Los ‘bodies’ ajustados, los pantalones ceñidos de cintura baja, el corsé, los sujetadores con efecto ‘push up’ o los zapatos de tacón son tendencias que revelan que la moda vive en una constante contradicción, pues puede ser liberadora y opresora al mismo tiempo.
Elegir prendas que oprimen para sentirse libre es una paradoja interesante. Paul García de Oteyza, cofundador de la firma Oteyza, argumenta que “la moda es liberadora y opresora al mismo tiempo”. Oteyza recuerda que Coco Chanel fue una disruptora y provocadora, pionera en romper con la moda que oprimía la anatomía femenina, creando un estilo funcional y estiloso.
Vehículo de satisfacción para los demás
Sin embargo, en numerosas ocasiones, la ropa ha sido un vehículo de satisfacción para los demás, “no un instrumento que apoye la funcionalidad y comodidad”, señala García de Oteyza. “Vivimos en una sociedad en la que hay mucha provocación, muchos extremos y muchos radicalismos, y la moda se convierte en algo liberador”, añade. El corsé, por ejemplo, permite exhibir una elegancia y sexualidad determinadas, pero ejerce una opresión hacia uno mismo. “Es un juego de luces y sombras”.
Lucir prendas que oprimen o liberen es, por tanto, una elección muy personal. El diseñador Juan Duyos menciona que “a algunas mujeres les gusta ver las estrellas para sentirse bellas y a otras no”. A su juicio, “no es tanto una cuestión de tiranía de la moda, sino del perfil y gusto de la mujer”.
La moda propone y la mujer decide
Duyos subraya que hay mujeres que eligen llevar tacones de doce centímetros, mientras que otras prefieren las deportivas porque no los aguantan o simplemente les gustan más. “Al final la moda propone y la mujer decide”, concluye.
En la temporada actual, se destacan nuevamente los corsés, los ‘bodies’ ajustados, los pantalones ceñidos de cintura baja, los sujetadores con efecto ‘push up’ y los zapatos de tacón. Todas estas tendencias responden a códigos estéticos que, en muchas ocasiones, oprimen.
Al mirar hacia atrás, se observa que la mujer ha conseguido mayor libertad estilística y ha derribado prendas y estereotipos muy arraigados. Sin embargo, esta libertad a veces se convierte en una tiranía de tópicos.
Román Padín Otero, teórico de la moda, señala que “sí, hay prendas que ejercen tiranía sobre la iconografía, la apariencia y representación de la mujer”. Este fenómeno se plasma en los programas de ‘drag queen’, donde la estética femenina se trata de manera cómica.
El universo ‘drag’
Otero añade que “todos esos elementos que utilizan -prendas ceñidas, tacones, sujetadores, pestañas postizas, etc.- ejercen tiranía sobre la representación de lo que es ser mujer”. No obstante, denuncia que “las jóvenes no quieren saber nada de eso; eligen libremente cuál es su iconografía”. Recuerda que el universo ‘drag’, que originalmente era un espacio de liberación, sobre todo para la comunidad LGBTQ+, “se ha convertido en una tiranía de tópicos de apariencia y representación femenina”.
De hecho, el sujetador, que nació como alternativa al corsé, ha sido objeto de constantes reflexiones: ¿es una bandera de la liberación femenina, una imposición estética, una cuestión de costumbre o una presión social?
Desde su aparición a principios del siglo XX, se ha utilizado para sostener el busto y crear una silueta más definida y elegante. Sin embargo, muchas han optado por no volver a llevarlo por convicción y comodidad. Marta Nieto, una esteticista de treinta años, afirma: “Vivo sin opresión, tengo mayor libertad de movimientos. Me gusta la forma que tienen cuando están libres”.
La misma reflexión se aplica a las medias de cristal o panties. Aunque algunas las consideran una prenda opresora, Padín Otero observa que “fue una modernización tremenda para el hábito femenino. Imagínate qué comodidad llevar falda y no pasar frío”.
Detrás de las apariencias y la búsqueda de comodidad y expresión personal, los cambios en el mundo de la moda son estructurales y, además, de índole política, en función de lo que se considera políticamente correcto.
