El director Javier Marco reflexiona sobre el impacto del odio en redes sociales en ‘A la cara’, una película surgida a partir del cortometraje homónimo que rodó en 2019 y con el que ganó el Goya a Mejor Cortometraje de Ficción en 2021. A pesar del paso del tiempo, el director lamenta que el tema del odio en las redes sociales «está igual o peor» que en su momento inicial.
Una mirada al odio digital
«Lo que queremos contar es qué pasaría si un ‘hater’ tuviera delante a la persona que odia en redes y le mirase a los ojos, porque quizás a la siguiente ocasión se lo pensaría dos veces o directamente no lo haría», afirma Marco en una entrevista, con motivo del estreno en cines este viernes de su nuevo largometraje.
El cineasta sostiene que el fenómeno de ‘odiar’ a las personas en redes sociales está pasando factura, ya que algunas personas deciden abandonar sus perfiles debido al odio que reciben. «La idea inicial es saber qué pasaría si trasladáramos el odio que hay en las redes sociales a un encuentro cara a cara entre la persona que lanza el odio y el que lo recibe», explica.
Temas complejos en la narrativa
A partir de esa premisa, Marco desarrolla una historia que también aborda temas como «la paternidad, la culpa, la soledad y la empatía», buscando comprender el origen de determinados comportamientos en internet. «No queríamos nunca justificarlo, pero sí intentar entender por qué», señala sobre el personaje protagonista, un hombre «totalmente roto y solitario» que encuentra refugio en las redes sociales, interpretado por Manolo Solo.
El director ha investigado los distintos perfiles psicológicos de los ‘haters’, optando por centrarse en un hombre que define como «invisible»: «El personaje de Manolo es un hombre al que su trabajo no le llena, divorciado, cuya hija no le habla y que siente que tiene vida cuando entra en las redes sociales y publica barbaridades», explica el realizador.
Amplificación del odio en redes sociales
Sobre el auge del odio digital, el director sostiene que «la violencia siempre ha estado», aunque considera que las redes sociales «han amplificado ese odio» y han hecho que ahora «quede constancia» de él de una manera más visible. A pesar de esta preocupación, Marco se muestra escéptico ante la idea de una desaparición total de este fenómeno: «Ojalá se reduzca, que ya con eso yo creo que sería un logro enorme», señala.
Finalmente, el cineasta considera que la película podría tener relevancia en colegios o centros educativos para fomentar un uso más responsable de las redes sociales y abrir un debate sobre el impacto del odio digital.
