
MADRID, 26 Ene. (EDIZIONES) – Mareos, palpitaciones, bloqueos mentales, fallos de memoria o la sensación de no poder detener el pensamiento: la ansiedad se ha convertido en la gran epidemia silenciosa de nuestro tiempo. «Es como un detector de humos que puede salvarte la vida, pero mal regulado te la hace imposible», explica en una entrevista con Salud Infosalus el psiquiatra Alejandro Martínez Rico (@alejandropsiquiatra), autor de ‘Ansiedad, ¡déjame en paz!’ (Harper Collins).
En un mundo acelerado y autoexigente, aprender a distinguir el estrés útil de la ansiedad patológica, frenar la rumiación mental y activar una serie de herramientas sencillas, como la respiración diafragmática, pueden marcar la diferencia entre vivir en alerta permanente o recuperar el equilibrio físico y emocional.
«Ahora parece que todo el mundo tiene ansiedad. Es la enfermedad mental más común en el mundo y con eso se puede entender la dimensión del problema», asegura este especialista. La ansiedad aparece cuando la alarma interna, ese estrés, se vuelve crónico y comienza a afectar nuestra salud. «Es como un detector de humos que, a priori, puede salvarnos la vida, pero que si no está bien regulado nos hace la vida imposible», mantiene.
Actualmente, vivimos con una sensación constante de alerta y peligro: «La ansiedad es cuando mi mente no distingue un peligro real de uno imaginario. Vivimos en un mundo frenético y la ansiedad es la enfermedad de las mil caras porque puede agravar o desencadenar cualquier síntoma físico como mareos, náuseas, acúfenos, fallos de memoria e incluso dolores de cabeza. Detrás de la ansiedad hay muchos síntomas físicos, y la ansiedad actúa como gasolina para muchos de ellos», remarca.
En qué se diferencian ansiedad de estrés
El psiquiatra Martínez Rico aclara que el estrés y la ansiedad son términos que muchas veces se emplean indistintamente: «El estrés lo necesitamos para rendir, el cortisol nos da esa energía por la mañana, pero el problema surge cuando el estrés se convierte en ansiedad patológica y en lugar de rendir más, comenzamos a bloquearnos por completo. Todos experimentamos estrés, pero no es normal vivir con niveles elevados de estrés de forma crónica».
Habla de la necesidad de identificar las emociones y de reflexionar sobre lo que nos sucede, algo que no suele ser muy frecuente en nosotros: «Todos en el día a día podemos ver qué es lo que nos pone nerviosos; quizás sea el perfeccionismo, la autoexigencia, la incapacidad para delegar o esa voz crítica interna que repite patrones. A veces, nuestros propios diálogos internos son los peores jefes».
No a la rumiación
Por otra parte, el doctor Martínez Rico destaca el problema de la sobrepensación, una tendencia frecuente que alimenta la ansiedad. «Nos hemos hecho adictos a sobrepensar», dice, refiriéndose a la rumiación de pensamientos negativos que nos impiden alcanzar la paz mental.
Propone dedicar cinco minutos al día para disfrutar de música relajante o simplemente para la introspección: «Si me preocupa mucho y no puedo detener la rumiación, le diré a mi mente que esté tranquila, pero sólo cuando yo decida. Serán momentos en los que me siente a escribir lo que me preocupa, pero eso se queda ahí, para después disfrutar del tiempo con mis amigos o con mis hijos. El sobrepensar nos agota a todos».
La ansiedad nos pasa factura
El doctor Martínez Rico recuerda que unos niveles elevados de cortisol pueden tener un alto costo en nuestra salud, incrementando en un 43% el riesgo de infarto de corazón. Además, la ansiedad multiplica el riesgo de padecer un episodio depresivo.
«Es como coger un tren con destino a la depresión; y si no se detiene este ritmo, al final, el único modo de protegerse es que el cuerpo mismo te obliga a parar, a veces mediante la tristeza o la incapacidad de salir de un estado de agotamiento. Esto es, en términos coloquiales, ‘bajar los plomos'», señala este médico andaluz.
Por ello, defiende que es crucial encontrar maneras de equilibrar nuestro ritmo diario y no vivir a mil revoluciones, ya que de lo contrario pagaremos un «peaje físico, emocional y anímico tremendo».
Sí a la respiración diafragmática
Finalmente, aborda la utilidad de la respiración diafragmática como una herramienta clave en la gestión de la ansiedad. «Es la técnica más solicitada en las consultas, y la que cuenta con mayor evidencia científica», afirma el psiquiatra.
«Nunca nadie se detiene a pensar en cómo deberíamos respirar para relajarnos. Esta técnica es como un botón de calma ante la ansiedad. La respiración diafragmática consiste en imaginar un globo en la barriga que se hincha al inhalar por la nariz, y al exhalar por la boca, el abdomen se hunde. De este modo, activo el diafragma, lo que me ayuda a calmar la ansiedad. Habitualmente, es útil realizar de 3 a 4 respiraciones diafragmáticas en momentos estresantes. La persona notará que ese estrés se disipa de manera notable», concluye el doctor.
