Cuando se produce un vertido de petróleo en el mar, cada hora cuenta. La inmediatez en la respuesta es crucial, ya que si el crudo se extiende, la costa y la fauna lo sufren de inmediato. Un equipo de investigadores de Texas A&M, la Universidad de California en Berkeley y otras instituciones de Estados Unidos ha probado una fórmula tan llamativa como seria: convertir la quema del crudo en un «tornado de fuego» controlado para acelerar la limpieza. En los ensayos a gran escala, publicados en la revista Fuel, el sistema aumentó en un 40% la velocidad de combustión, redujo alrededor de un 40% el hollín y, en el mejor escenario, llegó a consumir hasta el 95% del combustible.
La idea surge de un problema bien conocido. La quema «in situ» se ha utilizado desde hace años como recurso de emergencia para evitar que el petróleo siga extendiéndose sobre el agua, pero esta técnica suele dejar una nube espesa de humo y residuos sin quemar. Al hacer que la llama gire, el fuego capta más aire, concentra mejor el calor y quema de forma más completa. En otras palabras, se trata de retirar el crudo de manera más rápida y con menos contaminación.
Para comprobar este método, los científicos realizaron uno de los mayores experimentos controlados de este tipo hasta la fecha en el Brayton Fire Training Field de Texas A&M. Allí trabajaron con una lámina de crudo sobre agua en una piscina experimental, utilizando un aro de 1,5 metros de diámetro y capas de petróleo de 15 y 40 milímetros. Todo esto se enmarcó dentro de una estructura de tres paredes y aproximadamente 5 metros de altura, diseñada para forzar el giro del aire. Posteriormente, compararon esos resultados con fuegos convencionales de charco.
Los datos obtenidos son prometedores, pero invitan también a la prudencia. Ese 95% no fue la norma, sino el mejor resultado, logrado en una prueba con una capa de 15 milímetros y con las condiciones ambientales en calma. El propio estudio advierte que, cuando el viento cambia o el vórtice pierde estabilidad, la ventaja disminuye. En los ensayos con capas más gruesas, se presentaron apagados prematuros que redujeron la eficiencia final.
Un aspecto significativo que los autores subrayan es el riesgo de «boilover», un fenómeno que puede ocurrir cuando el agua bajo el crudo se calienta demasiado, se vaporiza de golpe y altera la combustión. En la práctica, esto implica que no bastará con encender el vertido y esperar resultados positivos. Se requerirán diseños muy afinados, estructuras móviles y una operativa capaz de soportar ráfagas y condiciones reales de mar abierto.
Elaine Oran, profesora de ingeniería aeroespacial en Texas A&M y una de las responsables del estudio, enfatizó que «pueden ser muy beneficiosos» los «fire whirls», aunque previno que solo alcanzan alta eficiencia cuando las condiciones son favorables. ¿Qué significa esto fuera del laboratorio? Esto sugiere que la técnica aún no parece lista para aplicarse de inmediato en cualquier emergencia, pero sí abre una vía prometedora para reducir la huella ambiental de los grandes vertidos antes de que el crudo llegue a la costa o a áreas de alto valor ecológico.
Finalmente, el estudio fue publicado el 1 de enero de 2026 en la revista Fuel.
