
Más de 300 millones de personas en todo el mundo padecen artrosis, una enfermedad crónica para la que actualmente no existen tratamientos farmacológicos eficaces que modifiquen su curso. La naturaleza progresiva de esta afección puede llevar, en última instancia, a la necesidad de una cirugía de reemplazo de rodilla, aunque no todos los pacientes son candidatos para esta opción, según indican los investigadores.
Se prevé que la prevalencia de la artrosis aumente a la par que las tasas de obesidad y el envejecimiento de la población. Además, el uso de agonistas del receptor GLP-1 ha demostrado estar asociado con una reducción del dolor de rodilla causado por la artrosis. La evidencia reciente sugiere que estos fármacos también tienen efectos antiinflamatorios, lo que podría ayudar a proteger el cartílago de daños adicionales y plantea la posibilidad de su uso para ralentizar la progresión de la enfermedad.
El Posible Efecto que Va Más Allá de la Pérdida de Peso
Un análisis de datos de historiales médicos, publicado por expertos de la Universidad de Maryland (Estados Unidos) en la revista ‘Regional Anesthesia & Pain Medicine’, revela que los fármacos agonistas del receptor GLP-1, utilizados para el tratamiento de la diabetes y, más recientemente, para la pérdida de peso, están asociados con un riesgo significativamente menor a largo plazo de necesitar una cirugía de reemplazo de rodilla a causa de la artrosis.
Los mayores efectos se observaron con el uso continuado de los fármacos más recientes, como la semaglutida y la tirzepatida. Para profundizar en este hallazgo, los investigadores utilizaron datos anonimizados de la Red de Investigación Global TriNetX para identificar a adultos diagnosticados con artrosis de rodilla entre el 1 de enero de 2010 y el 31 de diciembre de 2024.
Los pacientes se estratificaron en cuatro categorías: duraciones del tratamiento (1 o 3 años) y tipo de agonista del receptor GLP-1 (cualquiera o los de nueva generación: semaglutida o tirzepatida). Luego, compararon a estos pacientes con otros que tenían osteoartritis pero que no se habían sometido a este tratamiento, teniendo en cuenta características similares como edad, sexo, raza, diagnósticos musculoesqueléticos y condiciones relacionadas con la obesidad.
Qué Ocurrió Cuando los Investigadores Analizaron Miles de Casos
Un total de 28.599 pacientes había sido tratado con agonistas del receptor GLP-1 de nueva generación durante 1 año, mientras que 13.351 lo habían sido durante 3 años; 42.062 habían recibido cualquiera de estos fármacos durante 1 año, y 30.981 durante 3 años.
El análisis de los datos demostró que el tratamiento con estos fármacos se relacionó con un número significativamente menor de casos de cirugía de reemplazo de rodilla. Por ejemplo, un año de tratamiento con cualquier agonista del receptor GLP-1 se asoció con un riesgo acumulado de cirugía 1,4 puntos porcentuales menor a los 3 años, cifra que aumentó a casi 3 puntos porcentuales en la evaluación a los 8 años. La mayor reducción del riesgo se observó de forma sistemática con los fármacos de nueva generación y tratamientos más prolongados: en la evaluación a los 8 años, 3 años de tratamiento con semaglutida o tirzepatida se asociaron con casi 5 puntos porcentuales menos de riesgo acumulado.
Lo que Todavía No Pueden Afirmar los Científicos
Los investigadores resaltan que «nuestros hallazgos coinciden con la evidencia de que los agonistas del receptor GLP-1 pueden influir en la artrosis de rodilla a través de mecanismos antiinflamatorios y analgésicos complementarios». Sin embargo, destacan limitaciones en su estudio, como la falta de consideración de factores no medidos que podrían influir, tales como la fragilidad, la actividad física, la capacidad funcional o la gravedad de la artrosis.
Además, los datos se basaron en información de prescripciones sin validar que los medicamentos se administraran realmente. «Por lo tanto, estos hallazgos deben interpretarse como asociaciones observacionales consistentes con posibles efectos modificadores de la enfermedad y no como evidencia de causalidad», advierten.
No obstante, los resultados sugieren que estos fármacos podrían representar un enfoque clínicamente significativo para el tratamiento no quirúrgico de la artrosis de rodilla en pacientes elegibles que sufren de obesidad o enfermedades metabólicas. Los investigadores concluyen que «si se confirman en ensayos prospectivos, estas asociaciones podrían cambiar los paradigmas de tratamiento, integrando la salud metabólica como un componente fundamental de la preservación articular».
Un ejemplo que mencionan es que una reducción del riesgo absoluto del 1,44% observada tras tres años de tratamiento con un agonista del receptor GLP-1 de nueva generación podría traducirse en aproximadamente 14.400 reemplazos quirúrgicos de rodilla menos cada año solo en Estados Unidos, lo que conllevaría a reducciones en los gastos sanitarios y en complicaciones quirúrgicas.
