MADRID, 30 de mayo. (EDIZIONES) – Según la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), el linfoma es el cáncer más frecuente de la sangre, producido por la proliferación maligna de linfocitos (un tipo de glóbulos blancos, las células de defensa del sistema inmunitario). Actualmente, se desconocen sus causas, si bien cada vez es mayor el porcentaje de casos que se curan gracias a los últimos avances.
Entre estos se encontraría la terapia celular CAR-T, en la que centramos este artículo, una nueva vía terapéutica que, sin duda, ha mejorado las expectativas de vida en muchos pacientes y tiene un gran potencial en el futuro.
Para conocerla un poco mejor, charlamos en Salud con Gloria Iacoboni, hematóloga del Hospital Universitario Vall d’Hebron e investigadora del Grupo de Hematología del VHIO, quien nos explica que, a grandes rasgos, estas terapias modifican genéticamente determinados glóbulos blancos de un paciente que padece un tipo de linfoma concreto (subsidiario de esta terapia porque no todos lo son), para que el sistema inmunitario pueda detectar las células malignas y eliminarlas.
En concreto, al año se diagnostican 11.000 casos de linfoma, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). De ellos, 9.500 son linfoma no Hodgkin y 1.500 linfoma de Hodgkin. “Estas terapias estarían dirigidas a algunos pacientes con linfoma no Hodgkin B, una proliferación patológica de linfocitos B, un tipo de glóbulo blanco”, precisa Iacoboni.
¿CÓMO FUNCIONA CAR-T?
En este tratamiento, se realiza una recogida de glóbulos blancos, que se modifican genéticamente para que expresen unos receptores que previamente no estaban allí, de modo que el sistema inmunitario reconozca y elimine más fácil las células malignas del linfoma.
La también miembro del Grupo Español de Linfomas/Trasplante Autólogo de Médula Ósea (GELTAMO) y del Grupo Español de Trasplante Hematopoyético (GETH), subraya que actualmente las CAR-T emplean células del propio enfermo (autólogas), y se modifican para eliminar el linfoma.
MEJORAR LA EFICACIA Y SEGURIDAD DE LAS ACTUALES CAR-T
Hoy en día, hay múltiples líneas de investigación en torno a estas nuevas terapias celulares, buscando mejorar su eficacia y seguridad. Algunas buscan modificar las dianas que permiten identificar las células malignas, sobre todo para pacientes que recaen tras terapia CAR-T anti-CD19.
“En el laboratorio se está trabajando para aumentar las dianas, el ‘constructo’ que identifica a las células malignas. Para ello, se coloca en los glóbulos blancos (linfocitos) un receptor para que el sistema inmunitario pueda reconocer y eliminar más fácilmente la célula maligna. Las terapias CAR-T autólogas en el linfoma no Hodgkin B utilizan la diana CD19, un marcador de linfocito B, que es la célula patológica en este caso. También se investiga dirigir los linfocitos T-CAR contra los marcadores CD20 y CD22, entre otros objetivos”, subraya.
Otro de los desafíos radica en el proceso de manufactura. “Se está modificando el proceso para que la calidad del linfocito sea mayor, más activos y menos exhaustos; además, para acortar el tiempo de manufactura, que suele estar entre 3 y 4 semanas, un período crucial para algunos pacientes”, comenta la experta de la SEHH.
También se están llevando a cabo ensayos clínicos para combinar terapias CAR-T con otros fármacos que puedan mejorar y optimizar su actividad, considerando ofrecer CAR-T como primera línea de tratamiento en ciertos casos de alto riesgo, justo tras el diagnóstico.
¿CAR-T EN TEJIDOS SÓLIDOS? ¿Y EN ENFERMEDADES AUTOINMUNES?
Otra de las líneas de investigación se centra en el desarrollo de CAR-T para tumores sólidos, un campo en el que se trabaja estrechamente con oncólogos. Actualmente, no se ha alcanzado el mismo desarrollo que en hematología.
Además, se está explorando el potencial de las CAR-T en ensayos clínicos en Medicina Interna, Neurología o Reumatología, en el campo de enfermedades autoinmunes como la miastenia gravis o la miositis, por ejemplo.
EL FUTURO DE LAS CAR-T ALOGÉNICAS
En ensayos clínicos se están probando CAR-T alogénicas, es decir, a partir de células de un donante sano, lo que significa que no es necesario realizar una recogida de células del paciente, sino que se obtienen de fuentes externas. Sin embargo, esto se halla en etapas muy preliminares. Ya se han tratado algunos pacientes a nivel mundial, pero aún se debe comprobar su eficacia y seguridad”, apunta Iacoboni.
Entre las ventajas, destaca que para recibir CAR-T alogénicas no hay que esperar el proceso de manufactura, ya que estas se fabrican previamente a partir de donantes sanos. “La calidad de linfocitos sería mejor que la de pacientes que han pasado por tratamientos de quimioterapia previos, donde la calidad de base de esos linfocitos puede no ser óptima. En cambio, los de donante voluntario sí serán de mejor calidad”, concluye.
