
– Iñaki Berasaluce – Archivo
MADRID, 17 de junio – El exdirector del Prado, Miguel Zugaza, recordó que el Museo del Prado reservó una sala final para acoger obras procedentes del Reina Sofía, con la intención de «suturar un poco mejor la historia coleccionista» de las dos grandes colecciones públicas de arte en Madrid, una propuesta que, como él mismo admitió, no llegó a culminar durante su mandato.
«El hecho de encontrar la contemporaneidad del museo fue algo saludable. Esa sala, donde hacemos exposiciones de carácter rotatorio, estaba reservada para la llegada de obras del Reina Sofía que pudieran suturar la relación entre la historia coleccionista del Prado y la de Reina Sofía», explicó Zugaza durante el coloquio ‘La transformación del Prado en el siglo XXI’, celebrado en el auditorio de la pinacoteca junto al actual director, Miguel Falomir.
Zugaza, actual responsable del Museo de Bellas Artes de Bilbao, tuvo entre sus principales deseos para el Prado conseguir el ‘Guernica’ de Picasso, aunque en esta conversación no hizo referencia a la obra. Según él, el traslado de la pintura decimonónica desde el Casón del Buen Retiro al recorrido principal de la colección significó la integración del siglo XIX a la colección del Prado, lo que subrayó la contemporaneidad del museo al abrir sus puertas y ejercer influencia en el arte.
En su opinión, «encontrar la contemporaneidad del museo ha sido algo saludable» y uno de los aspectos que más han ganado visibilidad en el siglo XXI.
Transformaciones en el Museo del Prado
Por su parte, Falomir subrayó que, pese a que el Prado es un museo «más que bicentenario» -en noviembre cumplirá 207 años de historia-, en los últimos 25 años ha experimentado «más transformaciones que en los 182 anteriores», tanto en su apariencia física como en su modelo de gestión, volumen de visitantes, plantilla y presupuesto.
Esta modernización, según ambos expertos, tuvo un hito en la Ley del Museo del Prado de 2003, que Falomir definió como un «traje a medida» y que convirtió a la pinacoteca en la primera institución cultural española en contar con una norma propia, luego tomada como modelo por otros centros. «No valía cualquier cosa, tenía que ser una ley que se atuviera a la realidad del museo y a las perspectivas del futuro», indicó.
Zugaza, que dirigió el Prado entre 2002 y 2017, recordó su participación activa en la redacción de la ley, enfatizando que el objetivo no era la privatización, sino «la idea de la modernización» y dotar al museo de mayor capacidad de gestión. Antes de esta ley, los recursos generados por la institución no podían reinvertirse en su propia actividad, siendo la única fuente estable de financiación adicional la Fundación Amigos del Museo del Prado, cuya labor fue «absolutamente extraordinaria».
El exdirector también destacó la «generosidad» de los partidos políticos en un complejo contexto de negociación, principalmente con el Ministerio de Hacienda, que permitió la aprobación por unanimidad de todo el arco parlamentario.
En el balance de estos años, Zugaza reconoció que la consolidación de la autofinanciación tuvo un efecto negativo al «malacostumbrar» a la Administración, que llegó a recortar hasta un 60 % el presupuesto público del museo. «El riesgo es que el Estado deserte de su responsabilidad de financiación», advirtió.
Ampliaciones y Cambios Arquitectónicos
En el plano arquitectónico, Falomir recordó que el auditorio donde se celebró la conversación no existía hace 25 años y forma parte de la ampliación del Prado diseñada por Rafael Moneo, inaugurada en 2007, el mismo año en que se reabrió el Casón del Buen Retiro. En los próximos años, se añadirá el Salón de Reinos, aún en construcción, que el director confía en que «en dos años sea una realidad abierta al público».
Falomir defendió que la ampliación fue «necesaria» pero «a la medida de las necesidades del museo y sin afanes megalómanos», en contraste con otros proyectos internacionales que se endeudaron por encima de sus posibilidades. Zugaza destacó que el retraso respecto a otras instituciones, como el Thyssen o el Reina Sofía, ayudó al Prado a dimensionar mejor la realidad de la ampliación y la modernización.
Otro cambio significativo ha sido el de la museografía. Falomir subrayó que el proyecto expositivo de Fernando Checa, que estuvo al frente del Museo de 1996 a 2001, era «irreprochable desde el punto de vista histórico-artístico», pero la reordenación posterior permitió reflexionar más sobre «la esencia del Prado».
En este sentido, mencionó como espacio emblemático el eje que se forma al situarse en el centro de la Galería Central, con Tiziano a la espalda, ‘Las Meninas’ de Velázquez de frente, los grandes retratos ecuestres, así como obras de Goya y de los venecianos, lo que ayuda a comprender lo que hace del Prado un museo singular.
Digitalización y Políticas de Fotografías
En el plano de la comunicación, Zugaza mencionó que una de sus primeras decisiones fue reformar los accesos y repensar la señalética. Se pasó de grandes rótulos como «Renacimiento» o «Barroco», que no siempre conectaban con el público general, a una imagen corporativa más orientada al visitante, utilizando «nombres propios» -Tiziano, el Greco, Velázquez- para dibujar ese «barrio de artistas maravilloso» que es el Prado.
Falomir recordó que el Prado fue pionero en el uso de tecnologías como las imágenes en alta resolución y en proyectos como la aplicación de Google Earth para observar obras de arte. En el capítulo de la experiencia de visita, mencionó la polémica decisión de prohibir las fotografías en las salas, adoptada bajo la dirección de Zugaza ante la aparición de smartphones y el uso indiscriminado de flashes, que generaban «estrés» entre el personal de vigilancia.
Zugaza explicó que esta medida estaba destinada a reducir la tensión de una vigilancia centrada en recordar la prohibición de tomar imágenes. «Creo que fue una decisión muy bien tomada», subrayó Zugaza. Aunque inicialmente recibió críticas de algunos visitantes, Falomir señaló que, con el tiempo, las quejas fueron «espaciándose hasta desaparecer».
Tareas Pendientes para el Futuro
Finalmente, Zugaza insistió en que «lo importante para cualquier institución es tener el futuro por delante». En el caso del Prado, ese futuro está construido sobre «un pasado maravilloso» que facilita el camino. Entre las tareas pendientes, advirtió sobre la necesidad de ser «cautelosos» con el crecimiento del número de visitantes en el marco del turismo cultural y de mantener una actitud prudente ante el uso de tecnologías.
En este sentido, se enfatiza que la experiencia del visitante debe seguir estando en el centro y al servicio de las herramientas digitales, y no al revés.
