La artista Pastora Soler reflexiona en su libro sobre su vida, abordando momentos oscuros y luminosos sin medias tintas. Hace unos días, publicó ‘Cuando se apagan las luces, aparecen las estrellas’ (HarperCollins), que presenta un mensaje sobre la importancia de quererse a uno mismo. Este libro llega poco después de su gira celebrando 30 años de carrera, donde hace un repaso a los acontecimientos que han marcado su trayectoria.
No a las carreras infantiles
Soler, quien ha recorrido un camino desde el miedo escénico hasta convertirse en una figura reconocida, relata episodios significativos en su carrera. En 2014, a pesar de alcanzar un notable éxito tras su paso por Eurovisión, vivió experiencias difíciles, como un desmayo en Sevilla y una angustiante actuación en Málaga.
“Para que el lector se relaje y yo también, he empezado por la parte que más trabajo me ha costado. Eso está superado, pero no olvidado, porque no he querido olvidarlo”, menciona. Reconoce que, aunque ha superado esos momentos, sigue siendo doloroso abordar el tema, recordando que la terapia le ayudó a descubrir las raíces de su autocrítica y debilidad.
Cita “complejos, debilidades y fragilidades” que se forjaron desde su infancia, la cual, a pesar de haber sido “muy bonita”, estuvo marcada por las exigencias de iniciar su carrera musical a los 15 años. Es firme al advertir que no recomienda que los niños empiecen tan pronto en este entorno. “Te pierdes cosas, porque te rodeas de un mundo muy adulto que demanda mucho de ti, y todavía no tienes ni tu carácter ni tu personalidad forjados”, enfatiza.
¿Perdió la oportunidad de cantar ‘Aprendiz’?
Uno de los momentos que relata en su libro es su primer parón artístico, coincidiendo con el período en que no tenía discográfica. Durante ese tiempo, recibió una propuesta de Pepe de Lucía y Alejandro Sanz para interpretar una balada que él había creado. “Me sentía fuerte porque mantenía la ilusión de que aquello no sería definitivo. Un día volvería y lo haría a lo grande, hasta que escuché en la radio, mi canción, interpretada por otro artista que estaba alcanzando gran éxito. El mundo se me vino abajo”, confiesa.
Al ser consultada sobre si esa canción era ‘Aprendiz’, la cual catapultó a Malú en 1998, evita abundar en detalles, restando importancia al episodio. “En ese momento, para Alejandro, yo era una niña casi empezando; él probablemente ni se acuerde. A lo largo de mi carrera, los repertorios se mueven de un artista a otro, porque tú no estás grabando y lo graba otro”, explica.
Ahora, al comenzar un nuevo año de gira celebrando sus 30 años de carrera y preparando “dos duetos” que la entusiasman, se aferra a su aprendizaje. Recuerda haber encontrado una referencia humorística que definía “hacerse un Pastora Soler” como un sinónimo de tener un episodio de pánico, y concluye con una petición: “Que ‘hacerse un Pastora Soler’, a partir de ahora, sea levantarse y superarse”, sonríe.
