Dos investigaciones complementarias publicadas en la revista Science buscan avanzar en la comprensión del dilema sobre las variaciones del color en lagartos. Su conclusión es que los rasgos polimorfismos pueden ser el resultado de una compleja interacción entre la genética, el medio ambiente y el entorno social de la especie.
Estrategias reproductivas y el juego de piedra, papel o tijera
En uno de los estudios, los investigadores analizaron el polimorfismo de color del lagarto de manchas laterales Uta stansburiana, donde la coloración de la garganta de los machos (naranja, amarillo y azul) indica distintas estrategias de apareamiento, asociadas al popular juego Piedra, papel, tijera.
La garganta naranja es piedra, propia de machos agresivos y territoriales que buscan acaparar hembras; el azul representa tijera, característico de aquellos que resguardan a una sola hembra y cooperan con otros azules para no perderla; mientras que el amarillo simboliza papel: los machos imitan el comportamiento de las hembras para infiltrarse en el territorio de los naranjas y robárselas sin ser notados.
Generalmente, los naranjas vencen a los azules, los azules a los amarillos y los amarillos a los naranjas.
Investigaciones recientes han revelado que esta diversidad de colores no se debe a tres variantes genéticas separadas, como se pensaba, sino a una sutil interacción entre genes y el entorno. Los autores hallaron que dos alelos de un gen producen estados de color alternativos, mientras que el tercer estado de color surge a través de la plasticidad, es decir, cuando un genotipo genera diferentes fenotipos o características observables dependiendo del entorno del individuo.
“Las diferencias alélicas en un gen, junto con la plasticidad modulada por el medio ambiente en la expresión génica, generan y mantienen el polimorfismo en este lagarto”, destacan los autores.
Cuando la selección sexual rompe el equilibrio evolutivo
En el segundo estudio, se investigó la lagartija común Podarcis muralis, una especie donde las formas de color naranja, amarillo y blanco coexistieron durante millones de años gracias a la variación de dos genes, siendo la tonalidad clave en el apareamiento, ya que los individuos preferían aparearse con otros de su mismo color.
Sin embargo, este equilibrio se ha visto alterado por la aparición de un nuevo grupo de rasgos conocidos como síndrome viral, que ha proporcionado a la especie una coloración más oscura y verde, cuerpos y cabezas más grandes, además de un comportamiento dominante.
La selección sexual ha favorecido este nuevo fenotipo, aniquilando la dinámica que cultivaba el polimorfismo ancestral que mantenía la diversidad de colores de las lagartijas comunes. Actualmente, los individuos muestran un tono blanco uniforme.
Los investigadores han encontrado que los genes asociados a estos nuevos rasgos dominantes son distintos de aquellos responsables de las morfologías de color originales.
Esta situación sugiere que el colapso del polimorfismo en las lagartijas comunes no se basa únicamente en la genética, sino en cambios en la ecología y la selección sexual que alteraron los mecanismos que antes estabilizaban el polimorfismo.
Un mismo gen, trayectorias evolutivas distintas
Ambos estudios ofrecen ejemplos claros de cómo las trayectorias evolutivas dependen de los genes implicados, así como de su plasticidad y de los contextos conductuales, sociales y ecológicos.
En U. stansburiana, la plasticidad permite que el color y el comportamiento cambien según las condiciones ambientales, favoreciendo la coexistencia de múltiples estrategias reproductivas y fenotipos polimórficos.
Por otro lado, en P. muralis, la selección sexual favoreció el surgimiento de un nuevo fenotipo que se extendió rápidamente por las poblaciones, rompiendo el equilibrio que mantenía el polimorfismo.
El gen SPR es responsable de la variación de color en ambos lagartos, cuyos linajes se separaron hace aproximadamente 180 millones de años.
Esto demuestra que los mecanismos que modulan la coloración se han conservado en gran medida a lo largo del tiempo. A pesar de esta base genética compartida, la plasticidad y la variación genética en SPR favorecen la diversidad de color a largo plazo en un sistema, mientras que en el otro, dicha variación es superada por la selección sexual.
Además, un segundo estudio sobre la lagartija roquera común revela cómo un nuevo fenotipo dominante, favorecido por la selección sexual y el cambio ecológico, transformó el polimorfismo de color histórico, resultando en una coloración uniforme a pesar de las diversas vías genéticas existentes.
En conjunto, estos estudios evidencian que los mecanismos genéticos compartidos pueden conducir a trayectorias evolutivas contrastantes, donde, en un sistema, la plasticidad y el contexto social apoyan la diversidad, mientras que la selección sexual lleva al colapso del polimorfismo en otro.
