Imágenes de la frontera entre España y Gibraltar. A 19 de junio de 2026 – Francisco J. Olmo
Pedro Sánchez participará este lunes en un «acto de demolición» en La Línea, un día antes de la firma del acuerdo en Bruselas. Se suprimirán solo los 150 metros del paso peatonal y se trasladará el control de pasaportes al aeropuerto del Peñón.
MADRID, 11 de julio – La Verja que separa Gibraltar de España ha sido durante más de un siglo el símbolo de la separación entre la colonia británica y el circundante Campo de Gibraltar. Este elemento de división servía incluso como cierre literal en época franquista, pero desde el 15 de julio se convertirá en historia gracias al acuerdo sellado entre Reino Unido y la Unión Europea para facilitar la relación del Peñón con el bloque tras el ‘Brexit’.
Precisamente, para escenificar su final, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazará este lunes junto con el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, a La Línea, donde está previsto un «acto de demolición» de la Verja, según palabras de Moncloa, que no ha querido desvelar más detalles del mismo ni de si habrá presencia británica o gibraltareña.
El acto tendrá lugar un día antes de que en Bruselas se lleve a cabo la firma del acuerdo alcanzado el pasado mes de diciembre, que podrá entrar en vigor de forma provisional desde la medianoche del 15 de julio. La firma correrá a cargo del comisario Maros Sefcovic, quien ha liderado la negociación en nombre de la UE, y del secretario de Estado para Europa británico, Stephen Doughty, aunque también estarán presentes tanto Albares como el ministro principal gibraltareño, Fabian Picardo.
Un símbolo de separación desde 1909
Construida en 1909 por decisión del Gobierno británico en el istmo que une el Peñón con el resto de la península, la Verja había sido considerada zona neutral desde el Tratado de Utrecht, por el que España cedió Gibraltar a Reino Unido en 1713. La Verja alcanzó su máxima notoriedad en 1969, cuando el 8 de junio de ese año, Franco ordenó el cierre del paso que permitía cruzar a diario tanto a españoles que trabajaban en Gibraltar como a gibraltareños que viajaban a España por diversos motivos, suspendiendo además las comunicaciones telefónicas y marítimas.
Pese a que el dictador falleció en noviembre de 1975, la decisión de cierre no fue revocada, en parte, hasta la llegada de Felipe González a la Moncloa en 1982. En su primer Consejo de Ministros, el 15 de diciembre de ese año, se autorizó de nuevo el paso de peatones, mientras que para el retorno del paso de vehículos hubo que esperar hasta febrero de 1985.
Impacto en las familias y la vida cotidiana
Aquel periodo sigue presente en la mente de los gibraltareños, así como de sus vecinos en La Línea, ya que muchos quedaron separados durante años. Para poder verse, tenían que viajar en ferry a Tánger, Marruecos, y de allí tomar otro a Algeciras, dada la imposibilidad de recorrer los pocos metros que separan el Peñón de La Línea.
Loren Periáñez, presidente de la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa de La Línea y portavoz del Grupo Transfronterizo que agrupa a empresarios y sindicatos de ambos lados, recuerda cómo iba junto a su madre a la Verja para ver a su tía y primos que estaban del lado gibraltareño. «Como si fuera el Muro de Berlín», explicaba en un reciente encuentro con periodistas.
En un caso particular, Alfred Bassadone, miembro de la Cámara de Comercio de Gibraltar e integrante del Grupo Transfronterizo, menciona cómo uno de sus familiares «se echó al agua y nadó hasta España para ver a su padre porque se moría» y fue disparado por la Guardia Civil. «Todavía hay heridas abiertas por esto», reconoce.
Nuevos desafíos y el futuro de la frontera
Aunque nunca se repitió un cierre total, el ambiente de tensión regresó en 2014, cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Margallo, dio instrucciones para reforzar los controles en la frontera. Esto provocó largas colas y que los unos 15.000 trabajadores transfronterizos llegaran tarde a sus trabajos o incluso se quedaran sin poder pasar, desincentivando a quienes cruzaban por motivos de compras o turismo.
El temor que aún persiste entre los habitantes del Campo de Gibraltar, que cruzan a diario hacia el Peñón para trabajar, y entre los gibraltareños de que la Verja pueda cerrarse o se implementen medidas que limiten el paso fronterizo quedará anulado con el nuevo Tratado.
A partir del 15 de julio, quienes crucen de España hacia Gibraltar o viceversa no deberán mostrar sus pasaportes a los agentes de la Policía Nacional y, posteriormente, a los agentes gibraltareños. Estos controles se trasladan ahora al aeropuerto, donde la Policía Nacional será la encargada de verificar que los pasajeros que llegan en avión a Gibraltar tienen acceso al espacio sin fronteras Schengen, después de un primer control por parte de las autoridades gibraltareñas.
Además, para evitar la necesidad de desplegar policías españoles en el puerto, otra puerta de entrada al Peñón, las autoridades gibraltareñas han suprimido los ferris que conectaban la colonia británica con Marruecos. Solo en caso de que llegue alguna embarcación privada, sus pasajeros serán desembarcados y trasladados al aeropuerto para su control.
La supresión de la Verja ha suscitado cierto temor entre los gibraltareños, conocidos coloquialmente como ‘llanitos’, respecto a un posible aumento de la inseguridad. Picardo ha intentado disipar estos temores mediante el despliegue de efectivos adicionales, así como la instalación de cámaras de videovigilancia y reconocimiento facial.
Desde el Gobierno gibraltareño también han explicado que no es toda la valla que separa la colonia británica de España la que desaparecerá, sino que «el único tramo sin valla fronteriza será la zona de aproximadamente 150 metros por donde los peatones siempre han cruzado».
«El único punto por el que se podrá pasar será aquel por el que siempre se ha pasado, y ese tramo contará con una presencia masiva de policía, cámaras y vehículos para garantizar que no entre en Gibraltar nadie que no deba hacerlo», recalcó el ministro principal durante una visita reciente a la zona.
En este sentido, el Gobierno gibraltareño ha informado que se está procediendo a retirar la antigua valla de tela metálica y alambre de espino para instalar una nueva de alta seguridad, ubicada a unos metros de distancia, y también «antiescalada», similar a la que se utiliza en los perímetros de las instalaciones militares del Reino Unido.
