La denuncia presentada por la esposa del exciclista Óscar Freire, acusándolo de un supuesto delito de malos tratos en el ámbito familiar, ha culminado en un juicio. Freire, tricampeón mundial, ha sido condenado por un delito leve de injurias.
La sentencia impone al exciclista una pena de nueve días de localización permanente en un domicilio distinto al de la víctima, así como una orden de alejamiento de su esposa durante seis meses. Según los términos de la resolución, Freire no podrá acercarse a menos de 200 metros del domicilio de ella, ni de su lugar de trabajo o cualquier otro que frecuente, y tampoco podrá comunicarse con ella.
Óscar Freire y su esposa han estado casados desde 2003 y tienen tres hijos en común, de los cuales dos son menores de edad. Actualmente, se encuentran en un proceso de divorcio y no conviven juntos desde noviembre de 2025.
La situación tomó un giro significativo el domingo, cuando la mujer acudió a la Guardia Civil de Torrelavega para denunciarlo por presuntos malos tratos que incluían agresiones, amenazas, vejaciones y acoso. Horas después, Freire fue detenido.
Lo que inicialmente parecía ser un juicio rápido por un presunto delito de vejaciones graves, de acuerdo al artículo 173.2 del Código Penal, se transformó en un juicio por un delito leve (173.4) gracias a la decisión de la mujer de modificar la acusación.
Durante el juicio, la mujer ratificó su denuncia, pero según su abogada, María Mendieta, no pudo entrar en detalles debido a que se encontraba «muy afectada». La condena al exciclista se limita al último incidente descrito en su denuncia, acontecido el 12 de abril durante una misa en la iglesia de Puente San Miguel (Reocín).
De acuerdo a la denuncia, mientras se dirigía a misa, Freire entró también en la iglesia. A pesar de que inicialmente se sentaron en bancos separados, él se cambió de sitio y se colocó junto a ella. Esto desencadenó una discusión, en la que la mujer le indicó que ese no era un lugar para pelear. Al intentar irse, Freire la sujetó «fuertemente» del brazo, obligándola a sentarse nuevamente a su lado.
Finalmente, la mujer pudo levantarse, salir de la iglesia y dirigirse a la calle. Cuando intentó llamar a su hermano, Freire le quitó el teléfono, realizando comentarios vejatorios hacia ella, aunque después se lo devolvió. Este episodio ocurrió «delante de mucha gente», según relata la denunciante.
El juicio se llevó a cabo en la Plaza Número 5 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Torrelavega, y la resolución, emitida por el juez Guillermo Casal, es firme. Freire fue representado por María José Puente y el fiscal que llevó el caso fue Carlos Yáñez.
