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Un ensayo clínico internacional ha revelado que los betabloqueantes, fármacos ampliamente utilizados para tratar diversas patologías cardiacas, no ofrecen ningún beneficios a los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio no complicado, es decir, aquellos con una función contráctil del corazón intacta. Este hallazgo representa un cambio significativo en la manera de tratar a estos pacientes, modificando una práctica médica que ha estado vigente durante más de 40 años.
El estudio fue coordinado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y realizado en colaboración con el Instituto Mario Negri de Milán (Italia). Los resultados se publicaron simultáneamente en dos trabajos en las revistas ‘The New England Journal of Medicine’ y ‘The Lancet’, y se presentaron en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) que se llevó a cabo en Madrid el 30 de agosto de 2025.
El ensayo, conocido como ‘REBOOT’ (Treatment with Beta-Blockers after Myocardial Infarction without Reduced Ejection Fraction), incluyó a 8.505 pacientes de 109 hospitales en España e Italia, quienes fueron asignados aleatoriamente a recibir o no betabloqueantes tras el alta hospitalaria. Todos los participantes recibieron el tratamiento estándar actual y fueron seguidos durante un período medio de casi cuatro años.
Los resultados del estudio no mostraron diferencias significativas en las tasas de mortalidad, reinfarto o ingreso por insuficiencia cardíaca entre los dos grupos de pacientes. Los betabloqueantes, aunque generalmente considerados seguros, pueden causar efectos secundarios como fatiga, bradicardia o disfunción sexual.
El impacto del estudio en el tratamiento de infartos
«REBOOT va a cambiar el tratamiento en estos casos en todo el mundo, ya que hasta ahora más del 80 % de los pacientes con este tipo de infarto no complicado son dados de alta con tratamiento con betabloqueantes», afirmó Borja Ibáñez, investigador principal del estudio y director científico del CNIC.
Los resultados de ‘REBOOT’ son considerados uno de los avances más importantes en la estrategia terapéutica del infarto agudo de miocardio en las últimas décadas. Después de un infarto, la función contráctil del corazón puede deteriorarse significativamente (fracción de eyección del ventrículo izquierdo inferior al 40 %), reducirse moderadamente (entre el 40 % y el 50 %) o mantenerse conservada (por encima del 50 %). Actualmente, la mayoría de los pacientes (alrededor del 70 %) sobreviven al infarto con la función cardíaca conservada; aproximadamente el 20 % presenta una función moderadamente reducida y un 10 %, una disfunción claramente marcada.
El estudio ‘REBOOT’ se centró en los dos primeros grupos, ya que no existían evidencias claras sobre los beneficios de los betabloqueantes en estos pacientes. Aunque no se encontraron beneficios significativos en la población general del estudio, se observó un posible efecto positivo en el subgrupo con función contráctil moderadamente reducida. Sin embargo, este subgrupo constituía una proporción relativamente pequeña de la población del estudio, lo que impidió extraer conclusiones firmes.
El futuro de las guías clínicas
Para abordar esta cuestión, los investigadores realizaron un metaanálisis conjunto con otros ensayos clínicos más pequeños que también incluían pacientes con características similares. Estos resultados confirmaron que los betabloqueantes reducen significativamente el riesgo de muerte, infarto recurrente o insuficiencia cardíaca sólo en pacientes postinfarto con función contráctil cardíaca moderadamente reducida.
«Estos dos trabajos demuestran que los pacientes post-infarto con función contráctil normal (fracción de eyección por encima del 50 %) no se benefician del tratamiento con betabloqueantes, mientras que aquellos con alteración moderada o mayor (fracción de eyección por debajo del 50 %) sí obtienen beneficio», indicó Ibáñez.
Cada año, más de 2 millones de personas sufren un infarto en Europa, alrededor de 70.000 en España. Hasta ahora, más del 80 % de los pacientes eran dados de alta con un tratamiento basado en betabloqueantes, una práctica que este ensayo pone en entredicho.
Finalmente, el Dr. Valentín Fuster, director general del CNIC y presidente del Mount Sinai Fuster Heart Hospital, comentó que «este ensayo cambiará todas las guías clínicas internacionales y se une a otros grandes ensayos que han transformado el abordaje de las enfermedades cardiovasculares en todo el mundo».
