
MADRID, 20 de mayo – Muchos de los síntomas asociados a la menopausia, como la niebla mental, despistes, ansiedad e insomnio, tienen su origen en el cerebro. La neurocientífica Raquel Marín lo explica en su libro Neuropausia (Rocaeditorial), en el cual analiza cómo el descenso hormonal afecta la comunicación neuronal, el metabolismo cerebral y el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Durante una entrevista con Salud Infosalus, Marín, catedrática de Fisiología en la Universidad de La Laguna, detalla que las hormonas sexuales femeninas también desempeñan funciones fundamentales en el cerebro. «A las hormonas femeninas se les puede llamar hormonas cerebrales, ya que cumplen numerosas funciones a lo largo de la vida. De hecho, en el cerebro también se producen neuroesteroides, que son pseudoestrógenos que colaboran con el funcionamiento del organismo», explica.
Esto incluye la vascularización del cerebro, que debe mantenerse saludable. Según Marín, el cerebro consta de casi 600 kilómetros de vasos sanguíneos, y consume mucha glucosa y oxígeno, a pesar de su pequeño tamaño comparado con otros órganos. Las neuronas, que son esencialmente células que «charlan» entre sí, dependen del suministro de combustible a través de este torrente sanguíneo. La fluctuación hormonal durante la perimenopausia se refleja en lo que ella describe como «diálogo truncado de las hormonas por la carencia de captación de glucosa».
Los estrógenos, un servicio de limpieza del cerebro
Marín también señala que los estrógenos participan en la supervivencia de las neuronas, ayudando a protegerlas de toxinas, actuando como un «servicio de limpieza de la red neuronal». Esto es crítico, ya que con el declive hormonal asociado a la menopausia, el riesgo de desarrollar Alzheimer aumenta. No obstante, aclara que no todas las mujeres con menopausia lo experimentarán; existe una tendencia a perder esos circuitos que eliminan los agregados tóxicos que podrían ser precursores de enfermedades neurodegenerativas.
La menopausia como etapa de transición neurológica
La neurocientífica describe la menopausia como una ‘transición neurológica’, donde los síntomas más comunes de este cambio hormonal son de naturaleza neurológica. «El cerebro es el principal órgano gestor de nuestra vida. Las hormonas sexuales femeninas impactan múltiples áreas cerebrales diferentes», dice Marín.
Este descenso hormonal desde la perimenopausia afecta a muchas funciones, lo que explica la naturaleza neurológica de los síntomas. Por ejemplo, los trastornos del sueño pueden surgir debido a que las áreas cerebrales encargadas del sueño y la regulación de temperatura, vitales para un buen descanso, se ven alteradas por la variabilidad hormonal.
Con respecto a los sofocos, Marín celebra que ya existen medicamentos en el mercado que actúan a nivel neurológico para regular la temperatura corporal. En cuanto a la niebla mental, que incluye una mayor sensación de aturdimiento, esta se relaciona con cambios en las hormonas sexuales durante la perimenopausia. Además, gestiona aspectos emocionales como la ansiedad o desmotivación, que también están interconectados con áreas cerebrales específicas.
La función sexual en la menopausia
Finalmente, al preguntar sobre la sexualidad femenina durante la menopausia, Marín observa que muchas mujeres sienten una disminución en su deseo sexual, ya que las hormonas sexuales afectan la libido. Sin embargo, aclara que esta es una etapa especialmente «pasajera». Una vez establecida la menopausia, las mujeres pueden recuperar el deseo sexual sin problemas.
«Nuestra sexualidad se relaciona con nuestro estado mental y emocional. En esta etapa, debemos trabajar en reforzar nuestra autoestima y mejorar la comunicación social con la pareja. A veces, la falta de deseo tiene mucho que ver con nuestra pareja, ya que ambos están experimentando cambios que influyen en la sexualidad», concluye Raquel Marín.
