El Kremlin ha reafirmado su postura respecto al reciente lanzamiento de prueba del misil de crucero de largo alcance y propulsión nuclear Burevéstnik, indicando que este desarrollo busca garantizar la seguridad de Rusia en respuesta a lo que consideran un creciente militarismo europeo. Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, destacó en una rueda de prensa que la intención de este ensayo no es causar tensión en las relaciones entre Moscú y Washington, las cuales, según él, están comenzando a restablecerse.
Peskov subrayó que «Garantizar la seguridad de Rusia es una cuestión de importancia vital, especialmente en el marco del ánimo militarista que ahora escuchamos principalmente de los europeos». Además, mencionó que los europeos se encuentran en un «estado de histeria, rusofobia, agresividad y belicosidad interior» y que, en tales condiciones, Rusia debe hacer lo posible para asegurar su propia defensa.
El portavoz insistió en que el ensayo del Burevéstnik no debería afectar las relaciones con Estados Unidos y, a pesar de las sanciones impuestas por la administración Trump, Rusia sigue abierta al diálogo. Hizo eco de las palabras del presidente estadounidense, quien dijo el lunes que el ensayo no es «adecuado» y pidió a Vladimir Putin que se concentre en poner fin a la guerra en Ucrania, una contienda que, según Trump, «debería haber durado una semana» y que ahora se extiende por casi cuatro años.
Consultado sobre la posibilidad de nuevas sanciones estadounidenses, Trump dejó la respuesta abierta, afirmando: «Ya lo descubriréis».
Los comentarios del presidente estadounidense llegaron horas después de que Moscú anunciara un exitoso test del Burevéstnik, que, según el Estado Mayor del Ejército ruso, recorrió 14.000 kilómetros durante casi 15 horas de vuelo el día 2. Trump también hizo hincapié en la presencia de submarinos nucleares rusos en proximidad a las costas estadounidenses, argumentando que estos no necesitan recorrer distancias extensas para ser efectivos.
Este desarrollo en la capacidad armamentista de Rusia es parte de una estrategia que se intensificó luego de que Estados Unidos abandonara en 2001 el tratado antimisiles, lo que llevó a Moscú a buscar crear su propio escudo antimisiles. En el contexto actual, Putin también dirigió maniobras de las fuerzas nucleares rusas por tierra, mar y aire, justo después de la cancelación de una cumbre en Budapest con su homólogo estadounidense, a causa de la negativa de Moscú a cesar las hostilidades en Ucrania.
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