El futbolista del Atlético de Madrid, Robin Le Normand, ha presentado recientemente su libro titulado ‘Por miedo a decepcionar’. Con esta obra, busca mostrar su «parte más profunda» y demostrar al público que no solo es «el central que disputa duelos», reconociendo que ha tenido que aprender a convivir con una «segunda voz» que a veces actúa como «un saboteador interno». A esta voz no puede permitir que «se coma la ilusión» que siente al jugar al fútbol.
«Todavía me cuesta escribir dedicatorias, estoy acostumbrado solo a firmar», confiesa Le Normand mientras firma un ejemplar de su libro editado por ‘Planeta’. En este relato, que se sitúa entre la autobiografía y el testimonio personal, el central hispano-francés abandona temporalmente el césped para explorar el origen de su «mayor conflicto»: la autoexigencia extrema. «No quería decepcionar a mis padres, a la gente. Tenía esa visión del mundo por mis experiencias de vida, pero es verdad que no quería decepcionar a nadie. Ese ha sido el motivo principal de por qué quería escribir este libro, para entenderme más», explica.
Con su narrativa, Le Normand busca humanizar la figura del deportista. «Uno de los objetivos es humanizar un poco más nuestra profesión y a las personas famosas, que muchas veces vemos lo bonito que es, pero olvidamos el ser humano que hay detrás, las dudas, los miedos y las responsabilidades de cada uno», señala. En su caso, su intención fundamental es mostrar «la parte más profunda de Robin Le Normand, quién soy realmente, no solo el central que disputa duelos, porque también hay un humano con sus golpes emocionales».
La escritura ha sido para el internacional español una herramienta terapéutica que comenzó «hace tres o cuatro años». Al detallar esta experiencia, afirma que «es algo muy profundo. Escribir permite ordenar las ideas sobre cómo ves el mundo, tu pasado y los golpes, encontrando soluciones en ese instrumento que es el papel». En este proceso, revela cómo ha aprendido a convivir con esa «segunda voz» que denomina su «saboteador interno», señalando que, «hoy en día convivo mejor con él. He empezado a tener más paz, a ordenar cuándo esa voz nos sirve y cuándo no». Su psicóloga está «muy ilusionada» con el proyecto, el cual también ha despertado el interés de sus compañeros en el vestuario rojiblanco.
SU PAPEL EN SU FAMILIA
El libro no solo repasa su carrera deportiva, sino que también ha servido para reconstruir su historia personal. «Hay historias que pensaba que habían pasado de una forma y realmente eran de otra. Mi memoria había manejado mi historia para hacerla más fácil de vivir», reconoce Le Normand. Este camino lo ha llevado a buscar respuestas en su entorno familiar, reconociendo que «he vuelto a hablar con mis padres para sanar ‘esquinas’ de esas historias y ha sido tremendo».
Al rememorar su infancia, se describe como un niño «muy feliz», aunque con una carga de responsabilidad como hermano mayor. «Recuerdo siempre estar con una sonrisa. Era el primero de los hijos, así que con esa responsabilidad y el miedo a no decepcionar a mis padres, a guiar a mis hermanos pequeños», reflexiona, a la vez que reconoce que hay «una cierta tristeza».
El fallecimiento temprano de su hermana Lou marcó su infancia. «Tengo muchos recuerdos de imágenes que, por suerte, mi padre ha podido grabar. Ha sido duro, pero tuve un entorno increíble con mis padres, abuelos y hermanos. Nuestros padres nos sentaban a la mesa y había que hablar para expresar lo que había en nuestros corazones. Eso nos unió mucho y aunque no hay que olvidar, será una cicatriz grande», confiesa Le Normand.
Escribir ‘Por miedo a decepcionar’ le ha acercado nuevamente a Lou. «Desde el inicio, siempre ha estado conmigo», dice, al tiempo que resalta a sus padres como «motores increíbles» y ejemplos de superación. «Mis padres nos han demostrado cómo seguir avanzando porque no había otra manera. Lo que he visto desde el prisma de un hijo es que ellos han continuado peleando con la vida y dando lo mejor para sus tres hijos», comenta agradecido.
Además, expresa su gratitud por la reacción de sus padres al leer su relato, lo que ha significado el cierre de un círculo terapéutico. «Se han dado cuenta de cosas de las que nunca habíamos hablado. Han podido entrar en mi terapia y ser actores del libro. Nos ha ayudado mucho a sanar», añade.
«HAY QUE SEGUIR CUANDO SURGEN MOMENTOS DUROS»
Le Normand sostiene que «no hay tiempo para lamentarse». Sobre los momentos difíciles, que a menudo se denominan fracasos, indica que siempre hay un tiempo para sentarse, sufrir, pero también hay que seguir adelante. «Mis padres han sido un ejemplo de superación, siempre decían ‘ahora, ¿qué hacemos? El pasado está hecho, ahora hay que levantarse de la cama'», recuerda el futbolista.
Insiste en que la superación radica en «seguir buscando y avanzando por lo que te gusta». «Para mí, superarse es seguir con la vida, trabajando y esforzándose para mejorar lo que has fallado, mejorando dentro de ti para ser mejor persona», afirma.
Hoy, Robin Le Normand se considera una persona «feliz y tranquila», con un fuerte apego a su entorno familiar. «Soy muy familiar. Necesito llamar a mi madre, a mi hermano, a mi hermana. Necesito ese contacto diario, aunque sea por videollamada, con la gente que quiero», concluye. Para él, la vida se trata de encontrar un equilibrio y practicar un «egoísmo» saludable. «Mi vida es sentirme bien, cuidar primero de mi cuerpo y mente para ir a por los objetivos que me animan», reflexiona. Aunque el fútbol sigue siendo su gran pasión, ahora lo aborda con una nueva perspectiva: «No puedo dejar que ese saboteador interno se coma la ilusión que tengo cuando disfruto del fútbol».
