
BARCELONA, 22 Abr. – El Hospital de Sant Pau de Barcelona ha tratado con éxito un caso «extremadamente grave» de Síndrome de Tourette mediante estimulación cerebral profunda (ECP), según informaron en un comunicado este miércoles.
El paciente, de 21 años, padecía tics vocales incontrolados, coprolalia aumentada –tendencia a insultar–, klazomanía –emisión de gritos involuntarios– y clafomanía –destruir objetos–, presentando una enfermedad refractaria a las terapias farmacológicas existentes.
Actualmente, ha reanudado actividades cotidianas que antes le resultaban «imposibles», como quedar con sus amigos, seguir sus estudios, salir solo a pasear y hacer deporte, y tiene planes de reiniciar sus estudios universitarios.
UNA «SITUACIÓN LÍMITE»
Ignacio Aracil, adjunto del Servicio de Neurología de Sant Pau, afirmó que el cambio ha sido notable: «Este chico presentaba una situación límite, con riesgo de conducta suicida. Hoy, más de un año después de la cirugía, vive con autonomía y con proyectos de futuro».
«Este caso es un ejemplo de cómo las técnicas de neuromodulación y el trabajo en equipo entre neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras, psicólogos y enfermería pueden transformar la vida de pacientes y familias que estaban en una situación desesperada», subrayó.
TICS DESDE LOS 5 AÑOS
El paciente comenzó a manifestar los tics a los 5 años, inicialmente como parpadeos involuntarios. A los 8 años, estos tics se agravaron con movimientos en el cuello y los hombros, culminando en el diagnóstico formal de Tourette a los 14 años, cuando se presentaron tics motores más complejos y tics fónicos que empeoraron con el tiempo.
Destacó el apoyo de su familia, especialmente en la escuela y el bachillerato, aunque él mismo se sentía estigmatizado, ya que experimentaba «mucha vergüenza» al tener tics en entornos sociales o públicos.
Después de la intervención, solo le quedan «algunos tics vocales»; ya ha retomado sus estudios y está cursando un programa de formación de grado superior.
ESTIMULACIÓN CEREBRAL PROFUNDA
La mayoría de los medicamentos utilizados para tratar el Síndrome de Tourette son neuroepilépticos o antipsicóticos, que pueden ralentizar el movimiento y dificultar ciertos aspectos del pensamiento, siendo «bastante potentes».
La estimulación cerebral profunda (ECP) aún no está aprobada por las agencias reguladoras norteamericana y europea para esta enfermedad, y se aplica en casos seleccionados de uso compasivo cuando son refractarios al tratamiento médico.
La cirugía requiere realizar dos trepanaciones para implantar dos electrodos de ECP en el lóbulo pálido interno, objetivo habitual para tratar trastornos hipercinéticos y eliminar así los tics.
Los electrodos son controlados por un neuroestimulador, que se coloca por debajo de la clavícula del paciente a nivel subcutáneo, y se activan dos semanas después de la intervención para emitir pequeñas descargas eléctricas.
El efecto de la terapia no es inmediato: tras 3-4 meses, el paciente comenzó a notar mejoría, pero la «mejora sustancial» se presentó entre 8 y 9 meses después de la cirugía.
