
MADRID, 12 Abr. – A lo largo de los años, hay comportamientos cotidianos que pasan desapercibidos, integrándose en nuestra rutina diaria sin que se les preste atención. Sin embargo, cada vez más investigaciones están analizando estos hábitos desde una nueva perspectiva.
En particular, algunos de los gestos más simples del día a día, como moverse más o descansar adecuadamente, podrían tener un impacto considerable en la salud del cerebro a largo plazo. Lo más relevante es que estos patrones no solo afectan al presente, sino también al futuro.
Un estudio de la Universidad de York, Canadá, indica que la actividad física regular y dormir las horas recomendadas pueden reducir el riesgo de demencia en la edad adulta. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones clínicas que podrían servir de base para guías de salud a lo largo de la vida, incluyendo la implementación de estrategias de salud pública personalizadas.
El estudio, publicado en PLOS One, señala que se estima que 55 millones de personas en todo el mundo viven con demencia, y se prevé que tanto su prevalencia como su costo aumenten, alcanzando los 2.000 millones de euros globales para 2030.
69 Cohortes y Millones de Adultos para Seguir la Pista a la Demencia
Los tratamientos actuales para prevenir o tratar la demencia tienen una eficacia limitada, por lo que las iniciativas de salud pública se han centrado en promover hábitos de vida saludables para reducir el riesgo antes de que aparezcan los síntomas. Existen comportamientos saludables, como la actividad física regular y una buena higiene del sueño, que favorecen la salud cognitiva; sin embargo, es necesario comprender mejor su relación con la demencia.
En esta revisión sistemática y metaanálisis, los investigadores analizaron datos de 69 estudios de cohortes prospectivos que representan a millones de adultos mayores de 35 años que viven en la comunidad, determinando si existía una relación entre el desarrollo de la demencia y tres hábitos de vida: actividad física, sedentarismo y duración del sueño.
Cada uno de los estudios observacionales registró los comportamientos de participantes cognitivamente sanos y posteriormente realizó un seguimiento para informar sobre las tasas de demencia subsiguientes.
Moverse Más, Dormir ‘Lo Justo’ y Sentarse Menos
En general, el metaanálisis reveló que la actividad física regular, un menor tiempo de sedentarismo y un sueño nocturno adecuado (7-8 horas) se asociaron con un menor riesgo posterior de demencia. La actividad física regular se asoció con un riesgo promedio un 25% menor de demencia entre los 49 estudios analizados, aunque existe una considerable heterogeneidad entre ellos.
Dormir muy poco (<7 horas) o demasiado (>8 horas) se asoció con un riesgo posterior de demencia un 18% y un 28% mayor, respectivamente, en comparación con un sueño nocturno óptimo de 7 a 8 horas; y permanecer sentado durante períodos prolongados (>8 horas al día) se asoció con un riesgo de demencia un 27% mayor en los 3 estudios relevantes analizados.
Lo que Aún No se Puede Asegurar (y lo que Sí Puedes Empezar a Cambiar Hoy)
El estudio es coherente con investigaciones previas y las amplía, utilizando una población amplia y diversa con largos periodos de seguimiento. Si bien el diseño del estudio no permite establecer una relación causal entre la actividad física, el sueño y la demencia, los hallazgos sugieren una asociación entre la adherencia a las recomendaciones de actividad física y niveles de sueño en adultos de mediana y avanzada edad y un menor riesgo de demencia en la vejez.
Como indican los investigadores, «la demencia se desarrolla a lo largo de décadas, y nuestros hallazgos sugieren que comportamientos cotidianos como la actividad física, el tiempo que se pasa sentado y la duración del sueño pueden estar relacionados con el riesgo de padecerla». Comprender cómo se relaciona cada uno de estos comportamientos con el riesgo a lo largo del tiempo podría ayudar a identificar oportunidades para promover la salud cerebral a lo largo de la vida.
