Un reciente estudio revela que el consumo de cannabis entre adolescentes, incluso en cantidades ocasionales, puede tener efectos perjudiciales significativos en su rendimiento académico y bienestar emocional. Los hallazgos sugieren que cuanto más frecuentemente los jóvenes consumen cannabis, mayores son las probabilidades de que experimenten malestar emocional y problemas sociales y académicos.
Peor rendimiento escolar con consumos ocasionales
Según el estudio, «mientras que investigaciones anteriores se han centrado en los efectos del uso frecuente de cannabis entre adolescentes, nuestro estudio descubrió que cualquier cantidad puede poner a los menores en riesgo de quedarse atrás en la escuela.» Esto significa que incluso unos pocos porros considerados ‘inofensivos’ pueden tener consecuencias académicas reales. Los jóvenes que consumen cannabis de manera habitual suelen enfrentar dificultades para concentrarse, pueden faltar a clase y, en consecuencia, perder interés en sus planes futuros.
Mayor malestar emocional y problemas sociales
A pesar de que el consumo de muchas sustancias se encuentra en mínimos históricos entre los jóvenes estadounidenses, el cannabis sigue siendo una excepción.
Aproximadamente 1 de cada 5 estudiantes de secundaria lo consume actualmente, y cerca del 6 % de los alumnos de 12º curso, el equivalente a 2º de Bachillerato en España, lo utilizan a diario, una tasa que ha incrementado en la última década.
El impacto puede ser dramático; «no es raro que un adolescente fume marihuana solo unas pocas veces antes de mostrar signos de abstinencia y empeoramiento del estado de ánimo«, enfatiza Sultan, uno de los investigadores.
Los científicos están especialmente preocupados, dado que los productos de cannabis actuales contienen entre dos y tres veces más THC (el compuesto psicoactivo) en comparación con los del pasado, lo que los hace más potentes.
Productos con más THC y mayor potencia
Estudios previos han indicado que el consumo de cannabis durante la adolescencia, una etapa crítica en el desarrollo del cerebro, puede tener efectos duraderos en las funciones cognitivas cruciales para el rendimiento académico. «El cerebro de un adolescente todavía está desarrollando los circuitos para el aprendizaje, el autocontrol y la regulación emocional», sostiene Tim Becker, psiquiatra infantil y adolescente del Weill Cornell Medicine y coautor del estudio. El consumo de cannabis, incluso de forma ocasional, durante estos periodos críticos puede interrumpir esos procesos y afectar el desarrollo normal.
El cerebro adolescente, especialmente vulnerable
El nuevo estudio analizó los datos de una encuesta nacional realizada entre más de 160.000 estudiantes estadounidenses de 8º, 10º y 12º grado (2º y 4º de la ESO y 2º de Bachillerato) entre 2018 y 2022. Más de una cuarta parte de los encuestados declaró consumir cannabis; menos del 20 % afirmó hacerlo una vez al mes o con menos frecuencia; y un porcentaje mucho menor indicó que lo consumía semanalmente o casi a diario.
Los adolescentes que usaban cannabis una o dos veces al mes mostraron índices más altos de síntomas similares a la depresión, ansiedad y comportamiento impulsivo en comparación con aquellos que no lo usaban. Los consumidores casi diarios tenían casi cuatro veces más probabilidades de obtener malas calificaciones y se desvinculaban con mayor frecuencia de las actividades escolares. Además, estas asociaciones eran aún más fuertes en los usuarios más jóvenes.
Una excepción preocupante en el consumo juvenil de drogas
Los expertos recomiendan mantener conversaciones francas y sin prejuicios con los adolescentes sobre el cannabis desde una edad temprana y de forma regular.
Es fundamental que los jóvenes comprendan que «natural» no significa «seguro». Los padres deben estar atentos a señales de alerta, como la disminución de las calificaciones, los cambios de humor o la pérdida de interés en las aficiones, considerando que el cannabis podría ser la causa.
Los investigadores advierten que los productos de cannabis actuales tienen mucho más THC que en el pasado, aumentando su potencial dañino. Dado que la adolescencia es un período crítico para el desarrollo cerebral, incluso una exposición limitada puede afectar el aprendizaje, el autocontrol y la regulación emocional, con consecuencias de largo plazo para los jóvenes.
