MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS) – Durante años, expertos en salud cerebral han recomendado a los abuelos mantener su mente activa a través de sudokus, lectura de libros, y juegos como el ajedrez. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Tilburg han encontrado algo que desafía esta sabiduría convencional: lo que realmente protege el cerebro de los abuelos no se encuentra en las páginas de un libro de acertijos. Está en actividades que millones de ellos realizan ya, sin ser conscientes de que están resguardando su memoria.
Un estudio de 7 años que analizó a casi 3.000 abuelos en el Reino Unido ha revelado hallazgos sorprendentes sobre qué actividad impacta de manera más poderosa en el funcionamiento cognitivo. La conclusión es tan inesperada que podría cambiar la forma en que concebimos el envejecimiento y la prevención del deterioro cognitivo.
El papel del cuidado de los nietos en la salud cognitiva
Los investigadores de la Universidad de Tilburg (Países Bajos) se hicieron una pregunta sencilla pero crucial: ¿podría el cuidado de los nietos beneficiar la salud cognitiva de los abuelos? Este estudio ha sido publicado en la revista ‘Psychology and Aging’.
Flavia Chereches, investigadora principal del estudio, señala que muchos abuelos proporcionan cuidados a sus nietos de forma regular, apoyando así a sus familias y a la sociedad en general. No obstante, persiste la cuestión de si tal cuidado puede también beneficiar a los propios abuelos. «Con esta investigación, quisimos comprobar si cuidar de los nietos podría contribuir al bienestar cognitivo de los abuelos, potencialmente ralentizando el deterioro cognitivo», explica.
Para llevar a cabo este análisis, Chereches y su equipo examinaron datos de 2.887 abuelos (todos mayores de 50 años, con una media de 67 años) que formaron parte del Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento. Los participantes respondieron a encuestas y realizaron pruebas cognitivas en tres ocasiones entre 2016 y 2022.
La encuesta indagó si los participantes habían cuidado de un nieto en algún momento del último año. También incluyó preguntas detalladas sobre la frecuencia y el tipo de cuidado brindado, abarcando desde cuidados nocturnos y atención a nietos enfermos, hasta la participación en actividades recreativas, apoyo con tareas escolares y preparación de comidas.
En general, los investigadores hallaron que los abuelos que cuidaban a niños obtenían mejores resultados en pruebas de memoria y fluidez verbal que aquellos que no lo hacían, incluso después de ajustar por factores como la edad y la salud. Este efecto se mantuvo independientemente de la frecuencia y del tipo de cuidado brindado por los abuelos.
Además, se descubrió que las abuelas que proporcionaban cuidados experimentaron un menor deterioro en las pruebas cognitivas a lo largo del estudio, en comparación con aquellas que no lo hicieron.
Chereches comenta: «Lo que más nos llamó la atención fue que ser abuelo cuidador parecía ser más relevante para el funcionamiento cognitivo que la frecuencia con que cuidaban o la naturaleza de las actividades realizadas con sus nietos».
El equipo de investigación concluye que es necesaria más investigación para respaldar estos hallazgos. «Si existen beneficios asociados a ser abuelo cuidador, parece que no dependen de la frecuencia de los cuidados ni de las actividades específicas realizadas, sino más bien de la experiencia general de participar en el cuidado», subraya Chereches.
Por último, la investigadora destaca que es fundamental seguir explorando los efectos del contexto familiar y otras variables. «Brindar cuidados de manera voluntaria, en un entorno familiar de apoyo, puede tener efectos muy distintos para los abuelos en comparación con ofrecer esos mismos cuidados en un ambiente estresante, donde se sientan sobrecargados o sientan que el cuidado no es voluntario», concluye.
