Los científicos han observado un fenómeno fascinante en el océano, relacionado con la forma en que las tormentas afectan la nieve marina y el ciclo del carbono. Durante una campaña reciente, cuatro tormentas principales golpearon a los barcos con vientos superiores a 50 nudos y olas que superaban los 20 pies. Este evento reveló un patrón repetido que ha sorprendido a los investigadores.
El impacto de las tormentas en la nieve marina
El oleaje intenso fragmentaba la nieve marina en trozos más pequeños, lo que ralentizaba su hundimiento, ya que las partículas finas caen a un ritmo mucho más lento. Sin embargo, cuando las tormentas amainaban, sucedía algo contraintuitivo: dos días después, los instrumentos detectaban un pulso de nieve marina saliendo de la zona superficial.
La clave de este fenómeno se encuentra en la «capa de mezcla», una zona del océano donde la turbulencia agita el agua. Las tormentas la profundizan y, al volver la calma, esta capa se vuelve más somera. Este «encogimiento» deja una reserva de partículas rotas en aguas más tranquilas, donde tienen la oportunidad de reagruparse y formar copos más grandes que están listos para hundirse.
El desplazamiento del carbono en el océano
El equipo de investigación siguió el rastro de partículas a profundidades de entre 200 y 500 metros, donde descubrieron un dato revelador: el número de partículas menores de 0,5 mm se duplicó en el transcurso de un mes. Este aumento no podía explicarse solo por la caída por gravedad, ya que en esas profundidades la turbulencia es demasiado débil como para romperlas, lo que sugiere la intervención de organismos biológicos.
Los autores del estudio estimaron que los procesos biológicos estaban descomponiendo las partículas a un ritmo aproximado del 12% diario. Además, al cruzar datos, se percataron de que los microbios consumían menos de la mitad de lo que «comían». El resto parecía ser procesado por zooplancton que trituraba y reempaquetaba la materia orgánica mientras descendía.
Implicaciones para el futuro del clima
Este descubrimiento es crucial, ya que el océano actúa como una gran válvula de carbono. Comprender estos procesos es fundamental para prever el clima con precisión. Por ello, el equipo de investigación ya trabaja en la integración de estos mecanismos en modelos climáticos y ha programado un encuentro técnico en Glasgow para marzo de 2026, donde discutirán cómo aplicar lo aprendido a la próxima generación de simulaciones del ciclo del carbono.
Este importante estudio fue liderado por el oceanógrafo David Siegel de la Universidad de California en Santa Bárbara y fue publicado en la revista Global Biogeochemical Cycles.
