
MADRID, 11 Abr. – Hungría encara este domingo las elecciones europeas más importantes del año; unos comicios que transformarán tanto la política interna del país como las difíciles relaciones entre Budapest y la Unión Europea a la sombra de la guerra de Ucrania si finalmente se cumplen los pronósticos y el líder opositor Peter Magyar y su partido Respeto y Libertad (Tisza) acaban con 16 años de gobierno del primer ministro, el ultraconservador Viktor Orbán.
Los comicios representan un plebiscito sobre Orbán, un hombre que se ha convertido en el gran exponente de la polarización reinante en una Europa Central, atrapada entre una corriente liberal y europeísta y una vertiente con una agenda ultranacionalista y conservadora que cuenta entre sus aliados con el presidente Vladimir Putin y se presenta como el gran amigo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En un clima político extremadamente tenso y bajo la atenta mirada de Bruselas y Washington, las principales encuestas dan como favorito en las elecciones a Magyar y a su partido, pero el impacto de su victoria dependerá no solo de la contundencia de su triunfo, sino del carácter que decida exhibir el líder opositor, cuyas posturas no están tan alejadas de las de Orbán, su antiguo jefe.
En términos de política exterior, Magyar ha prometido, como mínimo, dialogar con Bruselas en términos más amables, pero ha avisado que no tiene intención de revertir la actual política húngara sobre la adhesión de Ucrania a la UE. En relación a las relaciones con Rusia, aunque contempla reducir la dependencia energética, su fecha prevista de 2035 queda muy por detrás del objetivo de 2027 marcado por Bruselas.
En el plano interno, Magyar ha expresado su deseo de eliminar toda presencia de leales a Orbán en el Poder Judicial –el otro gran conflicto, junto a la postura sobre Ucrania, que ha enfrentado a Budapest con Bruselas– y en los medios de comunicación, pero el sistema electoral húngaro no favorece la victoria contundente que necesita para llevar a cabo estos cambios.
Respecto a cuestiones sociales, Magyar, quien se enmarca en el espectro conservador, se ha pronunciado de manera general sobre temas tan importantes como la situación de la comunidad LGBTQ, perseguida por Orbán durante años. «Cuando nos toque en el poder, todo el mundo vivirá como quiera y amará como quiera, mientras no viole la ley», manifestó el dirigente de Tisza en declaraciones recogidas por el diario ‘The Observer’.
Esta indefinición ha caracterizado gran parte del meteórico ascenso de Magyar, un relativamente desconocido en la política húngara, hasta su explosiva irrupción en las Parlamentarias Europeas de junio de 2024, donde el partido recién creado de este abogado de 45 años se alzó con siete de los 21 escaños en juego, solo cuatro meses después de abandonar el partido Fidesz de Orbán tras denunciar un escándalo de encubrimiento de abusos a menores.
El líder opositor no solo dejó el partido, sino también sus cargos en dos empresas estatales y un banco nacional; una estrategia de salto al vacío que ha trascendido la dimensión estrictamente política, situando a Magyar en el imaginario de la oposición húngara como una figura casi «mesiánica» en su empeño por derribar a Orbán de una vez por todas y colocar a Tisza, «un partido de un solo hombre», en primera línea política según un reciente análisis del Consejo Europeo sobre Relaciones Exteriores.
El destino de Hungría, bajo la lupa de Trump y Bruselas
Este pasado viernes, el primer ministro de Hungría dejó claro en un discurso publicado en redes sociales la importancia crucial de estos comicios. «No solo se elige un gobierno: se elige el destino de un país», aseveró antes de advertir por enésima vez que Magyar, con el respaldo de «servicios secretos extranjeros», no se detendrá «ante nada» para llegar al poder.
Orbán también alertó que ya están organizando manifestaciones y disturbios antes del recuento de votos, denunciando un inminente «intento organizado de cuestionar la decisión del pueblo húngaro mediante el caos, la presión y el descrédito internacional».
Durante las últimas semanas, ha situado la guerra en Ucrania y su bloqueo total a la política europea de asistencia a Kiev como un tema central de la campaña, protagonizando duras críticas retóricas con el presidente Volodimir Zelenski y llevando su veto a las últimas cumbres europeas. Pese a la presión de los socios europeos, Orbán mantiene su veto a los 90.000 millones de euros de ayuda para mantener a flote a Ucrania.
En este contexto de alerta, Orbán agota sus últimos cartuchos de una campaña que ha culminado esta semana con un espaldarazo desde la Casa Blanca, con las visitas del núcleo duro de la Administración Trump, comenzando por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, a mediados de febrero, y un mensaje final de apoyo de Trump a su amigo, «un líder firme y poderoso» que cuenta con su «respaldo total y absoluto para su reelección».
La constante tensión entre Orbán y la Unión Europea también ha sido un tema en la campaña: este mismo jueves, la Comisión Europea pidió explicaciones a Orbán sobre una investigación periodística que reveló que Budapest se ofreció a remitir documentos confidenciales de los 27 a Moscú, el enésimo ejemplo de las suspicacias que han marcado años de relaciones entre Budapest y Bruselas.
Un relativo cambio de paradigma
Sobre la relación con Bruselas, Magyar ha prometido una defensa enconada de los intereses nacionales, pero en términos más amables, por lo que se espera que logre reconstruir las relaciones con las instituciones comunitarias. El jefe de gabinete de Tisza en la Eurocámara, Márton Hajdu, describe su partido al portal Politico como una formación «completamente prohúngara» que, sin embargo, «está comprometida a defender los intereses nacionales dentro de la UE, no en sus márgenes, y nunca contra ella».
No obstante, el conflicto persiste; sus siete representantes en la Eurocámara fueron sancionados por su grupo paraguas, el Partido Popular Europeo, luego de no presentarse a votar por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante una moción de censura que terminó salvando en enero.
Las encuestas apenas sirven de orientación debido a la enorme disparidad de resultados en los sondeos, dependiendo de la afinidad de los medios al Gobierno de Orbán. Parece existir cierto consenso en que Magyar y Tisza son favoritos, pero el margen es imposible de calcular a la espera de ver qué sucede con el voto de la diáspora, tradicionalmente favorable al Fidesz, o el rendimiento de posibles socios de coalición de Orbán, como el movimiento ultraderechista Nuestra Patria (Mi Hazánk) de László Toroczkai.
Además, el sistema constitucional húngaro está diseñado de tal manera que no solo las enmiendas constitucionales, sino también una amplia gama de leyes en áreas políticas clave, solo pueden aprobarse o modificarse por mayoría de dos tercios, lo que hace que el margen de victoria de Magyar sea crucial para su iniciativa de transformar lo que Orbán describió en 2014 como un «sistema iliberal», donde la voluntad del pueblo lleva décadas ejerciéndose bajo el filtro de su persona y las instituciones democráticas han permanecido en segundo plano.
