BARCELONA, 21 Abr. – El escritor inglés Mark Galeotti valora en su libro ‘Homo Criminalis’ (Capitán Swing) cómo el mundo del crimen organizado ha estado presente desde el surgimiento de la sociedad moderna y cuál es su relación con los gobiernos. Asegura que muchos se conforman con minimizarlo en lugar de eliminarlo: «El crimen puede (y debe) combatirse, pero nunca puede derrotarse por completo».
En una entrevista, Galeotti reconoce que el Estado siempre es más poderoso que el mundo de la delincuencia, a excepción de algunos ejemplos al borde del colapso como Afganistán, Somalia o Haití. Los gobiernos cuentan con más armas, hombres y recursos.
Los delincuentes, señala, se esconden en las sombras de la sociedad, en los barrios marginales o en los páramos sin ley. Su objetivo es hacer que resulte demasiado difícil, caro y controvertido para que el Gobierno pueda desplegar toda su fuerza. Galeotti pone de ejemplo los golpes policiales en países como Brasil, donde la expulsión de delincuentes de una favela solo sirve para empujarlos hacia la siguiente. «Tienen que pacificar y vigilar cada barrio marginal que ‘liberan’, gastando dinero no solo en patrullarlo, sino también en prestar servicios públicos. No pueden permitirse hacerlo en todas partes, todo el tiempo».
Incremento de armas
Cuando se le pregunta sobre cómo la delincuencia organizada cuenta cada vez con más armas de fuego para proteger sus operaciones, el escritor reconoce que existen muchas formas de delinquir más allá de la violencia física directa. Sin embargo, apunta que en caso de que los delincuentes tengan armas, «las usarán, ya sea para coaccionar a la población, resistirse a la detención o librar sus disputas con sus rivales».
Esto conduce a que personas inocentes se vean atrapadas en el fuego cruzado, generando la sensación de que el Estado es incapaz o no está dispuesto a protegerlas. Galeotti enfatiza que «esto debe ser una prioridad para la policía».
Los delincuentes se hacen
Galeotti considera que los delincuentes «se hacen, no nacen», señalando que las circunstancias en las que uno viene al mundo son relevantes. Un miembro de una comunidad marginada tiene menos probabilidades de encontrar oportunidades y enriquecerse por medios legales.
Finalmente, sostiene que las herramientas, leyes y el entorno en el que operan las redes criminales actualmente no se alejan demasiado de las estructuras del siglo XVII. Los fundamentos del mundo del crimen siguen siendo los mismos: «Cuanto más cambian los delitos, más permanecen igual».
