se han convertido en un tema candente en la actualidad. Miguel Ángel Soto, un experto en la materia, comenta: “Sí, hay autorizaciones. Lo que no te dejan es hacer lo que quieras, cómo quieras y de la manera que quieras”. Soto explica que para realizar un desbroce o retirar árboles, es necesario solicitar un permiso a la consejería de la comunidad autónoma, y un guarda forestal determina qué se debe hacer y cómo.
Un ejemplo que ilustra esta situación es la presencia de un nido de una especie protegida; la solicitud de intervención se aprobará dependiendo de la época del año, así como de limitaciones que eviten causar daño. Algo similar ocurre con la quema de residuos: “Se hace en días concretos, sin viento, con un nivel de humedad específico, etcétera”.
Carlos Martín, otro experto en la materia, afirma que “habría que ver una por una las normas autonómicas y entender cuán complejo es realizar cada una de las solicitudes” para las actividades de aprovechamiento. Asegura que no es verosímil afirmar, como muchos mensajes en redes sociales, que está prohibida la limpieza del monte público durante todo el año.
Entre las labores a realizar por los bomberos forestales durante los meses de bajo riesgo, Martín señala que “es lo que debería hacer el 100% de los dispositivos con toda su plantilla”. Por ejemplo, en el caso de la ganadería extensiva, el bombero indica que “en los montes públicos en general no hay grandes problemas para desarrollar su actividad”.
La sobrerregulación de los montes es un ‘problemón’
Las limitaciones y la regulación del aprovechamiento de los montes bloquean muchas actividades, según opinan distintos expertos. Inés González Doncel asegura que “los vecinos no piden que limpien el monte [en referencia a la administración], lo que piden es aprovechar los recursos que tiene el monte, un matiz muy importante”.
Señala que “los montes están abandonados porque ya no resulta rentable aprovechar los recursos naturales debido a sus mercados fluctuantes” y que “hay políticas también proteccionistas, muchas veces muy restrictivas y, en consecuencia, aprovechar el monte es poco rentable”.
La ingeniera explica que, aunque “todas aquellas actividades que puedan generar riesgo de incendio están perfectamente reguladas y prohibidas”, existe una “sobrerregulación”.
Como menciona, “la Ley de Montes sorprendentemente es muy proteccionista, y sus homólogos autonómicos también lo son. En la búsqueda de la conservación y la perpetuación del monte hay un exceso de regulación”.
Añade que, según su experiencia, “la última pieza de la burocracia son los forestales o medioambientales” y que, “queda un poco al criterio del agente forestal si considera que lo que se está haciendo es correcto o no correcto”.
Para ella, coexisten dos visiones enfrentadas: “una idílica de la naturaleza que se cuida sola y otra más profesional donde consideramos que la naturaleza se debe conservar y cuidar, pero no venerar”.
Sin embargo, “la opinión pública está dominada por una mayoría que considera que la naturaleza no se puede tocar, porque vivimos en las ciudades y lo que queremos al ir al monte es ver un lugar donde no aparezca el factor humano”.
Inés sostiene que “hay una población urbana que presiona mucho y se horroriza cuando se quiere cortar un árbol”, cuando en realidad es una acción recogida en los documentos de ordenación y en proyectos que tienen más de 50 años.
En cualquier caso, la experta concluye que “la administración autonómica debe ejercer una labor de vigilancia y tutela” y subraya que “es un problema que tanto los que actúan en el monte como los que consiguen las autorizaciones carecen de un criterio único y homogéneo”.
