Mocos y tos en niños en otoño: ¿cuándo preocuparse y qué tratamientos evitar?
Con la llegada del otoño, muchos padres se preocupan por los mocos y la tos de sus hijos. La pediatra Lucía explica que durante el año escolar, de septiembre a julio, un niño puede experimentar una media de 8 episodios de catarro. “Los mocos empiezan a aparecer en septiembre y suelen desaparecer en mayo, en el mejor de los casos. Es fundamental aprender a convivir con ellos, sobre todo si se tiene un hijo pequeño, ya que las infecciones respiratorias son comunes en esta época”, comenta.
Señales de alarma para visitar al médico
Lucía destaca que no siempre es necesario acudir a la consulta médica si un niño presenta mocos. Sin embargo, es importante estar atentos a ciertas señales que podrían indicar la necesidad de atención profesional:
- Fiebre que dura de 3 a 4 días.
- Fiebre que desciende y vuelve a subir al cuarto día.
- Dolor de oídos unido a fiebre.
- Complicaciones como sinusitis, cuando el niño presenta un dolor intenso en la frente, moco verdoso y maloliente, y fiebre después de diez días de catarro sin mejora.
- Tos o dificultad respiratoria persistente que no mejora en 3 a 4 días.
¿Por qué se producen los mocos?
El sistema respiratorio reacciona al detectar agentes extraños. Las mucosas se inflaman y producen moco para atrapar y expulsar estos agentes. “Los mocos son la primera línea defensiva del organismo contra los gérmenes externos”, explica.
Si la inflamación es en la nariz, se trata de rinitis. Si afecta la garganta, puede ser faringitis; si es la laringe, preveremos laringitis; y si desciende a los bronquios, se puede llegar a una bronquitis.
Según Lucía, es habitual que un niño en edad escolar tenga entre 8 episodios de catarro al año, con presencia de mocos, tos, estornudos y ocasionalmente fiebre y dolor de garganta. “La fiebre generalmente no dura más de 3 a 4 días; los mocos pueden persistir por 7 días y la tos puede prolongarse hasta por dos semanas”, añade.
Cómo manejar la tos por las noches
La tos nocturna es otro problema frecuente que se agrava por la acumulación de moco. “Recomendamos lavados nasales con suero fisiológico, fisioterapia respiratoria y una adecuada ingesta de líquidos, que actúan como mucolíticos y ayudan a fluidificar el moco», aconseja la pediatra.
Lucía también sugiere elevar el cabecero de la cama para mejorar la respiración durante la noche.
Es importante mencionar que muchos medicamentos como mucolíticos, antitusígenos y descongestivos no han demostrado eficacia en niños menores de 6 años. Además, su uso puede conllevar efectos adversos graves, como arritmias y broncoespasmos. “No existe evidencia científica que respalde su uso en estos niños”, concluye Lucía.
