VALENCIA, 28 de mayo — Un estudio científico internacional liderado por el profesor de la Facultat de Psicologia i Logopèdia de la Universitat de València e investigador del Instituto Polibienestar de la UV, Víctor Ciudad Fernández, revela que las verdaderas señales de alarma en torno al uso de redes sociales no son cuántas horas se dedican a ellas, sino si el usuario pierde el control y comienza a tener conflictos con su entorno.
El equipo investigador llevó a cabo un estudio con una muestra de 190.335 jóvenes entre 11 y 15 años, provenientes de 40 países, para investigar cómo se mide el uso problemático de redes sociales. Este trabajo, firmado por expertos de las universidades suizas de Lausana y Bern, así como de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, ha sido publicado recientemente en la revista especializada Journal of Psychopathology and Clinical Science.
«Piensas en Instagram nada más despertarte. Abres TikTok cada vez que tienes un momento libre. Sientes que cada día quieres pasar un poco más de tiempo en redes. ¿Eso te convierte en adicto? No», ha afirmado Víctor Ciudad.
La investigación indica que estos comportamientos, por sí solos, no son señales de un problema. «Millones de personas los experimentan sin sufrir ninguna consecuencia negativa; son simplemente signos de un uso intenso», señala el investigador, quien asegura que las señales que sí indican un problema real son «muy diferentes».
El estudio identifica estas señales como «criterios centrales», que son las únicas asociadas de forma consistente con malestar psicológico, problemas de sueño y peor calidad de vida. «En términos sencillos: intentas usar menos las redes y no puedes; tienes discusiones serias con tu familia, pareja o amistades por uso de redes; mientes a los demás sobre cuánto tiempo pasas en ellas; te sientes mal, irritable o inquieto cuando no puedes usarlas; has dejado de lado estudios, deportes o aficiones por dedicar tiempo a redes; o recurres a las redes de forma sistemática para escapar de problemas o emociones negativas», advirtió.
Por ello, aconseja que «si te reconoces en varias de estas situaciones, merece la pena pararte a reflexionar». Sin embargo, «si solo piensas mucho en redes o quieres usarlas más, pero nada de lo anterior te ocurre, probablemente no tengas un problema».
¿Por qué es importante esta aclaración?
Según el experto, los cuestionarios utilizados hoy para medir el uso problemático de las redes sociales están inspirados en los que se aplican para diagnosticar adicciones a sustancias, como el alcohol o las drogas. El conflicto surge al mezclar en una sola puntuación las señales que realmente apuntan a un problema con otras que solo reflejan un uso frecuente.
«Esto puede hacer que se considere adictas a muchas personas, especialmente adolescentes, que en realidad no lo son, generando una alarma que no siempre está justificada y desviando la atención de quienes realmente necesitan ayuda», subrayó.
No obstante, los investigadores aclaran: «No se trata de negar que exista un uso problemático de las redes sociales. Existe, y puede causar sufrimiento real. Pero necesitamos herramientas que distingan bien entre quién está sufriendo consecuencias negativas y quién simplemente pasa mucho tiempo en estas plataformas porque le gustan».
Esta conclusión no depende de un país o idioma específico, ya que los datos del estudio provienen de 43 regiones de 40 países diferentes, con adolescentes entre 11 y 15 años, y el resultado «es prácticamente el mismo en todos ellos»: pensar mucho en las redes y querer usarlas más no son buenos indicadores de un problema real, concluye el artículo.
