
MADRID, 21 de mayo de 2023 – Cada vez más personas experimentan picor en la boca al comer fruta, molestias inexplicables o reacciones que no encajan con una alergia alimentaria clásica. Detrás de muchos de estos casos se esconde un fenómeno complejo y en aumento: las alergias cruzadas.
Este mecanismo, basado en un «error de reconocimiento» del sistema inmunitario, conecta alérgenos aparentemente distintos, como pólenes y alimentos, y está siendo impulsado por factores ambientales como el cambio climático y la contaminación.
Sin embargo, la revolución de la medicina de precisión ha cambiado radicalmente su abordaje; hoy es posible identificar a nivel molecular qué proteínas desencadenan la reacción y diferenciar entre una sensibilización sin riesgo y una alergia real. Este avance no sólo mejora el diagnóstico, sino que evita restricciones dietéticas innecesarias y permite a los pacientes recuperar su calidad de vida, gracias a recomendaciones personalizadas.
¿Por qué se producen?
Así lo explica en una entrevista con Salud Infosalus el doctor Pedro Ojeda, presidente de la Comisión de Comunicación de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Resalta que las alergias cruzadas se producen debido a un fenómeno de «mimetismo molecular», de manera que nuestro sistema inmunitario, que ya ha sido sensibilizado frente a un alérgeno primario, genera anticuerpos (IgE) que detectan similitudes estructurales en proteínas de otros alérgenos, como ciertos alimentos.
«El sistema inmunitario no distingue bien entre la proteína original y la del alimento, disparando una respuesta inflamatoria ante ambos. No es una alergia nueva, sino una extensión de la reacción defensiva inicial del organismo», aclara este experto.
De hecho, destaca que se está observando un aumento de este tipo de alergias, lo cual podría explicarse por el incremento global de la prevalencia de las enfermedades alérgicas respiratorias. «Al haber más personas sensibilizadas a pólenes y más carga alergénica ambiental, aumenta el número de pacientes susceptibles a reacciones cruzadas», agrega.
Principales síntomas de alergias cruzadas
El portavoz de la SEAIC recuerda que la manifestación clásica de la alergia cruzada es el Síndrome de Alergia Oral, que se presenta con picor, hormigueo o leve inflamación en labios, lengua y garganta inmediatamente tras ingerir el alimento.
«A diferencia de una alergia alimentaria primaria, donde la reacción suele ser sistémica, rápida y potencialmente grave, como una anafilaxia, las reacciones cruzadas suelen ser leves y limitadas a la cavidad oral. No obstante, esto no debe llevarnos a la complacencia: en pacientes sensibilizados a las Proteínas Transportadoras de Lípidos (LTP), las reacciones cruzadas pueden ser graves y sistémicas, lo que requiere una evaluación médica personalizada y precisa», aclara el doctor Ojeda.
El cambio climático y la contaminación lo potencian
Sostiene que factores ambientales como el cambio climático, que provoca polinizaciones más intensas y largas, y la contaminación atmosférica, que modifica la estructura proteica de los pólenes haciéndolos más agresivos, actúan como catalizadores que intensifican este fenómeno en la población.
«Posiblemente, otros factores derivados del tipo de dieta, como alimentos ultraprocesados, el uso indiscriminado de detergentes o contaminantes ambientales, pueden estar contribuyendo a dañar las barreras cutáneo-mucosas. Esto favorece la penetración de alérgenos y pone al sistema inmunitario en una situación de alerta, facilitando las respuestas alérgicas», argumenta.
Las alergias cruzadas más frecuentes en España
El doctor Ojeda indica que, en nuestro entorno, lo más habitual es el «síndrome de alergia oral», derivado de la sensibilización a pólenes. «Es muy frecuente la asociación entre pólenes de gramíneas y el consumo de frutas de la familia de las rosáceas (melocotón, manzana, cereza). También es notable la reactividad cruzada entre el polen de Parietaria y vegetales como el melón o el pepino. Asimismo, debemos prestar atención a las Proteínas Transportadoras de Lípidos (LTP), responsables de reacciones más severas en el área mediterránea, que pueden dar lugar a reacciones cruzadas entre alimentos vegetales muy diversos», explica.
Ejemplos típicos de este fenómeno de «reactividad cruzada» incluyen la alergia a pólenes y a diferentes grupos de alimentos vegetales: alergia a polen de abedul y manzana (proteínas PR-10); alergia a pólenes de gramíneas, frutas y vegetales crudos (profilinas); alergia al polen de plátano de sombra y piel de alimentos vegetales (proteínas LTP); alergia a ácaros del polvo y a mariscos crustáceos (tropomiosinas del músculo); y alergia a gatos y a la carne de cerdo (albúminas séricas), entre otros.
Cómo se realiza el diagnóstico
En este contexto, el doctor Ojeda destaca que el diagnóstico ha cambiado gracias al «diagnóstico molecular por componentes», que permite analizar exactamente a qué proteína específica reacciona el paciente, diferenciando entre una simple sensibilización y una alergia clínica real.
«Una persona debe acudir al alergólogo ante cualquier síntoma, por leve que sea, tras la ingesta de alimentos. Es vital evitar el autodiagnóstico y las dietas restrictivas innecesarias. El especialista determinará, mediante pruebas cutáneas y análisis de sangre específicos, y en casos seleccionados, pruebas de exposición oral controlada, si existe riesgo real y establecerá el plan de actuación adecuado», aclara.
Es fundamental desterrar el mito de que el alergólogo es el médico que realiza las pruebas de alergia del brazo. Según insiste el doctor Ojeda, hay una gran revolución actual con las pruebas analíticas, que permiten conocer a nivel molecular a qué proteína está reaccionando el sistema inmunitario de una persona.
«Muchas personas viven angustiadas evitando alimentos de forma errónea por ‘falsos positivos’ en pruebas antiguas o en análisis de sangre que incluyen una batería indiscriminada de alimentos. Invito a los pacientes a buscar la medicina de precisión en unidades de alergología modernas; conocer el perfil molecular del paciente es la mejor herramienta para mantener una calidad de vida óptima sin renunciar a una dieta equilibrada», concluye.
Recomendaciones para convivir con estas reacciones
Con todo ello, el portavoz de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica asegura que, en muchos casos de sensibilización al polen, las proteínas del alimento se inactivan con el calor (cocinado) o incluso con la simple digestión gástrica, haciendo que el alimento sea tolerado (por ejemplo, en el caso de sensibilización a profilinas y a proteínas PR-10).
En el caso de alergia a las proteínas LTP, las recomendaciones han de ser claramente personalizadas, ya que existen distintas maneras de reaccionar frente a estas proteínas. «En estos casos puede bastar con simplemente recomendar pelar las frutas, cocinarlas ligeramente o incluso realizar una evitación estricta, evitando la ingesta de alimentos vegetales coincidiendo con factores favorecedores de una reacción como el esfuerzo físico, el calor, el estrés, la menstruación o la toma de antiinflamatorios. La clave es disponer de un diagnóstico certero y de unas recomendaciones individualizadas», concluye el doctor Ojeda.
