Los incendios forestales afectan de manera significativa la calidad del agua, contaminando las fuentes cercanas y degradando el agua de ríos, embalses, pozos y captaciones locales. Las precipitaciones posteriores a un incendio arrastran cenizas y otros restos de combustión hacia estas corrientes, empeorando su calidad.
El agua turbia y contaminada representa un riesgo para el consumo humano, tanto para beber como para cocinar y regar los huertos. Este problema puede tener efectos a largo plazo, ya que los contaminantes pueden alterar los ciclos del agua no solo de manera inmediata, sino también durante años.
Como explica Marcos Francos, investigador de la Universidad de Salamanca, los filtros de las plantas depuradoras pueden obstruirse con estos sedimentos. Además, desinfectantes empleados en estos sistemas, como el cloro, pueden reaccionar con los compuestos tóxicos y generar nuevas sustancias dañinas.
Impacto Invisible: Incendios Forestales y la Calidad del Agua
Según el alcalde de O Barco de Valdeorras, «El Sil baja chocolate puro», en referencia a cómo las precipitaciones posteriores a los incendios del verano arrastran contaminantes hacia ríos y embalses cercanos, poniendo en riesgo a quienes dependen de pozos o fuentes locales, mucho más vulnerables que la red urbana. Esta agua turbia, a la que en algunas regiones llaman «chapapote de monte», representa un peligro para la salud, al dificultar el consumo, la cocina y el riego de cultivos. Los restos de combustión pueden alterar los ciclos del agua durante años.
Para contener este problema, las confederaciones hidrográficas del Tajo, del Duero y del Miño-Sil han anunciado inversiones y medidas de emergencia, como barreras de retención de sedimentos y el refuerzo de captaciones tras los incendios. Estas masas de agua actúan como un vehículo que transporta materiales tóxicos, lo que obstruye los filtros de las depuradoras.
Los desinfectantes, como el cloro, pueden reaccionar con esos compuestos, generando nuevas sustancias perjudiciales.
Cenizas y Sedimentos: La ‘Riada Negra’
Curiosamente, los productos químicos que ayudan a apagar el fuego, como los fluorosurfactantes, terminan contaminando el agua y liberando toxinas. Esto provoca que el agua se vuelva más turbia y altere su composición química, dañando la fauna y flora acuáticas. Un estudio reciente publicado en Nature analiza datos desde 1984 a 2021 en cuencas afectadas y no afectadas por incendios en el oeste de EE. UU., encontrando que los fuegos aumentan de 3 a 100 veces el carbono orgánico, nitrógeno, fósforo, sedimentos y turbidez en aguas superficiales.
En áreas rurales, el agua extraída de pozos no controlados puede convertirse en un problema de salud pública. Puede presentar impurezas y resultar tóxica. Es imprescindible realizar controles periódicos, ya que los contaminantes pueden infiltrarse en acuíferos subterráneos durante años.
Efectos Duraderos de los Incendios
El incendio de la Sierra de la Culebra, uno de los más devastadores en España, ilustra bien esta vulnerabilidad. Juan Carlos Santamarta, investigador de la Universidad de La Laguna, lidera un estudio que comparó más de diez años de datos previos al incendio con muestras de aguas subterráneas tomadas tras las lluvias de 2023. Los resultados mostraron un descenso generalizado del pH en acuíferos permeables, debido al arrastre de compuestos ácidos de la vegetación quemada, así como aumentos de sulfatos, nitratos, metales y señales de la infiltración de cenizas.
Pese a ello, el sistema hidrogeológico mostró una buena capacidad de recuperación y no sufrió daños duraderos, salvo un pico de fósforo en un punto, relevante por su relación con la proliferación de algas. Sin embargo, el estudio advierte que, aunque estos impactos son más sutiles y tardíos que en ríos y embalses, el riesgo existe y aumenta con incendios y sequías, lo que exige un seguimiento y protección continuados.
En una investigación en Braga, Portugal, tras un incendio forestal en 2017, se detectaron aumentos de metales como hierro, manganeso y cromo, así como de sulfatos y nitrógeno en manantiales y pozos locales.
Depuradoras y Contaminación
Los incendios forestales cercanos pueden movilizar químicos de viviendas, vehículos y otros materiales de construcción.
En algunos casos, se han detectado compuestos orgánicos volátiles, como benceno, en el agua potable tras estos incendios, según Steve LeDuc de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. Este patrón se repite en otras regiones del mundo. Un análisis realizado en India sobre suelos y aguas superficiales afectadas por incendios encontró niveles peligrosos de metales pesados que representan riesgos de toxicidad y cáncer por consumo o contacto con el agua.
En los embalses, la llegada masiva de sedimentos, cenizas y restos vegetales reduce la capacidad de almacenamiento y provoca costosas operaciones de dragado.
Este aporte extra hace que se necesiten mayores cantidades de desinfectantes en las depuradoras.
La alteración tras grandes incendios, cada vez más frecuentes debido al cambio climático, comienza en el suelo. Con la vegetación destruida, la superficie queda expuesta y el fuego genera una capa hidrofóbica que impide la infiltración del agua.
La Variación de los Flujos de Agua
Esto incrementa la escorrentía y la erosión, movilizando contaminantes hacia ríos y arroyos o filtrándolos hacia las aguas subterráneas. El agua que antes se filtraba lentamente hacia los acuíferos ahora arrastra cenizas, carbono y metales pesados, que terminan en los pozos o depósitos cercanos, con riesgos para la salud si se consumen sin tratamiento.
El agua que antes se filtraba lentamente hacia los acuíferos ahora arrastra cenizas, carbono y metales pesados que terminan en los pozos o depósitos cercanos.
Contaminantes de los Agentes Contra Incendios
No todas las intervenciones son adecuadas; algunas pueden ser contraproducentes y causar más daño al suelo que el propio fuego, como la tala y la extracción de madera quemada con maquinaria pesada. El investigador coordina actualmente FuegoRed, un consorcio que agrupa a más de 500 científicos y técnicos de distintas disciplinas, subrayando que cada incendio y cada ecosistema son únicos y requieren soluciones adaptadas.
La comunicación y la planificación son clave para reducir riesgos. Es fundamental que los gestores del agua y la población sean conscientes de estos problemas potenciales tras los incendios para asegurar que los suministros sean analizados y tratados.
Las nanopartículas magnéticas (MNPs) se perfilan como una herramienta muy relevante para el tratamiento avanzado del agua.
Su tamaño nanométrico permite una interacción directa a escala molecular, facilitando la depuración y reduciendo costos. Puedes integrar MNPs en membranas, filtros o hidrogeles, potenciando sus propiedades o combinándose con otros materiales. Esto se aplica frente a contaminantes diversos, incluyendo metales pesados y pesticidas.
La Ciencia lo Confirma: Aumento de Contaminantes Tras Incendios
En su trabajo de revisión de más de 200 estudios, los investigadores encontraron que los metales pesados, como plomo, cadmio o mercurio, se eliminan con eficiencias superiores al 90%. También se obtuvieron buenos resultados con colorantes industriales, antibióticos e hidrocarburos.
El fuego deja cicatrices visibles e invisibles. Solo con innovación, gestión y prevención se puede restaurar la calidad del agua, revitalizar los ecosistemas y proteger la salud de las comunidades.
La alteración de la composición química del agua
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