
MADRID, 25 Feb. (EDIZIONES) – El nervio vago se origina en el tronco encefálico y está compuesto por unas 200.000 fibras nerviosas. Es uno de los más importantes del cuerpo humano porque conecta y envía miles de señales eléctricas por segundo entre el cerebro y los órganos más importantes, ayudando a regular los sistemas vitales del cuerpo.
«Tenemos dos nervios vagos, uno a cada lado del cuello. Cada uno contiene unas 100.000 fibras nerviosas, es decir, aproximadamente 200.000 vías de comunicación. Se extienden desde el tronco cerebral hacia el cuello, el tórax y el abdomen, conectando con el corazón, con los pulmones, con el intestino, con el hígado y con el páncreas», explica en una entrevista con Salud Infosalus el doctor Kevin J. Tracey, neurocirujano y científico.
Tracey es una figura destacada en el campo de la estimulación del nervio vago y de la inflamación a nivel internacional. Nos concede esta entrevista con motivo de la publicación de ‘El gran nervio’ (Grijalbo), un libro centrado en estas 200.000 fibras, y en el que defiende que su modulación puede ayudar a aliviar el estrés, reducir la inflamación del cuerpo o combatir el insomnio.
Subraya que este nervio es tan importante para nuestra salud porque coordina funciones vitales automáticas, como la respiración y la frecuencia cardíaca, así como la presión arterial, la digestión, el metabolismo o la inmunidad. «Cuando estos reflejos funcionan correctamente estamos sanos; cuando se alteran, aparece la enfermedad», advierte.
Tracey reconoce que su interés por el nervio vago nació a partir de una pregunta muy básica: ¿por qué las personas mueren por una inflamación descontrolada y podemos evitarlo? Recuerda que, cuando era un joven neurocirujano, vio morir a una niña llamada Janice por una respuesta inflamatoria excesiva, y eso le marcó su carrera científica durante los últimos 40 años.
CÓMO FUNCIONA EL NERVIO VAGO
«Años después, en un experimento rutinario, introdujimos una molécula antiinflamatoria en el cerebro de un ratón para protegerlo de inflamación cerebral. De forma inesperada, esa intervención también bloqueó la inflamación en el resto del cuerpo. Descubrimos que el cerebro podía frenar la inflamación sistémica», subraya este neurocirujano.
¿Pero cómo? Tracey explica que, para comprobarlo, cortaron el nervio vago y repitieron el experimento, y el efecto protector desapareció: «Ese fue el momento en el que nos dimos cuenta de que el cerebro habla con el sistema inmune a través del nervio vago y puede apagar la respuesta inflamatoria. A este circuito lo llamé ‘reflejo inflamatorio’, un circuito neuronal en el que el nervio vago actúa como un freno biológico de la inflamación».
Específicamente, menciona que el nervio vago tiene sensores que detectan las moléculas inflamatorias en el cuerpo, como por ejemplo las ‘citoquinas’ (de las que oímos hablar mucho en la pandemia de COVID-19). «Estas moléculas inflamatorias envían esa información al cerebro, que responde activando señales de vuelta hacia órganos como el bazo y el hígado. Allí, las señales eléctricas se convierten en una señal química: se libera ‘acetilcolina’, una molécula que indica a los glóbulos blancos que dejen de producir citoquinas.»
«En resumen, el reflejo inflamatorio del nervio vago se activa por la inflamación, y lo que hace es desactivar la inflamación para proteger al cuerpo del daño. Este descubrimiento permitió desarrollar pequeños dispositivos implantables que estimulan el nervio vago bajo demanda. De hecho, ensayos clínicos en artritis reumatoide y en enfermedad inflamatoria intestinal han demostrado una reducción de los marcadores inflamatorios en estas patologías, pero también de sus síntomas», asegura el doctor Kevin J. Tracey.
SU RELACIÓN Y MANEJO EN LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS
En las enfermedades inflamatorias crónicas, como la artritis reumatoide, se ha visto que existe una actividad deteriorada del nervio vago. Tracey explica que estos pacientes a menudo presentan una variabilidad reducida de la frecuencia cardíaca, «un signo de baja actividad del nervio vago».
Además, sostiene que en estudios clínicos se ha constatado que la estimulación del nervio vago ha reducido la inflamación y ha mejorado síntomas en algunos pacientes con artritis reumatoide y con enfermedad de Crohn resistentes a fármacos.
Asimismo, destaca el caso de la depresión, igualmente relacionada con la inflamación, donde se ha comprobado que la estimulación del nervio vago funciona. Este procedimiento representa una terapia aprobada por la FDA en Estados Unidos desde hace años para las depresiones farmacorresistentes y de larga duración, aunque no se conocen al 100 % todos sus mecanismos de acción.
En el caso de Alzheimer y Parkinson, Tracey sostiene que la investigación es más incipiente, y hay evidencia emergente de que los procesos inflamatorios pueden viajar desde el intestino al cerebro a través del nervio vago.
Con todo ello, y sobre la posibilidad futura de tratar enfermedades inflamatorias o autoinmunes a través de la estimulación del nervio vago, Tracey cree que esta práctica no sustituirá a todos los medicamentos, pero las terapias bioelectrónicas sí serán una opción estándar en muchas patologías inflamatorias y autoinmunes.
«A diferencia de los inmunosupresores, la estimulación del nervio vago amplifica reflejos naturales del cuerpo que reducen los excesos de inflamación sin apagar el sistema inmunitario. Creo que es muy probable que en los próximos años se utilicen chips de computadora, no medicamentos, para tratar algunas formas de inflamación. En algunos casos ya ha sustituido a los fármacos. No es ciencia ficción: ya está ocurriendo en muchos pacientes», asegura este experto y reputado estudioso del nervio vago.
CÓMO ESTIMULAR EL NERVIO VAGO
El nervio vago también tiene un papel importante en nuestro estado emocional, así como en el manejo del estrés y la ansiedad. Tracey señala que «el estrés y la ansiedad crónicos se asocian con una actividad simpática hiperactiva de ‘lucha o huida’, un tono vagal reducido, y una inflamación leve y persistente».
Recuerda que tenemos 200.000 fibras nerviosas vagas, y cada una desempeña un papel crucial en el mantenimiento de nuestra salud. «No podemos entrenar cada fibra de forma individual como entrenar un solo músculo, pero sí podemos influir en el tono del nervio vago mediante hábitos que alteran el equilibrio del sistema nervioso autónomo, a través de:
- Respiración diafragmática lenta: exhalar más lentamente que inhalar, aproximadamente de 6 a 10 respiraciones por minuto, activa reflejos que fortalecen la influencia vagal en el corazón y aumentan la variabilidad de la frecuencia cardíaca.</li
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