
Jesús Matos, psicólogo: “El Blue Monday lo inventó un algoritmo; trivializa la depresión y promueve el consumismo».
MADRID, 19 Ene. (EDIZIONES) – Cada tercer lunes de enero surgen referencias al Blue Monday, considerado el día más triste del año. Pero, ¿de dónde surge este concepto? ¿Es real o un invento más?
El psicólogo experto en salud mental de Metrodora, Jesús Matos, afirma que “aunque se presenta a menudo con un barniz de legitimidad académica, la realidad detrás de este concepto es puramente comercial”.
Así, explica que este día no surgió de un estudio psiquiátrico ni sociológico, sino que apareció en 2005 como parte de una campaña publicitaria de la agencia de viajes Sky Travel, que buscaba incentivar la compra de vacaciones en una época del año donde las ventas solían ser bajas.
Para dar credibilidad a la campaña, contrataron a Cliff Arnall, un extutor de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), quien ideó una fórmula matemática para «justificar» la elección de la fecha. Arnall propuso una ecuación que intenta cuantificar la tristeza basándose en variables como clima, deuda, sueldo mensual, tiempo transcurrido desde Navidad, tiempo desde que fallamos los propósitos de Año Nuevo, niveles bajos de motivación y la necesidad de tomar medidas (acción).
Matos señala que, más allá de la falta de rigor científico, el concepto recibe fuertes críticas por sus implicaciones sociales y psicológicas. Por un lado, favorece la trivialización de la salud mental. «La comunidad científica y psicológica repudia el Blue Monday porque reduce la depresión y la ansiedad (condiciones clínicas complejas) a un evento de calendario provocado por el clima o las deudas», advierte. Sugiere que la tristeza es predecible y universal para todos ese día específico.
Además, apunta que supone la profecía autocumplida, ya que, al bombardear a la población con mensajes de que «hoy es el día más triste», se crea un efecto de sugestión (efecto nocebo). «Las personas pueden predisponerse a sentirse mal simplemente porque se les dice que deberían sentirse así», recuerda.
En tercer lugar, censura que el consumismo se presenta como «cura» para los efectos de este día. «El trasfondo del Blue Monday es incentivar el consumo para combatir la tristeza, ya sea reservando viajes, comprando ropa o apuntándose al gimnasio, reforzando la idea de que la felicidad se puede comprar», alerta.
¿QUÉ ES EL TRASTORNO AFECTIVO ESTACIONAL?
No obstante, puntualiza que existe un fenómeno real llamado Trastorno Afectivo Estacional (SAD, por sus siglas en inglés), que es una forma de depresión relacionada con los cambios de estación y la falta de luz. «Pero no ocurre en un solo día específico, sino que es un proceso clínico».
Ante esta realidad, Matos se refiere a cómo lidiar con la tristeza, considerando que continúa siendo importante hablar de ella, sus efectos y cómo podemos gestionarla.
Desde una perspectiva evolutiva y neurobiológica, la tristeza es un mecanismo adaptativo. Se define como una respuesta emocional ante la pérdida, la desilusión o la falta de control.
La psicología evolutiva sugiere que la tristeza tiene dos funciones vitales: ahorro de energía, al ralentizarnos para permitirnos procesar el trauma o la pérdida y sanar, y señalización social, mediante las expresiones faciales y el lenguaje corporal de la tristeza, que indican a nuestro entorno que necesitamos ayuda y apoyo.
ESTRATEGIAS VALIDADAS CIENTÍFICAMENTE PARA GESTIONAR LA TRISTEZA
El experto apunta a la psicología basada en la evidencia (como la Terapia Cognitivo-Conductual y la Terapia de Aceptación y Compromiso):
– Activación Conductual (La regla de «Acción antes que Motivación»): Cuando estamos tristes, esperamos a «tener ganas» para actuar. La ciencia nos dice que el ciclo funciona al revés. Aquí la estrategia se basa en realizar actividades pequeñas y placenteras o de dominio (como limpiar un cajón o dar un paseo corto), aunque no tengamos ganas. La acción envía señales al cerebro que pueden estimular la liberación de dopamina, rompiendo el ciclo de letargo.
– Etiquetado Emocional (Affect Labeling): Estudios de resonancia magnética han demostrado que poner nombre a lo que sentimos reduce la actividad de la amígdala. Aquí, en lugar de decir «me siento mal», intenta ser preciso: «Me siento decepcionado, nostálgico o solitario». Al verbalizar la emoción, activas la corteza prefrontal ventrolateral, ayudando a inhibir la reactividad emocional básica.
– Reevaluación Cognitiva (Reframing): No es ignorar la realidad, sino cambiar la interpretación del evento. La estrategia consiste en identificar pensamientos automáticos negativos (como «Esto nunca cambiará») y cuestionar su validez lógica basándose en evidencias reales, no en sentimientos.
– Mindfulness y Aceptación (No supresión): Intentar suprimir la tristeza suele provocar un «efecto rebote». Consiste en observar la emoción como si fueras un científico externo («Noto una opresión en el pecho», «Noto que mis pensamientos van lentos») sin juzgarla como «mala». Ello permite que la emoción siga su curso natural (que suele ser temporal) sin quedarse estancada por la rumiación.
– Regulación Fisiológica: Dado que cuerpo y mente son un sistema bidireccional, se propone ejercicio aeróbico, que libera el Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF), protegiendo y reparando las neuronas, actuando como un antidepresivo natural leve, y luz solar, ya que la exposición a la luz natural (especialmente por la mañana) regula los ritmos circadianos y la producción de serotonina.
