MADRID 6 Nov. (EUROPA PRESS) – El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) lidera un proyecto europeo de 10 millones de euros, concedido por el Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés), para descifrar cómo la grasa controla la salud del cuerpo y buscar un fármaco capaz de proteger al corazón de la grasa perjudicial.
El proyecto ‘Descifrando el papel del tejido adiposo en la salud y la enfermedad cardíacas: ADIPOhealth’, es una colaboración internacional de seis años de duración, coordinada por Sabio. Al grupo del CNIO le corresponden unos 3 millones de euros para descifrar cómo la grasa se comunica con el resto de nuestro organismo.
Esta iniciativa es considerada muy competitiva, ya que de los 712 proyectos presentados, solo 66 han recibido financiación; estos serán desarrollados por grupos de investigación en 26 países europeos y también en Estados Unidos.
En España, una quinta parte de la población tiene obesidad, una enfermedad que eleva el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares o diabetes. Hasta hace poco, se asumía que ese riesgo se derivaba del peso de la grasa. Sin embargo, Guadalupe Sabio, jefa del Grupo de Interacciones Metabólicas del CNIO, sostiene que «lo que importa no es la cantidad de grasa sino su calidad y su buen funcionamiento». La grasa es un órgano cuyas células cumplen una función, y el riesgo aparece cuando no la realizan de manera adecuada. «Aún no sabemos cómo se comporta la grasa y cómo influye esto en otros órganos y tejidos», añade.
Influencia del tejido adiposo en la salud
El proyecto investigará la influencia del tejido adiposo en el corazón, pero los resultados ampliarán el conocimiento de la función de la grasa en el organismo en general, así como su papel en enfermedades como el cáncer. Comprender en qué es disfuncional la grasa de cada persona podrá indicar la probabilidad de sufrir enfermedades asociadas, como quién es más susceptible de tener un infarto o de desarrollar cáncer. Esta información es crucial para los médicos, quienes actualmente no cuentan con herramientas para diagnosticar la enfermedad del tejido adiposo y, en consecuencia, no pueden determinar los riesgos reales que enfrenta cada paciente.
Si la obesidad aumenta el riesgo de fallo cardíaco, los tratamientos antitumorales también pueden contribuir a este riesgo. De hecho, un 60 % de los casos de abandono de tratamientos de cáncer se deben a problemas cardíacos. Comprender cómo las células de grasa controlan el corazón permitiría adaptar los tratamientos antitumorales en las personas con sobrepeso y obesidad.
Identificación de biomarcadores
El primer objetivo del proyecto ADIPOhealth es identificar cambios que se producen en la grasa disfuncional y cómo estos cambios alteran la comunicación de las células de grasa, o adipocitos, con el corazón. Buscan biomarcadores: sustancias que secreta el adipocito cuando es disfuncional. Debido a que estas sustancias circulan en la sangre, podrían ser utilizadas como dianas terapéuticas y tratamientos accesibles.
Los biomarcadores permitirán detectar qué grasa está sana y cuál no, diferenciando así cuáles de las personas con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo cardiovascular, y cuáles mantienen bajo ese riesgo. Además, «también hay personas delgadas con adipocitos disfuncionales sin saberlo», observa la especialista en metabolismo. Si el adipocito no es capaz de almacenar grasa, esta puede acumularse en el hígado, lo que, a pesar de tener un peso normal, incrementa el riesgo de hígado graso y, por tanto, de cáncer hepático.
Para determinar los biomarcadores que indiquen el riesgo real de cada persona, el equipo de Sabio en el CNIO estudiará en modelos animales y muestras humanas por qué y en qué medida cada adipocito es disfuncional, y qué sustancias secreta cuando no funciona adecuadamente. El grupo de Jesper Olsen, de la Universidad de Copenhague, se encargará del análisis de proteínas en las diferentes muestras.
Dale Abel, de la Universidad de California en Los Ángeles, colaborará con Sabio para determinar cuáles de estas sustancias afectan a las células del corazón y otros tejidos y cuáles podrán servir como biomarcadores. «En el tejido adiposo no tenemos ningún marcador que nos diga: tu tejido adiposo está mal», señala Sabio.
Los biomarcadores seleccionados se contrastarán en muestras humanas. Los resultados definirán las moléculas clave sobre las que actuar para evitar los efectos perniciosos del mal funcionamiento de los adipocitos. En una fase final, el grupo de Sabio intentará desarrollar un fármaco dirigido a esas moléculas diana, y posteriormente Mauro Giacca, del King’s College de Londres, diseñará nanopartículas que puedan administrarse y llegar directamente al corazón.
