
El estreñimiento infantil es un problema más común de lo que se piensa, afectando hasta a uno de cada siete niños. Esto se convierte en un motivo habitual de consulta pediátrica, especialmente durante etapas críticas como el inicio de la alimentación sólida o el aprendizaje del control de esfínteres. A pesar de su frecuencia, este trastorno sigue rodeado de mitos y creencias erróneas.
Un mensaje fundamental de los expertos es que no solo es suficiente aumentar la fibra o la hidratación; cuando el estreñimiento se croniciza, la solución debe ir más allá de la dieta. Debe incluir tratamiento farmacológico, educación familiar y cambios en los hábitos intestinales. Además, la evidencia actual desmantela algunas creencias arraigadas, como la efectividad de los probióticos y el exceso de fibra, y se enfoca en un enfoque escalonado. Esto implica que laxantes como el ‘polietilenglicol’, junto con intervenciones conductuales, constituyen la base del tratamiento en muchos casos.
Las señales de que algo no va bien
El estreñimiento funcional en pediatría se diagnostica principalmente mediante la historia clínica y los criterios de Roma IV. Este tipo de estreñimiento suele aparecer en momentos clave como el control de esfínteres o el inicio escolar. El tratamiento se basa en educación, hábitos intestinales y, si es necesario, en laxantes osmóticos como el ‘polietilenglicol’, que es la primera opción recomendada.
Anna Gatell Carbó, portavoz de la Asociación Española de Pediatría y especialista del Centro de Atención Primaria Sant Joan de Vilanova i la Geltrú, explica que para los niños mayores de 4 años se requieren al menos dos de los siguientes criterios durante un mes:
- Dos o menos deposiciones por semana en el inodoro.
- Historia de deposiciones dolorosas o duras.
- Historia de retención fecal (posturas retentivas o retención voluntaria excesiva).
- Historia de heces de gran diámetro que pueden obstruir el inodoro.
- Presencia de masa fecal en el recto.
- Uno o más episodios de incontinencia fecal por semana.
Para lactantes y niños pequeños (menores de 4 años), los criterios se modifican excluyendo referencias a la incontinencia y a heces de gran diámetro hasta que el niño controle esfínteres. En el diagnóstico, son importantes la consistencia de las heces, el dolor al defecar, la retención voluntaria y los signos de alarma, como debut muy precoz, retraso del crecimiento, vómitos, distensión importante, o mala respuesta al tratamiento.
¿Qué es lo que debe hacerse?
Ante un diagnóstico de estreñimiento, el tratamiento debe centrarse en la educación, los hábitos intestinales y, si es necesario, en el uso de laxantes. Aunque las medidas dietéticas son útiles, no suelen ser suficientes por sí solas si ya existe estreñimiento funcional mantenido. Por ello, lo más sensato es asegurar una dieta acorde a la edad, con fibra suficiente a través de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, evitando que la dieta esté dominada por lácteos y alimentos pobres en residuo.
La pediatra subraya que la práctica recomendada no es ofrecer una cantidad excesiva de fibra de forma indiscriminada, sino ajustar la ingesta a la edad y el patrón de alimentación del niño, ya que la evidencia para suplementos de fibra es limitada y heterogénea. La hidratación adecuada también es crucial. Aumentar el consumo de líquidos solo tiene sentido si el niño ingiere poco. «No sustituye al laxante en caso de impactación o retención mantenida», advierte la portavoz de la AEP.
Las recomendaciones dietéticas basadas en evidencia son:
- Lactantes menores de 6 meses: Los zumos con sorbitol (ciruela, manzana, pera) pueden aumentar la frecuencia y el contenido de agua de las heces.
- Ingesta diaria de líquidos recomendada (sin necesidad de excederla):
- 1-3 años: 4 tazas/día
- 4-8 años: 5 tazas/día
- Mayores de 8 años: 7-8 tazas/día
- Fibra: Se obtiene adecuadamente con 5 porciones de frutas y verduras al día. Los alimentos multicomponentes y frutas (especialmente ciruelas) muestran evidencia emergente de eficacia.
- Dieta de exclusión de leche de vaca: Solo en subpoblaciones con estreñimiento como posible manifestación de alergia a proteínas de leche de vaca.
- Probioticos: No han demostrado beneficio en el tratamiento del estreñimiento.
Asimismo, Gatell destaca que el tratamiento farmacológico debe iniciarse cuando se presentan criterios clínicos de estreñimiento funcional con repercusión o si las medidas higiénico-dietéticas no son suficientes. «La educación de la familia y del niño, la desmitificación del problema y el entrenamiento intestinal, como sentarse en el inodoro después de las comidas, son intervenciones muy útiles y forman parte del tratamiento estándar», concluye.
El registro de deposiciones, el refuerzo positivo y corregir el miedo al dolor son medidas que ayudan a romper el ciclo vicioso de retención-dureza-dolor-retención. Además, la terapia conductual puede ser útil cuando existen problemas de conducta o barreras en la adherencia al tratamiento, pero no debe reemplazar al tratamiento médico. «La biorretroalimentación ha mostrado utilidad en algunos niños con trastornos de la defecación, pero no se recomienda de forma rutinaria para todo estreñimiento funcional en primaria», finaliza Gatell.
