MADRID, 29 Oct. (EUROPA PRESS) – Este viernes 31 de octubre llega a los cines ‘Los tigres’, el nuevo thriller de Alberto Rodríguez (‘La isla mínima’, ‘Modelo 77’) protagonizado por Antonio de la Torre (‘La trinchera infinita’) y Bárbara Lennie (‘Contratiempo’). A través de dos hermanos que se ganan la vida como buzos profesionales, la película aborda cuestiones como la precariedad y las tentaciones del dinero ilícito, la dignidad del trabajo invisible y el coste físico y mental de un oficio de alto riesgo.
Según De la Torre, «la precariedad ha terminado machacando la moralidad de la gente», añadiendo que cuando la necesidad impera, «haces lo que sea por buscarte la vida». Su personaje, que recurre al narcotráfico para salir de una situación familiar difícil, refleja que si los márgenes económicos se estrechan, también lo hacen las fronteras morales: «Creo que el capitalismo tiene algo de corrupción moral».
El intérprete, ganador de dos premios Goya, vincula esta reflexión a su propio sistema: «Hay mucha gente haciendo contrabando en lugares donde el porcentaje de paro es del 20 o del 30 por ciento». Rodríguez relaciona esta idea con la promesa de una mejora rápida en la vida que ofrece el mundo criminal: «La precariedad y el narcotráfico suelen estar bastante unidos, aunque a veces parece fácil, puede volverse complicadísimo y terrorífico».
Riesgo extremo
Rodríguez califica a su protagonista como «un ser medio anfibio», quien «debajo del agua toma siempre la decisión correcta y en la superficie es un auténtico desastre». Además, Lennie destaca el desequilibrio entre riesgo y retribución en el oficio, considerándolo un papel mal pagado, ya que cada vez que los buzos se sumergen, se juegan la vida. «La película es un retrato de que hemos construido un mundo profundamente injusto y clasista», afirma Lennie, ganadora del Goya por ‘Magical Girl’.
La naturaleza peligrosa de la profesión se evidencia en relatos como el de un buzo que pasó entero por un agujero de unos 10 centímetros porque se acercó demasiado al punto donde la presión del agua es extrema. De la Torre señala que «casi todos los buzos tienen una historia que contarte» sobre momentos en los que estuvieron a punto de enfrentarse a un grave accidente.
Reto físico y mental
Rodar esta película implicó trabajar en condiciones exigentes en mar abierto, con equipos voluminosos y protocolos rigurosos. De la Torre describe esta experiencia como «el rodaje más duro de nuestra carrera», mientras que Lennie confesó que aún están «un poquito traumados» por la experiencia. «Podríamos habernos enamorado del buceo, pero no nos ha ocurrido», explica.
La fortaleza mental fue crucial para sobrevivir a las tensiones del rodaje, donde «solo el equipo de un buzo pesa entre 35 y 40 kilos». De la Torre revela: «Para ocho segundos de película me tiré una hora debajo del agua boca arriba». La meditación y la respiración fueron técnicas que utilizaron para mantener la calma. «Si entras en pánico debajo del agua es muy difícil escapar, porque cuanto más aire intentas recuperar, menos te llega», advierte.
Rodaje subacuático
Desde el punto de vista técnico, Rodríguez enfatiza el desafío de «encontrar un equilibrio entre representar con precisión los procedimientos del buceo industrial y hacerlos comprensibles para el público». Los procedimientos que utilizan son complicados, y el protocolo es extenso, por lo que debieron simplificar en la narrativa visual de la película.
Rodríguez señala que aprender sobre la marcha fue vital: «Dibujamos todo en un guion gráfico para que cada persona supiera exactamente qué debía hacer debajo del agua, lo que optimiza el tiempo de rodaje». Sin embargo, como concluye el cineasta: “Una cosa es lo que se planea y otra lo que decide el mar”.
