El resultado global del reciente estudio sobre sistemas fotovoltaicos es optimista. Todos los sistemas muestran una estabilidad llamativa para más de 30 años de operación. El peor caso se mueve en torno a un 0,55 % de pérdida anual, y el mejor ronda el 0,12 %. El promedio se sitúa en ese 0,24 %, cifra que ha llamado la atención del sector. En términos sencillos, muchas de esas placas viejas siguen produciendo bien entrados los 30 años e incluso más.
Materiales, altura y calor marcan la diferencia
El estudio confirma algo que los técnicos intuían desde hace tiempo: no todas las placas son iguales por dentro. La llamada lista de materiales, es decir, el conjunto de capas que forman el panel (vidrio, encapsulante, células, lámina trasera, adhesivos), es el factor que más influye en cuántos años aguantan los módulos. Cuando se usaron polímeros y laminados de más calidad, la degradación fue mucho menor. En cambio, aquellas variantes con materiales menos robustos mostraron más fallos en soldaduras, decoloraciones y delaminaciones.
La ubicación también cuenta. En las instalaciones de baja altitud y con peor ventilación, las placas alcanzan temperaturas más altas, algo que cualquiera que haya tocado un tejado en agosto puede imaginar. Ese calor extra reduce el rendimiento instantáneo y acelera el desgaste de plásticos y uniones metálicas. En las zonas alpinas, en cambio, el aire es más frío y se combina una radiación intensa con módulos menos recalentados, lo que ayuda a que algunos sistemas de montaña envejezcan mejor de lo esperado.
Uno de los mensajes más directos de los investigadores indica que la fotovoltaica puede durar mucho más de lo que dicen las fichas de catálogo y es “un mensaje importante para la industria fotovoltaica”, como explica Ebrar Özkala, autor principal. Si se cuidan los materiales y el diseño, las placas no son un producto de usar y tirar en 20 años, sino una infraestructura a largo plazo.
¿Qué significa esto para quien se plantea poner placas?
Para un hogar o una comunidad de vecinos, estos resultados se traducen en algo muy tangible: más años de electricidad renovable y más tiempo amortizando la inversión. Si una instalación sigue rindiendo por encima del 80 % después de 30 años, el coste real por kilovatio hora producido disminuye y el ahorro en la factura de la luz se alarga más allá de la garantía comercial estándar.
Sin embargo, esto no quiere decir que todas las placas vayan a comportarse igual. El estudio se centra en sistemas bien diseñados, con seguimiento de datos y materiales que, visto lo visto, eran bastante robustos. No obstante, sí ofrece algunas pistas prácticas para quien esté valorando instalar fotovoltaica en su edificio:
- No fijarse solo en el precio del panel. Preguntar por la calidad de los encapsulantes y láminas traseras y por las garantías de degradación anual.
- Cuidar el diseño de la instalación. Una buena ventilación por detrás de los módulos reduce temperaturas extremas y alarga la vida útil, algo clave en climas cada vez más calurosos como los veranos españoles.
- Exigir datos y mantenimiento. Registros sencillos de producción ayudan a detectar a tiempo caídas anómalas de rendimiento y a decidir cuándo merece la pena sustituir o reparar.
Más años de vida, menos residuos y menos CO2
Desde el punto de vista ambiental, que las placas duren más es una buena noticia. Si un módulo funciona tres décadas o más, la energía y las emisiones asociadas a su fabricación se reparten entre muchos más kilovatios hora producidos. Esto reduce la huella de carbono por unidad de energía y retrasa la entrada del panel en la cadena de reciclaje.
En la práctica, esto respalda una idea clave de la transición energética: no basta con instalar mucha capacidad renovable, también es importante que sea duradera y fiable. Para la industria, el estudio suizo señala el camino hacia diseños más resistentes al calor, a las tensiones mecánicas y al envejecimiento de los plásticos. Para los usuarios, ofrece un mensaje de calma: las placas solares, cuando se fabrican y se montan bien, pueden acompañarnos mucho más tiempo del que aparece en la publicidad.
El estudio completo que analiza estos seis sistemas fotovoltaicos históricos se ha publicado en la revista científica EES Solar de la Royal Society of Chemistry.
